El caso Epstein volvió a sacudir al poder cuando aún faltan demasiadas piezas

PODCASTS Radio Francia Internacional25/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un podcast de Radio Francia Internacional repasó el alcance global del escándalo, el peso de las víctimas y la disputa por documentos que todavía no terminan de explicar todo.

Jeffrey Epstein. Foto EP/Eco Avant
Jeffrey Epstein. Foto EP/Eco Avant

En el podcast “En Primera Plana” de Radio Francia Internacional, dedicado al caso Epstein, el eje no pasó solo por reconstruir los crímenes del financista ni por repasar nombres famosos que aparecen en el escándalo. La discusión fue más amplia y más incómoda: cómo una red de tráfico y abuso sexual con alcance internacional logró convivir durante años con el poder político, económico y mediático. Desde ese punto de partida, el programa mostró que la pregunta más fuerte ya no es únicamente qué hizo Jeffrey Epstein, sino cuánto del sistema que lo rodeó sigue todavía sin quedar del todo expuesto.

El panel partió de un dato que ayuda a medir el tamaño del problema: la publicación de tres millones de páginas de documentos y la sensación de que, aun con ese volumen, el caso sigue lejos de estar cerrado. La periodista Diana Buitrago lo resumió con una frase que condensó bastante bien el clima del programa: “La gran lección de este caso es que, en realidad, cada vez nos enseña que no sabemos más de lo que pensamos”. Esa idea reapareció varias veces durante la charla, sobre todo cuando se recordó que el New York Times asignó a 25 periodistas exclusivamente para revisar el material disponible.

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El recorrido que propone el podcast también se apoya en la dimensión mundial del escándalo. Según la presentación de Carlos Herranz, la telaraña de vínculos salpicó a las casas reales del Reino Unido y Noruega, pero también alcanzó a Francia, a las monarquías del Golfo, a Rusia, a Israel y a otros espacios donde poder político, dinero e influencia se cruzan con facilidad. En esa reconstrucción, el caso deja de parecer el expediente de un solo depredador con contactos privilegiados y empieza a mostrarse como una red internacional que se alimentó de silencios, protecciones y relaciones de conveniencia.


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Dentro de ese mapa, el programa puso especial cuidado en no perder de vista a quienes quedaron más relegadas en la conversación pública. La historiadora Lissell Quiroz remarcó que el volumen del caso no se entiende sin mirar a las víctimas como parte central del fenómeno y no como un apéndice del morbo mediático. En ese tramo se habló de más de mil mujeres y jóvenes, muchas de ellas menores de edad, y se insistió en que la selección de esas víctimas no fue azarosa, sino ligada a perfiles de vulnerabilidad social, escasos recursos y distancia absoluta respecto de los círculos de poder que luego les daban cobertura a los agresores.

La explicación que se ensaya en el podcast para entender por qué esa impunidad se sostuvo tanto tiempo va en esa misma línea. Quiroz sostuvo que el caso exhibe la fuerza de un “sistema patriarcal” que no opera aislado del clasismo ni del racismo, y que funciona mejor cuanto más cerca está del centro del poder. Desde su mirada, la protección no apareció solamente en amistades personales o favores informales, sino también en redes más amplias que alcanzan al sistema policial, judicial y político, un entramado que permite que las responsabilidades tarden años en emerger o directamente se diluyan.


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La otra gran discusión del programa giró alrededor del valor y del límite de los documentos publicados. Allí apareció una advertencia importante: figurar en papeles, agendas, correos o listados no implica por sí solo una responsabilidad penal comprobada. Lola Parra Craviotto insistió en que todavía hay material que no salió a la luz, que abundan páginas con tachaduras y nombres ocultos, y que el trabajo periodístico requiere una cautela extrema cuando lo que está en juego son delitos gravísimos y acusaciones de alto voltaje político.

En ese punto, Tomás Huchon aportó una idea útil para ordenar la discusión pública. Dijo que en el caso conviven distintos tiempos: el de las redes sociales, el de la investigación periodística, el de la Justicia y el de la reparación para las víctimas. “Hay un problema de temporalidad”, planteó, antes de advertir que es muy fácil creer aquello que se quiere creer cuando los hechos todavía no están cerrados ni verificados por completo. Esa observación enlaza con uno de los núcleos más interesantes del podcast: la tensión constante entre información real, especulación, uso político del expediente y teorías conspirativas.


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El nombre de Donald Trump apareció justamente en ese cruce entre documentos, utilización política y promesas incumplidas. En la mesa se recordó que durante la campaña de 2024 había prometido desclasificar todo el material relacionado con Epstein y que, una vez de regreso en la Casa Blanca, esa promesa quedó envuelta en silencios, respuestas evasivas y un manejo mucho más opaco del tema. Buitrago sostuvo incluso que el caso ya se convirtió en un problema político para el trumpismo porque parte de su propia base empieza a leer el expediente no como una herramienta contra los demócratas, sino como una amenaza que también puede tocar al oficialismo.

A la vez, el programa insistió en que el universo de teorías conspirativas que rodeó durante años a Epstein no puede sustituir el trabajo serio sobre pruebas, responsabilidades y contextos. Huchon fue especialmente claro sobre ese punto cuando remarcó que el rol de un periodista no consiste en alimentar especulaciones, sino en enfrentar hechos y construir conclusiones a partir de datos. Para reforzar esa idea, sostuvo que decir que del caso “no se habló” resulta falso y recordó que desde 2019 se escribieron en francés más de 200.000 artículos provenientes de unas 30.000 fuentes distintas, una cifra que usó para discutir el argumento conspirativo de que todo habría permanecido oculto.


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Otro de los tramos que el podcast recuperó con fuerza fue el papel de Ghislaine Maxwell dentro de la estructura que rodeaba a Epstein. Allí se la describió no solo como expareja y figura socialmente conectada, sino también como una pieza de enlace entre el financista y los círculos donde conseguía legitimidad, contactos y acceso. Quiroz subrayó que los sistemas patriarcales de este tipo no funcionan únicamente con hombres que se protegen entre sí, sino también con colaboradoras que preparan escenarios, reclutan víctimas o facilitan la circulación dentro de esos espacios de poder.

La conclusión que deja esta edición de “En Primera Plana” es menos tranquilizadora que cerrada. El programa no ofrece una respuesta definitiva sobre todo lo que falta conocer, pero sí ordena algo más importante: muestra que el caso Epstein no puede leerse solo como el archivo monstruoso de un abusador, sino como una estructura transnacional de protección, dinero, sexo, influencia y silencios. Y al mismo tiempo recuerda algo que quedó demasiado relegado mientras el expediente se convertía en arma política: que detrás de esa telaraña hubo víctimas concretas, muchas de ellas pobres, menores y devastadas por un sistema que durante años prefirió mirar hacia otro lado.

Material publicado por gentileza Radio Francia Internacional

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