Elon Musk prometió robots para todos y puso un límite inesperado a la inteligencia artificial

Actualidad01/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Elon Musk
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En el Foro de Davos, Elon Musk habló de robots humanoides, envejecimiento y energía. Sus frases sobre IA se viralizaron y abrieron otra discusión.

En el escenario de Davos, Elon Musk volvió a ejercer su papel favorito: decir en voz alta lo que muchos en la industria sugieren en privado, pero con menos estruendo. Su primera participación en el Foro, con entrevista mano a mano junto a Larry Fink, llenó la sala y dejó una colección de frases que se multiplicaron en redes y recortes. El intercambio, presentado como una conversación sobre el futuro, terminó funcionando como un muestrario de plazos, promesas y advertencias.

El punto de mayor impacto fue su predicción sobre la inteligencia artificial, que el propio Musk formuló en términos absolutos. En la conversación dijo que la IA pronto superará a la humanidad en conjunto, con una cuenta regresiva directa. En la versión oficial del Foro se recuperó su advertencia sobre el salto de capacidades y, en distintos registros del evento, quedó asociada a la idea de que la IA dejará de “asistir” para empezar a “dominar” el rendimiento cognitivo global.


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La frase que empujó el carácter viral de la entrevista se sostuvo sobre esa misma hipótesis. En la cobertura y transcripciones apareció el planteo de que “la inteligencia artificial pronto será más inteligente que todos los humanos juntos” y que esa curva se acelera a una velocidad que la sociedad todavía no termina de dimensionar. Musk la ubicó como un quiebre cercano, no como ciencia ficción. Ese tipo de predicción, sin embargo, convive con una realidad menos glamorosa que él mismo puso arriba de la mesa.

Ahí apareció el giro que incomodó incluso a quienes fueron a escucharlo hablar de “futuro”: la IA no se frena por falta de chips, sino por falta de electricidad para encenderlos. En un tramo de la charla, Musk advirtió: “We’re very soon going to be producing more chips than we can turn on” (muy pronto vamos a producir más chips de los que podemos encender). En esa idea, el cuello de botella no está en el laboratorio ni en el software, sino en cables, generación y redes capaces de sostener centros de datos y fábricas a escala.


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La discusión energética se apoyó también en una comparación: Musk sugirió que el crecimiento de la capacidad eléctrica marca diferencias fuertes entre países, y que ese ritmo puede definir quién acelera primero. El Foro recuperó ese punto como “necesidad de electrificación” para escalar la IA, con un diagnóstico simple y brutal: la demanda crece más rápido que la infraestructura. En la lógica de Davos, donde todo se mide en competitividad, esa advertencia sonó menos filosófica y más geopolítica. 

En paralelo, Musk volvió a poner una fecha sobre la mesa para un producto que Tesla viene mostrando como promesa recurrente: los humanoides. En la transcripción de la conversación aparece su definición: “by the end of next year I think we’d be selling humanoid robots to the public” (para fines del año que viene, creo que vamos a vender robots humanoides al público). Para sostener ese calendario, mencionó que el eje es la confiabilidad y la seguridad, y lo conectó con modelos como Tesla y su línea Optimus.


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En ese tramo, la promesa dejó de ser abstracta y pasó al terreno de consumo masivo: robots como bienes de mercado, no solo como prototipos industriales. Musk proyectó un mundo con abundancia material empujada por la robótica y lanzó otra imagen fuerte: “habrá más robots que personas”. Detrás de la frase, la apuesta central fue que la automatización resuelva “necesidades humanas” con volumen y repetición, como si el trabajo doméstico y el trabajo industrial entraran en la misma cadena.

El discurso también coqueteó con una lectura de época: si la economía se apoya en robots e IA, el crecimiento global podría entrar en el mejor momento de su historia, según su pronóstico. No lo presentó como una mejora pareja, sino como un salto de productividad empujado por tecnología. Esa idea suele entusiasmar en Davos, pero en boca de Musk se mezcló con un detalle que bajó el tono celebratorio: sin energía barata y disponible, el “mejor momento” se posterga.


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Fuera del eje IA-robots, Musk abrió una ventana curiosa sobre el envejecimiento humano, con una mezcla de especulación y certeza personal. Dijo que no dedicó demasiado tiempo al tema, pero lo definió como un problema “solucionable” y sostuvo que, cuando se entienda su causa, será algo “increíblemente obvio”. En esa parte, su argumento se apoyó en una observación repetida como ejemplo: “Nunca he visto a alguien con un brazo izquierdo viejo y un brazo izquierdo joven”, para sugerir la idea de un reloj biológico sincronizador.

En el final, el empresario llevó su razonamiento energético hacia soluciones que ya son parte del debate de infraestructura: energía solar y escala industrial. En la publicación del Foro, Musk lamentó trabas regulatorias y deslizó que el lugar de menor costo para instalar IA podría no estar en la Tierra, sino fuera de ella, con infraestructura orbital. También afirmó que zonas poco pobladas en España o Sicilia podrían generar gran parte de la electricidad que necesita Europa, un ejemplo pensado para pinchar la discusión sobre dónde se ubica la energía del futuro.

Fuente: LA NACION.

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