
Educación arranca 2026 lejos del 6% del PBI y con un sistema que no logra enseñar lo básico
Actualidad01/02/2026
REDACCIÓN
A semanas del inicio de un nuevo ciclo lectivo, el sistema educativo argentino llega a 2026 con problemas acumulados que ya no se disimulan. La discusión por una eventual reforma convive con un dato persistente: la educación funciona con menos recursos de los que la ley establece y con resultados que no mejoran.


Uno de los puntos más sensibles es el financiamiento. La Ley de Financiamiento Educativo fijó una inversión mínima del 6% del PBI, pero en casi veinte años ese objetivo solo se cumplió de manera plena una vez. El promedio real quedó muy por debajo de esa meta, con un esfuerzo sostenido que no alcanzó para sostener el sistema.
Según datos de UNICEF, durante estas dos décadas la inversión en educación básica rondó apenas el 3,5% del PBI. La distancia entre lo que se prometió y lo que efectivamente se ejecutó se transformó en un rasgo estructural del sistema.
La mayor carga financiera recae sobre las provincias. El 90% del gasto educativo lo afrontan los distritos, con enormes diferencias entre ellos, mientras que el Estado nacional aporta el 10% restante mediante programas y transferencias. Esa asimetría se traduce en brechas profundas entre estudiantes según el lugar donde viven.
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Un informe reciente de Argentinos por la Educación advierte que 21 de las 24 provincias redujeron su inversión real en 2024 respecto del año anterior y que 19 gastaron menos que una década atrás. A nivel nacional, el panorama no resulta mejor: en 2025 la inversión quedó por debajo del 1% del PBI y el Presupuesto 2026 proyecta apenas 0,75%.
La falta de recursos impacta directamente en las aulas. Aunque el acceso a la escuela es alto, con niveles iniciales y primarios prácticamente universalizados y más del 92% de los adolescentes dentro del sistema, los aprendizajes no acompañan esa expansión.
Las pruebas Aprender muestran dificultades persistentes, sobre todo en matemática. En primaria, más del 45% de los estudiantes no alcanza los niveles mínimos de lectura, cifra que sube al 61,5% en los sectores más vulnerables. En secundaria, los resultados empeoran a medida que avanza la trayectoria escolar.
Para dimensionar ese recorrido, Argentinos por la Educación elaboró un índice que mide cuántos alumnos terminan cada ciclo en “tiempo y forma”. Los datos son contundentes: solo 10 de cada 100 estudiantes llegan al final de la secundaria con los aprendizajes básicos esperados.
“El vaso medio lleno es que casi todos los chicos están en la escuela. El vaso medio vacío son los aprendizajes”, explica Víctor Volman, director del observatorio de la ONG. Y agrega: “En promedio, 10 de 100 estudiantes llegan al fin de la secundaria en el tiempo teórico y con conocimientos satisfactorios, y ese número viene cayendo”.
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La desigualdad atraviesa todo el sistema. Hay diferencias marcadas entre provincias, pero también dentro de los propios distritos y entre gestión estatal y privada. Incluso en jurisdicciones con más recursos, los resultados siguen siendo bajos.
Para Viviana Postay, especialista en gestión educativa, el problema excede los números. “La desigualdad educativa es un problema severo, no estamos garantizando la misma educación ni siquiera dentro de un mismo barrio”, señala, y advierte sobre un “delegar silencioso” hacia el sector privado por parte de familias que buscan mejores condiciones.
A ese escenario se suma una creciente conflictividad en las escuelas. Postay describe aulas atravesadas por tensiones entre estudiantes, docentes y familias, en un contexto social cada vez más complejo. “Todo estalla en la escuela, porque sigue siendo el único lugar donde los chicos sienten que alguien los mira”, sostiene.
La crisis docente completa el cuadro. Según Argentinos por la Educación, los salarios de 2025 quedaron por debajo de los de 2014 en casi todas las provincias. El sistema exige acumular cargos y horas para alcanzar ingresos razonables, lo que impacta en la calidad de la enseñanza y en la permanencia en la profesión.
“Una maestra de primer grado no puede alfabetizar si tiene que atender a 80 chicos”, advierte Postay, y señala un creciente abandono de la función docente y una falta de aspirantes a cargos directivos, condicionados por conflictos constantes y escasa autonomía.
Desde una mirada estructural, Guillermina Tiramonti, investigadora de FLACSO, subraya que cualquier reforma debe poner al docente en el centro. “Seguimos formando docentes como hace 50 años, con el mismo modelo pedagógico”, afirma, y cuestiona la ausencia de una verdadera carrera docente.
“En la Argentina no tenemos carrera docente: el salario mejora solo por antigüedad, no por mérito ni capacitación”, señala Tiramonti, y advierte que pagar únicamente por hora frente a alumnos impide reconocer tareas esenciales como la planificación y el trabajo pedagógico fuera del aula.
Con este panorama, 2026 encuentra al sistema educativo lejos del piso legal de inversión, con aprendizajes débiles y docentes desbordados. Más allá de los proyectos en discusión, los datos muestran que el problema no es nuevo, pero sí cada vez más visible.














