
Diciembre empujó la canasta y elevó el umbral de pobreza para un hogar a $1,3 millones
Actualidad14/01/2026
Sergio Bustos
Diciembre cerró con una presión marcada sobre el costo de vida y volvió a poner a las canastas básicas en el centro de la escena. El mes combinó consumos típicos de fin de año con subas en rubros sensibles, sobre todo alimentos, que impactan de manera directa en los hogares. Ese movimiento se trasladó a los cálculos que definen la línea de pobreza y la de indigencia.


En ese contexto, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.308.713 en diciembre para no caer en la pobreza. La cifra funciona como referencia para medir el ingreso mínimo necesario para cubrir bienes y servicios esenciales dentro de la Canasta Básica Total. En la práctica, marca un piso cada vez más alto para los hogares con ingresos fijos.
Al mismo tiempo, el umbral de indigencia también subió y dejó un número que muestra la tensión sobre la alimentación básica. Para no caer en la indigencia, ese mismo hogar requirió $589.510 durante el mes. La diferencia entre ambos valores deja en claro el peso que suman otros gastos, más allá de la comida, en la vida cotidiana.
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Los datos por persona permiten dimensionar el fenómeno con mayor detalle. La Canasta Básica Alimentaria se ubicó en $190.780 por persona en diciembre, lo que refleja cuánto cuesta cubrir un consumo mínimo de alimentos. En paralelo, la Canasta Básica Total llegó a $423.532 por persona, al incorporar bienes y servicios que van desde indumentaria hasta transporte y tarifas.
La dinámica de precios del mes ayuda a entender por qué las canastas terminaron en esos niveles. Según la medición del IPC, alimentos y bebidas subió en torno al 3,1%, por encima del promedio. Ese incremento tuvo una explicación clara: la carne empujó la variación y dejó a la división como la de mayor incidencia.
Diciembre suele amplificar el impacto de los alimentos porque se concentra más gasto en poco tiempo, aunque no todo se explica por la estacionalidad. Cuando un rubro como la carne se mueve, arrastra al resto de la góndola y se filtra en el consumo habitual, incluso en hogares que recortan compras. Esa transmisión termina reflejada en la CBA, que es el primer escalón de la medición social.
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El movimiento de precios no se quedó solo en la comida. Transporte registró un aumento del 4%, un rubro que pesa en el presupuesto mensual de trabajadores, estudiantes y familias que dependen de traslados diarios. Ese ajuste también impacta en el costo de sostener una rutina, aunque el consumo de alimentos no cambie.
Otro capítulo con incidencia se vio en los gastos del hogar. Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subió 3,4%, una variación que golpea en tarifas y servicios necesarios. En meses de calor o de mayor uso energético, ese tipo de ajustes se vuelve más visible porque compite con otros gastos indispensables.
También Comunicación aumentó 3,3%, con efecto en telefonía, internet y servicios asociados. Para muchos hogares, esos pagos ya forman parte del paquete básico, tanto por trabajo como por estudio o trámites cotidianos. En conjunto, estas variaciones presionan sobre la CBT y agrandan la distancia entre cubrir comida y cubrir el resto de la vida diaria.
Con estos números, el cierre de 2025 dejó una foto clara del nivel de ingresos que necesita un hogar para sostenerse fuera de los indicadores sociales más duros. La evolución mensual de las canastas muestra cómo las subas se trasladan de rubros puntuales a la medición general. Y confirma que, cuando se mueven alimentos y servicios, el impacto no tarda en llegar al cálculo de pobreza e indigencia.






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