
Cuando el abdomen se infla y duele, cinco ejercicios simples pueden destrabar el malestar
Enfoques09/02/2026
REDACCIÓN
Los gases forman parte de la digestión, pero si se acumulan generan hinchazón y dolor. Una rutina breve con respiración, estiramientos y masaje ayuda a moverlos. No reemplaza consulta si el síntoma persiste.


Los gases intestinales aparecen todos los días, aunque no siempre se sienten igual. Se forman durante la digestión, cuando el cuerpo descompone los alimentos y en ese proceso se producen gases como dióxido de carbono, oxígeno, nitrógeno, hidrógeno y metano. En general salen por eructos o flatulencias, pero cuando quedan “atrapados” pueden traducirse en dolor, distensión y una sensación de abdomen duro que incomoda hasta para caminar o sentarse.
La molestia no siempre tiene una causa única y no necesariamente se relaciona con algo grave. A veces el problema es, simplemente, que el exceso de gas no encuentra salida con facilidad y se concentra en el tracto digestivo. En ese contexto, mover el cuerpo y relajar la zona abdominal puede ser más útil que quedarse quieto esperando que pase.
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El punto de partida más simple es cortar el círculo tensión–dolor. Cuando el abdomen se tensa, cuesta más que el gas se desplace y termine liberándose. Por eso, una herramienta rápida y accesible es la respiración consciente, que baja la rigidez muscular y ayuda a que el cuerpo retome su ritmo.
El primer ejercicio propuesto es la “respiración profunda”, pensada como una forma de relajar la pared abdominal. La indicación es sentarse con la espalda recta, colocar una mano en el pecho y otra en el abdomen, inhalar por la nariz y exhalar lentamente por la boca. La idea es que el aire “llene” la zona baja y, con la exhalación, afloje el cuerpo para facilitar la liberación del gas.
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Cuando el malestar se ubica más abajo, suele servir el movimiento que masajea desde adentro. En esa línea aparece el ejercicio de “rodillas al pecho”, que apunta a empujar suavemente lo que está retenido en la parte baja del abdomen. Se hace acostado boca arriba, con las rodillas flexionadas, llevando las piernas hacia el pecho y abrazándolas por unos segundos para sostener la presión sin forzar.
Dentro de las opciones vinculadas a estiramientos, el texto incorpora una postura de yoga conocida por abrir el abdomen. Se trata de la “postura de la cobra”, que estira y fortalece la zona y puede acompañar el proceso de expulsión de gases. La mecánica indica acostarse boca abajo, apoyar las palmas en el suelo y levantar el torso, estirando los brazos hasta donde resulte cómodo.
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A veces la ayuda más directa llega con las manos, porque el masaje puede mover el gas a lo largo del intestino. El ejercicio recomendado es el “masaje abdominal” con movimientos circulares suaves, en el sentido de las agujas del reloj. Se puede hacer sentado o acostado, buscando que el movimiento sea continuo y sin presión excesiva, como si se “guiara” el recorrido interno.
El quinto ejercicio tiene que ver con liberar tensión en los laterales, donde muchas personas sienten pinchazos o incomodidad. El “estiramiento lateral” se propone sentado en el suelo con las piernas estiradas, inclinando el torso hacia un lado e intentando tocar el piso con la mano. Se sostiene la posición y luego se repite hacia el otro lado, siempre sin rebotes y respetando el límite del cuerpo.
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Más allá de la rutina, hay un dato importante que conviene no perder de vista: la presencia de gases es normal, pero el dolor persistente no se debe naturalizar. Si la hinchazón se repite con frecuencia, si aparece fiebre, vómitos, sangre, pérdida de peso o un dolor intenso que no cede, lo indicado es consultar para descartar otros cuadros. Estos ejercicios sirven como recurso para un malestar habitual, no como respuesta para síntomas que se vuelven constantes o se agravan.
En lo cotidiano, el alivio suele depender de sumar pequeñas acciones que faciliten el movimiento intestinal. Caminar, estirar y respirar mejor suelen ser aliados más eficaces que encerrarse en una posición fija, sobre todo cuando el cuerpo ya está rígido por el dolor. Y si el abdomen “habla” seguido, esa repetición también puede ser una señal para revisar hábitos y consultar a tiempo.
Fuente: LA NACION.
















