
De TikTok a cursos con método: la astrología suma alumnos y busca credenciales
Otros Temas27/02/2026
REDACCIÓNEntre crisis, redes y clases por Zoom, crecen las consultas y la formación formal en astrología; escuelas y astrólogos advierten sobre desinformación e IA superficial.

La escena no se arma solo con videos virales y horóscopos de un minuto: en la Argentina aparece un circuito cada vez más grande de escuelas, cursos y formaciones que convierten a la astrología en un consumo cotidiano, y también en una posible salida profesional. En ese mapa, el salto más visible se mide en cantidad de alumnos, en oferta online y en perfiles que van del enfoque humanístico a una búsqueda de legitimidad con investigación. La pandemia, sumada a la expansión de redes sociales, empujó un cambio de escala que todavía se sostiene.
Desde el Centro Astrológico de Buenos Aires (CABA), su directora Alejandra Eusebi Polich conectó ese crecimiento con rasgos culturales y con un contexto de inestabilidad. “La Argentina es un país muy potente, muy sensible y curioso, que abreva en muchas fuentes. Estamos muy atravesados por el psicoanálisis, nos interesa mucho el autoconocimiento y tenemos perspectivas filosóficas muy ricas. Además, atravesamos muchísimas crisis y eso genera un movimiento humanístico muy fuerte, que encuentra en la astrología una filosofía integrativa: una forma de trabajar lo humano, las emociones, los sentimientos y la pregunta por el misterio del universo”, explicó. Su rol también aparece ligado a la International Society for Astrological Research (ISAR) y a un área de investigación que busca diferenciar oferta seria de consumo rápido.


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La astróloga Luciana Komisuk ubicó el punto de quiebre en una combinación de desgaste de liderazgos tradicionales y búsqueda de espacios menos rígidos. “Antes, muchas personas encontraban respuestas en la religión, en la ciencia o en distintos dogmas. Después de la pandemia y de las crisis sucesivas, muchos dejaron de confiar plenamente en esos líderes, incluso en la ciencia, y comenzaron a buscar respuestas en espacios donde no se imponga un dogma y donde la espiritualidad sea más flexible, como la astrología”, sostuvo. En esa lectura, la práctica deja de ser un entretenimiento periférico y pasa a funcionar como herramienta de sentido para un público más amplio.
La expansión se apoya en un fenómeno paralelo: la astrología se volvió accesible y ubicua por la vía de Instagram, TikTok y YouTube, con figuras que acumulan audiencias masivas. Entre los casos más visibles, Mia Astral pasó en Instagram de 1.700.000 seguidores en 2020 a 4,1 millones en la actualidad, un salto que ilustra el alcance del fenómeno. Komisuk, sin embargo, marcó una diferencia que atraviesa al propio campo. “Por supuesto que las redes sociales hacen que las cosas se vuelvan virales y masivas. Sirven para que la astrología se difunda, pero eso no implica necesariamente la construcción de saber”, planteó.
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En esa misma tensión aparece una advertencia reiterada: lo masivo también amplifica errores. “Hoy el peligro de las redes es que no solo difunden lo bueno y de calidad, sino también errores, información incorrecta y prácticas que directamente están mal. Esto no pasa solo en astrología: ocurre en medicina, en biología, en muchas disciplinas. Ningún campo está exento de una mala utilización”, afirmó Eusebi Polich. En el mismo sentido, Raffo resumió la experiencia cotidiana del usuario que navega contenidos: “Creo que las redes sociales ayudaron mucho: TikTok, Instagram, todo eso difundió muchísimo estos contenidos. Pero también hay mucha desinformación. Hay personas hablando de astrología y diciendo cosas que no son”, señaló.
Las críticas se apoyan, además, en límites técnicos: los formatos cortos simplifican una lectura que, según los propios astrólogos, requiere más variables. Komisuk lo expresó con precisión: “Para hacer una interpretación precisa necesitás muchos factores. Cuando hablás para ‘todos los Leo’ o ‘todos los Libra’, inevitablemente te quedás corta porque solo estás considerando una variable”, explicó. Y la astróloga Sumah Kralj reforzó ese punto con otra frase directa: “Los horóscopos generales tienen un límite muy claro. Para una lectura individual necesitás una carta completa, tránsitos, ciclos y contexto. En lo masivo eso no existe”, advirtió.
