
Dormir también se volvió parte del viaje: crece el turismo del sueño en vacaciones
Turismo12/01/2026
REDACCIÓN
Las vacaciones suelen aparecer como el momento ideal para descansar, pero para muchas personas la cuenta no cierra: hay más tiempo libre y menos obligaciones, aunque también se acumulan cenas tarde, pantallas hasta la madrugada y alcohol con mayor frecuencia. En ese combo, lo que debería ser reposo se transforma en un descanso fragmentado, con mañanas largas y noches desordenadas que alteran el ritmo biológico.
El impacto del mal dormir no se limita al cansancio. Estudios citados por especialistas indican que la falta de sueño puede generar un deterioro cognitivo comparable al consumo de alcohol, y las sociedades académicas ubican al buen descanso como un pilar de la longevidad, por su relación con el estado de ánimo, la inmunidad y el funcionamiento del cerebro. Durante el sueño nocturno, el organismo atraviesa procesos internos vinculados con la eliminación de toxinas, la consolidación de recuerdos y el manejo de desechos metabólicos.
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En ese marco, el médico especialista en medicina del sueño Pablo Ferrero puso sobre la mesa una idea extendida en cada verano y la cuestionó con contundencia: “Las personas creen que al dormir más horas durante las vacaciones pueden ‘recuperar’ el sueño perdido en el año, pero esto llevado a los datos es casi imposible de alcanzar”. Su mirada incorpora otra advertencia: “Dormirán más horas y cubrirán necesidades que deberían haber satisfecho durante el año. Sin embargo, lo cierto es que el cuerpo ya se ha adaptado a esos hábitos nocivos y la calidad de vida probablemente esté afectada”.
Desde la Unidad de Medicina del Sueño de Cemic, el médico Arturo Garay diferenció situaciones. Según explicó, la evidencia admite una recomposición parcial cuando el déficit previo fue moderado, pero marca un límite cuando la falta de descanso se prolonga en el tiempo: “En cambio, si la privación fue crónica, no será posible una restauración completa”. Esa distinción ayuda a entender por qué, aun durmiendo más, muchas personas se levantan con sensación de agotamiento.
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Ferrero y Garay coinciden en que el verano trae errores frecuentes que degradan la calidad del sueño: horarios corridos, siestas demasiado largas, cenas pesadas a deshora y un uso intensivo de pantallas cuando el cuerpo necesita bajar revoluciones. Garay describió el mecanismo por el cual ese desorden impacta en el reloj interno y habló de “retrasos de fase transitorios en el sueño”, un desajuste entre el ritmo biológico y el entorno que se traduce en dificultad para conciliar el sueño o despertares nocturnos.
Para quienes no se desconectan del trabajo ni siquiera en la playa, el escenario se complica todavía más. La neuróloga Sol Segura Matos, especialista del Fleni, señaló que “estar mentalmente conectado al trabajo en vacaciones mantiene activado el sistema de estrés, aunque el cuerpo esté quieto. Esto dificulta conciliar el sueño y lograr un descanso profundo”. Garay, en esa misma línea, advirtió que la hiperconexión termina generando fatiga y obliga a una adaptación conductual más costosa cuando se retoma la rutina.
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El problema no aparece solo en el verano. Un informe de 2025 de Voices Research & Consultancy indicó que casi un 40% de los argentinos no logra un sueño reparador. En paralelo, un estudio de 2023 del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la UBA relevó que, sobre 3141 encuestados, el 45% reportó algún tipo de problema para dormir, con efectos vinculados a irritabilidad, concentración, memoria, aprendizaje y respuesta inmune. El director del Instituto de Neurología Buenos Aires, Alejandro Andersson, sintetizó el riesgo a largo plazo: “Una mala higiene del sueño se asocia con diversos problemas de salud a largo plazo. Los más frecuentes son trastornos metabólicos o mentales y enfermedades cardiovasculares”.
También hay un impacto económico. Una investigación de la Universidad de San Andrés publicada en The European Journal of Health Economics señaló que la Argentina podría incrementar el PBI hasta en 1,27% si la población durmiera entre 7 y 9 horas por noche, en lugar de promediar entre 6 y 7. El trabajo asoció dormir poco con mayor riesgo de enfermedades, accidentes laborales y un ausentismo más elevado.
