
El indicador financiero, que llegó a su máximo histórico en 2002 con 7.222 puntos, mostró fluctuaciones significativas en los últimos años y encarece el acceso al crédito.



El riesgo país argentino se ubicó en 655 puntos básicos a comienzos de octubre de 2026, luego de haber superado los 2.000 puntos al inicio de la gestión del presidente Javier Milei. Este valor se da tras una prolongada tendencia descendente que llevó al indicador a rozar los 400 puntos durante el corriente año.
Este repunte se produce en un contexto donde el indicador había superado los 2.500 puntos en 2022, reflejando la percepción del mercado sobre la deuda argentina. La distancia con el récord histórico se mantiene considerable, ya que en agosto de 2002 el riesgo país alcanzó los 7.222 puntos básicos.


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Ese máximo histórico del 7 de agosto de 2002 se registró tras el default declarado a fines de 2001, el final de la convertibilidad, la devaluación y la pesificación de los depósitos bancarios. En aquel entonces, el país tenía el acceso al crédito internacional prácticamente cerrado en un escenario de enorme inestabilidad política, con la renuncia de Fernando de la Rúa y la posterior llegada de Eduardo Duhalde a la presidencia.
En ese marco, el indicador ya había superado los 7.000 puntos en julio de 2002, alcanzando 7.056 puntos el día 25 de ese mes. Durante agosto, los valores fluctuaron entre 7.048 y 7.136 puntos en los primeros días, hasta llegar al récord de 7.222.
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Por otra parte, la historia del riesgo país incluye otros picos significativos, como el del 25 de diciembre de 2001, cuando alcanzó los 5.495 puntos pocos días después de la renuncia de De la Rúa y el anuncio de default. Además, en junio de 2005, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, llegó a 6.769 puntos debido a la deuda en default y la falta de normalización financiera.
La crisis internacional de 2008 lo llevó a 1.965 puntos en noviembre, mientras que en 2019 creció a cerca de 2.500 puntos después de las PASO. Un nuevo pico se registró en marzo de 2020, con 4.519 puntos, en medio de la pandemia y una nueva renegociación de la deuda, aunque sin convertibilidad ni corralito bancario.
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Un valor de 600 o 700 puntos, como el actual, puede encarecer el acceso al crédito y señalar una percepción de riesgo elevada para los inversores. Sin embargo, este rango está muy lejos del mínimo histórico de 184 puntos alcanzado en enero de 2007, que marcó la recuperación económica y la reestructuración de la deuda argentina.
















