Durazno: lo que aporta de verdad y el motivo por el que algunos no deberían consumirlo

Actualidad11/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN
Durazno
Durazno

Aporta 55–60 calorías, agua, fibra y potasio, pero no todos lo toleran igual. Qué recomiendan Senasa y especialistas al elegirlo y comerlo.

En Argentina, el durazno no solo aparece como fruta de estación: también sostiene una parte fuerte de la producción frutícola. Mendoza concentra el 83% de la producción local gracias a su clima favorable y el país comercializa más de 100.000 toneladas anuales, un volumen que lo ubica entre los productores relevantes a escala global. Con esa presencia en góndolas y ferias, crece la pregunta cotidiana: qué hace en el cuerpo y en qué casos conviene pensarlo dos veces.

El recorrido del durazno por el mundo también explica su arraigo actual. El Sistema de Información de Biodiversidad de la Administración de Parques Nacionales (SIB) lo ubica con registros en China desde el 2000 a. C., con expansión hacia Persia y Grecia antes de su llegada a América. En la Argentina, el SIB señala que ingresó durante la época colonial de la mano de los conquistadores españoles. Esa historia larga convive hoy con un consumo bien actual, que lo celebra fresco, cocido, en licuados o mermeladas.


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En el plano nutricional, las especialistas consultadas en la fuente coinciden en que el durazno suma más que sabor y aroma. La licenciada en nutrición Andrea Martínez destaca que su aporte pasa por el agua y por la combinación de fibra y vitaminas, con presencia de vitaminas A, C y del complejo B (B3 y B6). En minerales, señala el potasio, además de fósforo y magnesio en menor cantidad, y lo asocia con un consumo que puede encajar en planes de alimentación variados. Ese perfil, además, no se apoya en un shock calórico: apuesta más a densidad nutricional y saciedad.

La médica especialista en nutrición Ana Cascú pone un número simple sobre la mesa para ordenar la discusión. “Un durazno de tamaño mediano aporta aproximadamente 55–60 calorías”, y por eso queda por debajo de frutas como el mango, las uvas o la banana. Ese dato lo vuelve atractivo para quienes buscan control de peso sin resignar algo dulce y jugoso. También ayuda a explicar por qué aparece tanto en colaciones, postres livianos y preparaciones de verano.


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La forma de comerlo cambia parte del beneficio, y ahí aparece una recomendación que se repite en consultorios y en mensajes sanitarios. Martínez plantea que, con un buen lavado, conviene no pelarlo: “En su piel se concentran gran parte de los antioxidantes y la fibra, que favorecen la digestión y ayudan a regular la absorción de azúcares”. Esa elección impacta en el tránsito intestinal y también en la forma en que el cuerpo procesa lo dulce del fruto. Para muchas dietas, ese detalle marca la diferencia entre “algo rico” y “algo que además suma”.

Al momento de comprar, el Senasa propone mirar señales concretas y no dejarse llevar solo por el color. Recomienda priorizar duraznos sin magulladuras y apenas suaves al tacto, un punto que sugiere madurez sin golpe interno. La indicación apunta a evitar piezas deterioradas que aceleran el descarte en casa y, en algunos casos, alteran textura y sabor al consumirlas. En una fruta tan estacional, elegir bien también ayuda a que rinda y no termine en desperdicio.


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La versión en conserva abre otra discusión que suele pasar de largo cuando se compara precio o practicidad. Martínez marca diferencias claras entre fresco y enlatado: “El durazno fresco preserva mejor su contenido de vitaminas, antioxidantes y fibra; la versión enlatada, en cambio, suele perder parte de la vitamina C durante el proceso de elaboración y, además, si viene en almíbar, tiene más azúcares y calorías”. En esa lectura, el problema no es la conserva en sí, sino el modo de procesamiento y, sobre todo, el agregado de azúcar. Para quienes cuidan glucemias o controlan calorías, ese detalle define la elección.

Los beneficios que más se asocian al durazno aparecen ligados a defensas, digestión, piel y salud cardiovascular, pero con matices. La Clínica Cleveland, citada en la fuente, resume el aporte antioxidante con una frase directa: “Su piel tersa y pulpa jugosa contienen antioxidantes beneficiosos, como la vitamina C, polifenoles y carotenoides, todos compuestos vegetales que combaten el daño celular y ayudan a proteger el cuerpo contra el envejecimiento y enfermedades graves”. Cascú, en la misma línea, relaciona la piel con colágeno y sostiene: “Su consumo se asocia a beneficios para la salud de la piel por su aporte de vitamina C y antioxidantes, que participan en la síntesis de colágeno”. Y para el plano cardiovascular, el texto suma una referencia de WebMD sobre el potasio: “Son una buena fuente de potasio, que el cuerpo utiliza para regular la frecuencia cardíaca y la presión arterial”.


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Ahora bien, no todo el mundo lo recibe igual y esa advertencia aparece clara en las contraindicaciones. Las especialistas resaltan que quienes presentan alergia a frutas como manzanas, ciruelas y cerezas podrían compartir reacción con el durazno, con síntomas que incluyen picazón e inflamación en boca o garganta. Frente a esa sospecha, la recomendación de la fuente apunta a consulta médica y a no minimizar la respuesta del cuerpo. En un alimento tan natural como popular, la diferencia no siempre está en el “qué”, sino en el “quién”.

Fuente: LA NACION.

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