
Dos siglos después, los frascos de Charles Darwin vuelven a hablar gracias a una técnica inesperada
Otros Temas10/02/2026
REDACCIÓN
Durante décadas, los frascos alineados en las vitrinas de los museos parecieron objetos definitivos, cerrados para siempre. Vidrios antiguos, líquidos transparentes o amarillentos y etiquetas escritas a mano transmitieron una sensación de quietud que rara vez se cuestiona frente al público. Sin embargo, algunos de esos recipientes todavía guardaban incógnitas fundamentales.
Entre ellos están los que conservan animales recolectados por Charles Darwin durante el histórico viaje del HMS Beagle. Más allá de su valor simbólico, estos frascos representan decisiones científicas, prácticas de conservación y soluciones improvisadas propias de otra época, muchas de las cuales nunca quedaron documentadas con precisión.
El problema no es menor. Los especímenes conservados en líquido son claves para estudiar tejidos blandos y estructuras internas, pero su estado depende casi por completo de la química del fluido que los rodea. Saber qué sustancia hay dentro resulta esencial para preservarlos, aunque abrirlos implique riesgos irreversibles.


A lo largo de los siglos, los métodos de conservación variaron de forma constante. Alcoholes de distintas concentraciones, formaldehído, glicerol y mezclas complejas convivieron en los museos sin un registro uniforme. Tal como señala el estudio publicado en ACS Omega, “la variabilidad en las recetas… ha llevado a una considerable heterogeneidad en las colecciones, con mezclas de etanol, metanol, glicerol y formaldehído encontradas comúnmente en proporciones desconocidas”.
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Durante años, los conservadores debieron conformarse con indicios poco fiables. El color, el olor o la densidad del líquido ofrecían pistas, pero no certezas. Los análisis químicos clásicos exigían abrir los frascos, romper sellos históricos y exponer tanto a los especímenes como al personal a sustancias tóxicas.
La tecnología parecía tener una respuesta, aunque no terminaba de encajar. La espectroscopía Raman, basada en el uso de láseres para identificar moléculas, prometía precisión sin contacto físico. El inconveniente era que el vidrio del frasco interfería con la señal y ocultaba la información clave del interior.
La solución llegó con una variante poco utilizada en museos: la espectroscopía Raman con desplazamiento espacial, conocida como SORS. A diferencia del método tradicional, esta técnica separa el punto donde incide el láser del lugar donde se recoge la señal, reduciendo drásticamente la interferencia del recipiente.
Gracias a esta estrategia, los investigadores pudieron “ver” químicamente a través del vidrio sin abrir los frascos. El estudio analizó 46 especímenes conservados en líquido del Museo de Historia Natural de Londres, incluidos varios recolectados por Darwin, y logró identificar el fluido en el 78,5 % de los casos, con coincidencias parciales en otro 15 %.
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Los resultados revelaron patrones inesperados. En mamíferos y reptiles, predominó una fijación inicial con formaldehído seguida de una conservación prolongada en etanol. Los invertebrados, en cambio, mostraron una mayor diversidad de soluciones, algunas de ellas distintas a las indicadas en las etiquetas originales.
La técnica también permitió identificar el material de los recipientes. Vidrios de distinta composición e incluso plásticos más modernos aportaron pistas sobre cambios en las prácticas museísticas y reposiciones realizadas a lo largo del tiempo, muchas veces sin registro formal.
Más allá del caso de Darwin, el alcance del hallazgo es global. Se estima que los museos de historia natural conservan más de cien millones de especímenes en fluidos, muchos con niveles similares de incertidumbre. Conocer exactamente qué contienen esos frascos permite anticipar riesgos, planificar intervenciones y evitar daños irreversibles.
Lejos de ser un gesto invasivo, el uso del láser abre una nueva forma de diálogo con el patrimonio científico. Los frascos dejan de ser objetos mudos y se convierten en fuentes activas de información, capaces de contar cómo se construyó el conocimiento y cómo puede seguir ampliándose sin sacrificar su pasado.