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Detrás del crecimiento, también aparecen trayectorias personales que muestran cómo la curiosidad se convierte en hábito y en práctica recurrente. Belén Raffo, psicóloga de 27 años, llegó a la carta natal por recomendación de una amiga y recordó el punto de partida: “Yo sabía que era de Tauro, pero no mucho más: no entendía bien qué eran la Luna o el ascendente. Ella me empezó a contar y me interesó. Entonces me pasó el contacto de la astróloga con la que trabajaba. Al principio tenía muchas dudas”, contó. En su caso, el cruce con la terapia resultó central: “Creía que la psicología, sobre todo el psicoanálisis, estaba completamente en contra de la astrología, que no se complementaban para nada. Lo hablé con mi psicóloga, pensé que me iba a decir que era una pavada, algo sin sentido. Pero me sorprendió: me dijo que le parecía interesante como complemento, pero solo para personas que ya están en un proceso terapéutico, con un recorrido previo de introspección y análisis. Eso me habilitó a probar sin sentir que estaba contradiciendo mi formación. Hoy intento todos los años, cerca de mi cumpleaños, hacerme la ‘revolución solar’”, agregó.
En otra generación y con otro recorrido, Pilar Pizarro, docente de 46 años, describió un impacto similar pero con un lenguaje más ligado a la experiencia biográfica. “Hice mi carta natal hace unos seis años y fue un antes y un después. Me impactó la precisión con la que describía aspectos de mi personalidad y de mi historia. A partir de ahí, la astrología empezó a ocupar un lugar más importante en mi vida”, recordó. En su lectura, la coyuntura empuja búsquedas de sentido que se vuelven masivas: “Siento que cada vez más personas se acercan y eso tiene mucho que ver con el momento que vivimos como sociedad. Hay una búsqueda muy fuerte de sentido, de bienestar y de respuestas más profundas. En contextos de incertidumbre, cualquier herramienta que ayude a entenderse mejor se vuelve atractiva”, analizó.
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La masividad, en varios casos, deriva en un paso siguiente: formación sistemática y profesionalización, con instituciones que muestran números concretos. Eusebi Polich describió el salto del CABA desde su asunción: “En los últimos diez años, el crecimiento fue impresionante. Cuando asumí en 2016, el centro tenía unos 50 estudiantes. Cambiamos el plan de estudios, desarrollamos la modalidad online y hoy la institución tiene más de 750 alumnos”, explicó. En paralelo, María Blaquier, de la Academia de Astrología Avanzada MB, aportó su propio indicador: “El 80% de mis estudiantes son extranjeros pero en la Argentina, en 2025, la cantidad de alumnos prácticamente se duplicó respecto de 2024, pasando de unos 70 a alrededor de 140”, detalló.
En ese camino de legitimación, algunas escuelas incorporan investigación estadística y presentan trabajos en ámbitos universitarios o congresos internacionales. Eusebi Polich planteó que el CABA abrió un nicho que describe como articulación entre astrología y ciencia: “En CABA abrimos un nicho que casi no existe en el mundo: astrología y ciencia, con investigación estadística rigurosa”, indicó. Una de las líneas citadas en la fuente analizó compatibilidad afectiva en 353 parejas (706 personas) con datos de nacimiento de partidas oficiales, y observó una recurrencia vinculada a Venus y a la Casa 7; esos resultados se presentaron como estudio estadístico en la University of Wales, en Londres. Blaquier, por su parte, sumó otra investigación orientada a diferenciar cartas de gemelos con astrología dracónica: “Estoy proponiendo una astrología que se pueda mostrar, demostrar y sostener. Hice una investigación de cómo diferenciar cartas de gemelos con astrología dracónica. Está investigación está publicada y fue presentada en congresos internacionales”, afirmó.
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La tecnología también empuja una discusión nueva, sobre todo por el uso de inteligencia artificial para horóscopos y lecturas automáticas. Eusebi Polich reconoció utilidad para el trabajo de datos, pero marcó el límite de las interpretaciones sin control humano: “Tiene un potencial inmenso si se la carga con buenos datos; yo la utilizo especialmente para el trabajo estadístico”, dijo. Y advirtió sobre el riesgo de delegar la lectura en sistemas sin transparencia: “Cuando una persona que recién empieza consulta a una IA cargada con datos generales, la lectura suele ser muy superficial. Nunca hay que confiar sin más: es clave saber quién la hizo, de dónde provienen los datos y con qué base se entrenó, porque muchas veces la IA replica información general tomada de Wikipedia”, señaló.
Entre el consumo masivo, la crítica interna por la desinformación y el intento de profesionalizar con programas de estudio e investigación, la astrología transita una etapa distinta a la del horóscopo semanal de toda la vida. La fuente describe un mercado que se expande, con más estudiantes, más oferta online y un ecosistema que mezcla divulgación con aspiración técnica. En ese proceso, los propios protagonistas empujan una discusión incómoda para el rubro: la diferencia entre viralidad y conocimiento, y entre curiosidad y práctica profesional.
Fuente: LA NACION.

















