
Por qué un arreglo domiciliario mínimo tiene altos costos y no siempre hay turnos disponibles
Actualidad01/02/2026
REDACCIÓN
La falta de técnicos matriculados empuja honorarios y estira tiempos. Sin aranceles de referencia, la brecha entre formalidad e informalidad complica al hogar.


La escena se repite en cualquier casa: salta la térmica, pierde un caño, falla el calefón y la urgencia obliga a llamar a alguien. Lo que cambió fuerte no es solo el precio final, sino la sensación de que conseguir a la persona indicada se volvió casi tan difícil como pagar el trabajo. En Argentina, la escasez de mano de obra calificada en oficios técnicos ya impacta de lleno en la formación de precios y en un mercado que funciona con demanda alta y oferta limitada.
En ese universo entran electricistas, gasistas, plomeros, herreros y soldadores matriculados, un grupo que sostiene el funcionamiento cotidiano de hogares y comercios. Sin embargo, el sector no tiene una estructura tarifaria unificada y, a nivel nacional, no existe un arancel de referencia que ordene la cancha. En la práctica, el precio se arma con variables que cambian caso a caso: urgencia, complejidad, zona, disponibilidad y necesidad de certificaciones.
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Esa falta de referencia termina produciendo un efecto doble: por un lado, sube el piso de algunos trabajos, y por otro, se estira la dispersión de valores entre quienes ofrecen tareas similares. La menor cantidad de profesionales matriculados disponibles eleva honorarios en servicios específicos y abre un mapa de presupuestos que muchas veces no se pueden comparar de manera directa. El resultado es un mercado que opera con reglas tácitas, donde el cliente llega sin parámetros y el proveedor fija condiciones según la agenda y el riesgo.
El economista Daniel Garro, director de Value International Group (VIG), planteó que el problema no se limita a la cantidad de personas disponibles, sino al tipo de perfil que hoy demanda el mercado. “En Argentina faltan empleados y sobran trabajadores. A las empresas les está costando encontrar empleados, incluso aunque estén matriculados o tengan títulos”, explicó. En esa diferencia, según su análisis, aparece una segmentación que empuja los precios hacia arriba para quienes pueden cumplir con lo que se requiere.
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Garro también puso el foco en la dispersión que se genera cuando conviven perfiles distintos dentro de la misma etiqueta de “oficio”. “El que tenga la habilidad de ser empleable, sea profesional o no, va a tener salarios altos. El trabajador va a seguir teniendo salarios bajos. Eso genera una fuerte dispersión en costos”, afirmó. Esa frase explica por qué en un mismo barrio puede haber presupuestos muy distintos para un trabajo parecido y por qué el mercado se vuelve más difícil de leer.
En electricidad, esa variabilidad aparece en tareas comunes que ya tienen valores concretos, aunque no unificados. La instalación de una boca eléctrica completa muestra mano de obra entre $22.000 y $35.000, mientras una instalación dedicada para aire acondicionado se ubica entre $33.600 y $67.000, por la necesidad de circuitos y protecciones específicas. Incluso el diagnóstico sin ejecución posterior suele cobrarse entre $20.500 y $30.900, y en trabajos más complejos, como tableros o acometidas, el monto puede superar con facilidad los seis dígitos.
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La urgencia, además, no solo agrega recargos: también define quién atiende y cuándo. La disponibilidad limitada de electricistas matriculados influye en los tiempos de respuesta y en el precio final cuando el trabajo cae fuera de horario o en días no laborables. En ese punto, el costo se mezcla con una necesidad práctica del hogar: resolver rápido o seguir esperando con el problema instalado. La escasez, en la vida real, se traduce en agenda llena.
En el caso de los gasistas matriculados, el peso de la certificación agrega una capa más a la discusión. Muchas tareas requieren habilitaciones ante distribuidoras y solo profesionales habilitados pueden realizar intervenciones específicas, como pruebas de hermeticidad o trámites de habilitación. Por eso, una visita técnica puede costar entre $17.000 y $56.000, y la instalación de artefactos como cocinas, calefones o termotanques se ubica entre $61.000 y $160.000, según equipo y condiciones de instalación.
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Las pruebas de hermeticidad se cobran entre $33.000 y $120.000, y las habilitaciones completas ante la distribuidora suelen ir de $266.000 a $353.000. Estos valores, tal como se desprende del texto, reflejan el cruce entre requisitos formales y disponibilidad real de profesionales. En un servicio donde el riesgo es alto, la matrícula no es un detalle burocrático, pero sí incide en la oferta y, por lo tanto, en el precio.
El economista José Vargas, director de Evaluecon, remarcó el vínculo directo entre escasez y honorarios. “La escasez de mano de obra calificada en estos oficios técnicos tiene una incidencia directa en los honorarios y en la formación de los precios”, señaló. También advirtió que la falta de regulación nacional y la baja oferta generan “una altísima dispersión de precios en la economía”, algo que se siente con fuerza cuando el gasto llega de golpe en una reparación doméstica.
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En plomería, la urgencia suele mostrar la cara más cruda del problema, porque muchas veces no hay margen de espera. Una visita con diagnóstico ronda entre $17.000 y $25.000, las destapaciones simples se ubican entre $30.000 y $55.000, y las que requieren maquinaria específica pueden trepar a $50.000–$90.000. Una pérdida visible puede costar entre $20.000 y $35.000, pero si está empotrada y exige romper pared o piso, el rango sube a $50.000–$100.000, siempre sin materiales.
En esa misma rama, la informalidad aparece como un factor que baja precios, aunque no necesariamente baja riesgos. Vargas lo describió con una idea concreta: “La informalidad hace que por ahí el honorario sea relativamente más bajo, y eso contiene un poco que los precios no sean mucho más elevados”. Aun así, el propio análisis advierte que contratar sin certificación implica una exposición mayor para el hogar, especialmente en trabajos sensibles como gas o instalaciones eléctricas.
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En herrería y soldadura, la lógica cambia porque no hay listas de precios difundidas y casi todo se arma por proyecto, por metro o por hora. El texto ubica la mano de obra por hora entre $15.000 y $40.000 o más, dependiendo del tipo de trabajo, y marca que en los presupuestos suele separarse mano de obra, insumos y montaje. También aparece una diferencia fuerte entre relación de dependencia e independencia, con servicios particulares que se cotizan más alto cuando se trata de estructuras metálicas o condiciones específicas.
El dilema de los hogares queda resumido en una elección que no siempre se toma con libertad real: pagar más por un profesional matriculado o bajar el costo y asumir un riesgo mayor. Según datos relevados por Evaluecon, entre el 30% y el 35% de los hogares no solicita matrícula o certificación al contratar servicios como plomería o gas. “Muchas veces se da por recomendaciones, cercanía o confianza, y eso forma parte de costos relativamente más bajos”, explicó Vargas, en un comportamiento que sostiene la brecha entre formalidad e informalidad.
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Garro, por su parte, anticipó que la informalidad tendería a achicarse con el tiempo si el mercado empieza a premiar resultados. “La gente va a empezar a mirar si sos bueno haciendo el trabajo o no. Las referencias van a jugar un rol clave”, sostuvo. Mientras tanto, lo que queda en el presente es un mercado tensionado: alta demanda, poca oferta habilitada y precios que se mueven sin anclas claras, incluso para arreglos mínimos que antes parecían rutinarios.
Fuente: Infobae.



















