
Mar del Plata empezó a ocupar un lugar más visible en el negocio del langostino de aguas nacionales. Los desembarques registrados hasta el 16 de junio muestran un salto que ya no puede leerse como un movimiento aislado. Según datos publicados por MAGyP, el puerto bonaerense recibió 4.432 toneladas de langostino en lo que va de 2026.

La cifra supera los registros recientes para el mismo período del año. En 2023 habían ingresado 3.060 toneladas, en 2024 fueron 3.965 toneladas y en 2025 apenas 2.200 toneladas. La comparación con el año pasado da una suba superior al 100%, aunque ese contraste queda condicionado por el conflicto laboral que afectó a la flota tangonera hasta su primera zarpada del 1 de agosto.
Una lectura más consistente surge al medir el desempeño actual contra promedios anteriores. Frente al promedio 2023-2025, de 3.075 toneladas, Mar del Plata muestra un crecimiento cercano al 45%. Si se excluye 2025 por el impacto del paro y se compara contra el promedio 2023-2024, la mejora ronda el 27%.


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El dato pesa porque el langostino capturado en aguas nacionales tuvo históricamente mayor presencia en puertos patagónicos. Mar del Plata aparece ahora como un receptor más competitivo dentro de una pesquería que mira cada vez más los costos, los tiempos operativos y la capacidad industrial en tierra. Ese cambio modifica la discusión portuaria y también el reparto de actividad entre regiones.
La tensión se cruza con el reclamo de armadores fresqueros de altura de Mar del Plata ante el gobernador de Chubut, Ignacio Torres. El sector pidió la desregulación del servicio de estiba en los puertos provinciales, mientras el mandatario intermedió entre cámaras pesqueras y SUPA Chubut para cerrar una actualización de valores del 26% en el segmento que seguía sin acuerdo.
El planteo empresario apunta directamente al régimen vigente de descarga. En un comunicado del 16 de junio de 2026, los armadores sostuvieron que las tarifas aplicadas en los puertos chubutenses generan pérdida de competitividad, provocan desvíos de descargas hacia otras terminales y encarecen artificialmente la operatoria pesquera. El documento ubica al costo portuario como eje del reclamo, aunque no detalla valores por especie.
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La estadística permite observar que el fenómeno no se explica por una sola causa. En el mismo corte temporal, Puerto Madryn pasó de un promedio 2023-2025 de 7.036 toneladas a 15.417 toneladas en 2026. Rawson, en cambio, registró 46.029 toneladas, por debajo de su promedio de 49.723 toneladas para el mismo período. A nivel nacional, los desembarques de langostino llegaron a 72.507 toneladas, frente a un promedio previo de 65.931.
El nuevo mapa muestra que la cercanía entre puerto y caladero ya no alcanza para retener descargas. También pesan el costo por cajón o tonelada, la velocidad de descarga, el alistamiento, la logística comercial, el transporte posterior, la capacidad de procesamiento y las reglas operativas que ordenan la pesquería. En algunos casos, navegar más millas hasta Caleta Paula o Mar del Plata puede resultar más conveniente que descargar en Chubut.
Los armadores marplatenses sostienen que buques que operan cerca de Chubut y mantienen vínculos con plantas de esa provincia terminan eligiendo otros puertos. Esa decisión implica más combustible, más tiempo de navegación y luego flete terrestre para trasladar materia prima. Aun así, el costo local de estiba aparece como un factor capaz de inclinar la balanza.
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El pedido de desregulación busca cambiar la forma en que se presta el servicio. Los empresarios solicitan que las compañías habilitadas puedan contratar personal por fuera del esquema sindical actual o que las propias armadoras descarguen con personal propio o con trabajadores de las plantas compradoras. El reclamo también llegó a la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia.
El crecimiento de Mar del Plata como receptor de langostino también se relaciona con cambios operativos que ampliaron el margen de acción de la flota. Las modificaciones sobre distancias, velocidad y tiempos entre la primera marea efectiva y la llegada a rada permitieron que buques con base o logística comercial en Mar del Plata descarguen capturas de aguas nacionales. Esas flexibilizaciones, reclamadas durante años por el propio segmento fresquero tangonero, hoy aparecen en el centro del nuevo escenario.
Para Mar del Plata, el mayor ingreso de langostino abre una posibilidad productiva concreta. La ciudad cuenta con estructura industrial para procesar más volumen, sumar trabajo en muelles, cámaras, clasificación, reproceso, empaque, frío, logística y comercialización. Si el flujo se sostiene, una especie de alto valor puede reforzar una cadena históricamente apoyada en merluza, variado costero y calamar cuando aparece sobre el stock norte o bonaerense.
La discusión de fondo excede el lugar donde se descarga. Lo que está en juego es cuánto trabajo argentino incorpora la materia prima antes de llegar al mercado externo. Si el langostino que entra por Mar del Plata sostiene procesos industriales en tierra, la pesquería no solo exporta recurso capturado: también suma empleo, servicios, eficiencia y capacidad manufacturera.





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