El Pentágono diseña una campaña militar de semanas y Trump sugiere cambio de poder en Irán

Actualidad14/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Funcionarios citados por Reuters hablan de operaciones sostenidas si Trump ordena atacar. En paralelo, el presidente endureció su mensaje y elevó la tensión.

La Casa Blanca volvió a tensar al máximo la relación con Teherán, pero esta vez con dos planos que se retroalimentan: planificación militar y discurso político. Según informaron a Reuters dos funcionarios estadounidenses, el Pentágono trabaja sobre la posibilidad de una campaña militar prolongada, con operaciones sostenidas durante varias semanas, si el presidente Donald Trump ordena un ataque. La sola mención de ese escenario instala una escalada directa en una relación ya marcada por amenazas, despliegues y negociaciones frágiles.

Mientras esos preparativos circulaban en Washington, Trump subió el tono con una frase que el propio texto fuente presenta como una de sus definiciones más explícitas. El presidente sostuvo que un cambio de poder en Irán sería “lo mejor que podría pasar”, en un planteo que va más allá del programa nuclear y apunta al liderazgo político-religioso del país. No precisó nombres ni un esquema de transición, pero dejó abierta la idea de que “hay personas” que podrían asumir ante un reemplazo del sistema actual.


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El argumento que eligió para justificar ese endurecimiento mezcló historia, desgaste y costo humano. “Durante 47 años han estado hablando y hablando y hablando. Mientras tanto, hemos perdido muchas vidas”, dijo Trump, en referencia a las autoridades iraníes, con una construcción que busca presentar la confrontación como resultado de una paciencia agotada. Ese tipo de declaraciones suele operar como mensaje interno, pero también como señal para aliados regionales y para el propio aparato militar.

En paralelo, Estados Unidos reforzó su presencia en Oriente Medio con el envío de un segundo portaaviones, una decisión que eleva el costo de cualquier marcha atrás. Reuters informó que un segundo grupo aeronaval se dirige a la región y distintos reportes identificaron al USS Gerald R. Ford como parte del despliegue, en un movimiento pensado para aumentar capacidad operativa y presión política. En el tablero diplomático, ese refuerzo funciona como advertencia y como herramienta de negociación.


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El texto fuente ubica estas decisiones dentro de una renovada presión para que Irán acepte un nuevo acuerdo que limite su programa nuclear. La advertencia implícita es que el enfoque podría dejar de concentrarse en sanciones y presión económica para pasar a acciones sostenidas en el terreno militar, con un nivel de riesgo mayor. En Washington, la discusión se mueve entre el mensaje de fuerza y la búsqueda de concesiones que reordenen el esquema nuclear iraní.

Del lado iraní, al menos al momento de la información citada, no se registraba una respuesta pública del líder supremo Alí Jameneí frente a esas frases puntuales. Esa ausencia también puede leerse como cálculo: responder de inmediato puede cerrar márgenes, pero callar frente a una amenaza explícita puede tener costo interno. En cualquier caso, el silencio no reduce el nivel de tensión cuando el despliegue militar ya está en marcha.

El punto más sensible no es solo el eventual ataque, sino la posibilidad de que se convierta en una secuencia prolongada. Una campaña de varias semanas abre escenarios de represalias, escalada indirecta y expansión regional, en una zona donde los conflictos suelen arrastrar aliados y frentes cruzados. El propio planteo de “operaciones sostenidas” sugiere planificación para más de un objetivo y para resistir respuestas en distintos planos.


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Además, la combinación entre amenaza militar y discurso de “cambio de poder” suele endurecer posiciones, porque transforma una negociación sobre capacidades en una disputa sobre continuidad política. En términos diplomáticos, pedir límites nucleares no tiene el mismo impacto que sugerir un reemplazo del liderazgo, incluso si no se detalla cómo se concretaría. Esa diferencia cambia incentivos, acelera tiempos y estrecha los canales de salida.

Por ahora, la escena queda dominada por la ambigüedad calculada: planes en preparación, despliegue reforzado y un presidente que no oculta su preferencia por un cambio de poder, pero evita describir un plan. En el corto plazo, el foco se mantiene en si la presión logra torcer una negociación o si deriva en confrontación directa. Y en ese punto, el dato que inquieta a la región es el mismo: una campaña de semanas no se parece a un gesto puntual, sino a un conflicto con capacidad de arrastre. 

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