Vanesa Vieyra, la logística detrás de 11 poteros que exportan calamar directo a China

Actualidad31/01/2026Sergio BustosSergio Bustos
Vanesa-Vieyra
Vanesa Vieyra.

En plena zafra de calamar, el ritmo del mar se sostiene con otra carrera paralela en tierra: la logística. En ese engranaje, Vanesa Vieyra ocupa un rol central dentro de Pesquera Latina S.A., donde está a cargo de la operatoria integral de una flota potera que trabaja con alta intensidad y exporta producción directamente a China, sin pasar por plantas procesadoras en tierra para el producto principal.

Vieyra es contadora de formación, pero su tarea cotidiana excede ampliamente lo administrativo. Bajo su responsabilidad están las descargas, la estiba, la coordinación de camiones, las exportaciones, la relación con Aduana y Senasa, los partes de pesca, las actas de descarga y el cumplimiento de compromisos de reproceso. En un escenario donde cada buque que llega al muelle dispara una cadena de decisiones, su trabajo se mide en tiempo real.

El inicio de campaña dejó un dato que muestra la magnitud de esa coordinación. Según la información difundida, la flota completó su primera marea con bodegas llenas y se descargaron alrededor de 7.700 toneladas en total. Ese volumen implica sostener turnos, disponibilidad de contenedores, personal, frío y documentación, sin margen para demoras cuando la temporada entra en su tramo más exigente.


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La flota bajo su gestión está integrada por 11 barcos, con operación de poteros en Pesquera Latina y también en Pesquera Río Quequén. Cada embarcación navega con una dotación de 30 tripulantes, y dentro de esa tripulación se indicó que de manera permanente tres integrantes son de nacionalidad china, integrados a los equipos de trabajo a bordo. Ese esquema se completa en tierra con una logística que se activa cada vez que los buques entran a puerto.

La estrategia de campaña también se planificó con anticipación. Los poteros zarparon el 28 de diciembre desde Mar del Plata para posicionarse en zona antes de la apertura formal, que se dio el 2 de enero. Con esa decisión, los barcos ya estaban operativos cuando se habilitó la temporada, y eso aceleró capturas y tiempos de retorno a puerto.

Las primeras capturas se registraron entre el 7 y el 8 de enero, y desde el 19 de enero comenzaron los ingresos a puerto. En ese tramo inicial, las descargas se concentraron en Puerto Madryn y Puerto Deseado, principalmente por una cuestión de cercanía al caladero y tiempos de navegación de entre 10 y 12 horas. Esa elección reduce horas de traslado, pero no elimina el problema principal: conseguir contenedores y sostener el flujo de salida.


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En Puerto Deseado, cuatro barcos descargaron utilizando alrededor de 100 contenedores locales. El resto de la flota operó en Puerto Madryn, donde se organizaron tránsitos vía Buenos Aires para acceder a contenedores disponibles. En total, se movilizaron unos 160 camiones hacia el puerto porteño para abastecer la operatoria, un número que grafica la presión logística de la temporada.

Vieyra puso en palabras el punto más difícil de esa etapa: la disponibilidad de contenedores cuando hay muchos poteros operando al mismo tiempo. “Es un trabajo que disfruto mucho. Todos los días aparecen situaciones nuevas y conseguir contenedores se volvió uno de los grandes desafíos, sobre todo en esta época del año, cuando hay tantos poteros operando. Trabajamos con casi todas las navieras que llegan al país”, explicó.

El esquema exportador de la flota se sostiene con una modalidad directa desde muelle. Toda la producción se consolida en contenedores y se despacha rumbo a China, sin pasar por plantas procesadoras en tierra para el producto entero. Esa decisión busca reducir costos y tiempos, pero exige que la coordinación sea constante, porque cualquier demora en el muelle se traduce en pérdidas operativas.


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Cada descarga demanda entre 16 y 18 horas por buque, con un promedio de 24 a 25 contenedores por barco. Es una secuencia que obliga a coordinar personal, equipos y papeles durante jornadas extensas, muchas veces con varios barcos entrando en fechas cercanas. En ese escenario, la logística deja de ser un área de apoyo y se convierte en el corazón de la campaña.

Además, una parte de la operatoria incluye compromisos de reproceso que obligan a destinar aproximadamente el 20% de la captura anual a procesamiento en tierra. Esa materia prima se transforma principalmente en vaina y tentáculo, y genera actividad en plantas de Mar del Plata como Catesur, Frío Polar, El Mejillón, Ardapez y Buena Proa. Es un circuito paralelo que también requiere control y documentación, auditado por la Secretaría de Pesca de la Nación.

Vieyra también habló de su recorrido en un ambiente históricamente masculino, sin buscar un discurso grandilocuente, pero dejando una definición clara. “Es un ambiente donde cuesta avanzar siendo mujer, pero gané mi lugar”, expresó. En otra parte de la entrevista, amplió su experiencia y el camino recorrido dentro de la empresa.


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En ese sentido, sostuvo: “Es un ambiente en el que cuesta avanzar siendo mujer, pero con los años fui ganando mi lugar. Cuando entré, la empresa no tenía departamento de comercio exterior y lo desarrollé desde cero. Hoy estoy mucho más abocada a la operativa que al trabajo administrativo de oficina”. Su frase describe una transformación: de construir un área desde el inicio a quedar absorbida por el ritmo operativo de una temporada con 11 buques en movimiento.

Con la zafra en marcha y los puertos patagónicos funcionando como base de descarga, la tarea de Vieyra muestra una dimensión menos visible de la pesca industrial. Entre contenedores, camiones, estiba y trámites, su rol se vuelve determinante para que el calamar argentino salga a tiempo y con documentación en regla. En un negocio donde el reloj corre, la logística termina siendo el factor que sostiene cada marea cuando el mar ya hizo su parte.

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