

Desde el 1 de febrero rigen nuevos diseños y medidas antifraude para el DNI electrónico y el pasaporte. No hay recambio obligatorio: los vigentes siguen hasta vencer.


Quien saque un DNI o un pasaporte desde este 1 de febrero va a notar cambios que no se explican con una simple actualización estética. El Gobierno formalizó nuevas disposiciones para el DNI electrónico y el pasaporte argentino, con la idea de reforzar seguridad y modernizar formatos. El foco queda puesto en el documento físico: materiales, grabados y recursos que buscan complicar la falsificación.
Las modificaciones salieron por Boletín Oficial mediante las Disposiciones 54/2026 y 55/2026, firmadas por Pablo Luis Santos. En el mismo movimiento, el texto oficial informó un recambio en la conducción del organismo: Santos deja el cargo y lo reemplaza Diego Sebastián Pérez Lorgueilleux. El anuncio combina normativa y gestión, pero el impacto real se va a ver en mostradores y trámites.
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En el caso del DNI, se mantiene el formato de tarjeta de policarbonato con chip sin contacto, un estándar que ya funciona en la práctica. Lo nuevo aparece en la superficie visible y en las medidas de seguridad de “Nivel 1”, con elementos gráficos y técnicas de impresión que buscan hacer más difícil el fraude. En otras palabras, cambia la forma en que el documento “se defiende” cuando alguien intenta copiarlo.
El diseño incorpora símbolos y recursos que se integran al retrato y al fondo, con un sesgo marcadamente identitario. Se suman una escarapela argentina enmarcando la foto y una composición con estrellas argentinas, Sol de Mayo, glaciares, cordillera y el mapa bicontinental. También aparece un holograma transparente renovado, junto a una impresión en iris y una ventana transparente que suma dificultad técnica para replicarlo.
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El paquete antifalsificación agrega, además, un componente táctil. El nuevo DNI incluye estampados táctiles pensados para complicar la copia y permitir verificaciones rápidas en el uso cotidiano. La estrategia no depende solo de una app o un lector: también apunta a controles visuales y físicos simples, desde el contacto con la tarjeta.
Otro cambio central apunta a cómo se personalizan los datos: el texto indica que se grabarán íntegramente a láser. En esa misma lógica, se suma una imagen fantasma dentro de la ventana transparente y una imagen láser cambiante (CLI) que combina la foto repetida y la letra del ejemplar. Son capas de verificación que buscan dejar huellas difíciles de reproducir con métodos caseros o semiindustriales.
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La normativa justifica el rediseño en la necesidad de adaptarse a estándares internacionales. En concreto, menciona los parámetros definidos por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que regula la identificación y los aspectos técnicos de documentos de viaje. La idea es que el DNI se alinee a esas exigencias, con lecturas y controles compatibles.
En paralelo, el pasaporte también cambia de cara y de estructura interna. La Disposición 54/2026 aprobó un nuevo diseño para el pasaporte argentino y el pasaporte excepcional para extranjeros, que reemplaza el modelo vigente desde 2021. El eje vuelve a ser el mismo: materiales y seguridad, no solo formato visual.
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El nuevo pasaporte incorpora una hoja de policarbonato personalizada con grabado láser para los datos identificatorios. Tendrá 34 páginas y medidas de seguridad distribuidas en tres niveles, según el texto oficial. Los objetivos planteados apuntan a reducir fraude documental, agilizar controles de identidad y modernizar el sistema en línea con estándares internacionales.
En medio del anuncio, quedó la pregunta práctica que importa para la mayoría: qué pasa con los documentos actuales. La respuesta oficial es directa: los DNI y pasaportes emitidos antes de la entrada en vigor siguen vigentes hasta su vencimiento. No se exige recambio anticipado y el organismo seguirá usando los insumos existentes hasta agotar stock, con pasaportes que mantendrán validez aunque se elaboren con esos materiales.
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La decisión se enmarca, además, en una preocupación más amplia que el texto menciona de forma explícita: el crecimiento de delitos vinculados al fraude documental y otros delitos digitales. En ese escenario, la estrategia elegida es reforzar la seguridad en el soporte físico y alinear el diseño a criterios de control internacional. El cambio ya rige, pero su efecto se va a medir en el uso diario, en fronteras y en verificaciones de identidad.
Fuente: NA.


