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En vacaciones, algunas “licencias” se vuelven rutina, como el scrolleo nocturno o las maratones de series en la cama. Segura Matos explicó qué produce esa secuencia en el cerebro y en el sistema hormonal: “Cada nuevo contenido —una noticia, un video, un mensaje, un episodio— genera micro secreciones de dopamina que mantienen al cerebro en estado de vigilancia, justo cuando debería prepararse para dormir”. En su análisis, la imprevisibilidad de lo que aparece en pantalla mantiene a la mente expectante, incluso cuando el cuerpo busca apagarse.
La especialista completó esa idea con otra consecuencia: “Este estado dificulta el pasaje al sueño, retrasa la hora de dormir y fragmenta el descanso, aunque la persona se quede dormida con el celular en la mano”. Su recomendación apunta a recuperar una asociación básica: que la cama vuelva a ser señal de descanso y no de estimulación, con un cierre del día que ayude a bajar el ritmo sin que el teléfono se meta en ese ritual.
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La siesta, otro tema de discusión habitual, también aparece en las recomendaciones. Garay señaló que el intervalo ideal no debería superar los 30 minutos, porque ese lapso mejora el estado de alerta sin generar un efecto rebote. En cambio, cuando el descanso de tarde se estira a varias horas, aumentan riesgos, con especial atención a patologías cardiovasculares, según indicó el especialista. El horario más conveniente, detalló, suele quedar después del almuerzo, entre las 13 y las 17.
En el plano de las tendencias, las vacaciones abrieron lugar a prácticas que buscan frenar la hiperactividad cotidiana. Hurkle-Durkling, una expresión escocesa, nombra la idea de quedarse en la cama durante la mañana para alcanzar un nivel de descanso que el año no permite. En esa lógica, Mia Solanet, de 31 años, explicó su experiencia personal: “No la practico al pie de la letra como los escoceses, sino que la empleo a modo de poder conectarme más con el presente y alejar esas responsabilidades que durante el año me impiden descansar”.
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Solanet relató cómo ese cambio de ritmo le permitió registrar detalles y sensaciones que suelen pasar de largo: “Llegué a la costa con mi familia y me entregué a la tranquilidad de la mañana. Empecé a fijarme en cosas a las que normalmente no prestaba atención, como el aroma de los jazmines que hay en el jardín de la casa que alquilamos o en la compañía de mis hermanos en una tarde de burako”. Y cerró con una síntesis íntima de ese descanso: “Me sentí agradecida de poder tener esos momentos y noté que, a diferencia de otras vacaciones, esta vez sí me estoy relajando”.
En paralelo, el interés por dormir mejor empujó un segmento del turismo que ya se vende como experiencia: el turismo del sueño. Según el Informe de Mercado 2024 de HFTP (Profesionales Financieros y Tecnológicos de la Hostelería), esta industria mueve 690.000 millones de dólares y podría crecer 400.000 millones más para 2028. La propuesta cambia el orden habitual del viaje: la prioridad deja de ser recorrer sin pausa y pasa a ser el descanso, con programas guiados, evaluaciones y rutinas pensadas para restablecer el ciclo sueño–vigilia.
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Algunos resorts incorporaron camas inteligentes con sensores, control de temperatura y métricas accesibles desde un teléfono, mientras otros suman kits con aerosoles de aceites esenciales o suplementos. En SHA México, un espacio orientado a optimización de salud y desempeño humano, la médica Mariana Riveros explicó el enfoque inicial: “El proceso que les ofrecemos a los huéspedes comienza con una consulta integral, donde se evalúan los hábitos de sueño y los factores biológicos claves como los niveles de cortisol, la alineación del ritmo circadiano y la presencia de condiciones subyacentes como apnea del sueño, estrés crónico, ansiedad o procesos inflamatorios”.
Segura Matos vinculó esta expansión con una tendencia social más amplia y la resumió en una frase que se repite cada vez más: “Hoy, dormir se volvió un lujo”. Aun así, advirtió que el efecto del viaje depende de lo que ocurra después, cuando la persona vuelve a su casa: “El verdadero valor del turismo de sueño aparece cuando funciona como un ‘reinicio’ de hábitos”. En esa idea, el descanso deja de ser un premio eventual y empieza a tratarse como un aprendizaje.
Fuente: LA NACION.








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