Hay señales que muchos dejan pasar y pueden esconder un cáncer de colon

Otros Temas26/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Cambios al ir al baño, sangre en las heces, cansancio o baja de peso sin explicación pueden parecer menores, pero conviene prestarles atención y consultar.

Cáncer de colon (Foto: viktoryvisuals)
Cáncer de colon (Foto: viktoryvisuals)

El problema con el cáncer de colon es que muchas veces no arranca con una escena dramática ni con un dolor imposible de ignorar. Suele avanzar con señales que se confunden con cuadros digestivos comunes, con cansancio de la rutina o con molestias que se postergan varios días, a veces varias semanas. Ahí aparece el punto que más remarcan los organismos sanitarios: cuando se detecta temprano, el tratamiento tiene más chances de ser efectivo y el rastreo permite incluso encontrar lesiones precancerosas antes de que se transformen en un tumor.

La frecuencia de esta enfermedad ayuda a entender por qué los especialistas insisten tanto con no naturalizar ciertos síntomas. En el Reino Unido se registran alrededor de 44.100 casos nuevos de cáncer colorrectal por año y más de 17.000 muertes anuales, mientras que más de nueve de cada diez diagnósticos se concentran en personas mayores de 50 años. No significa que solo pueda afectar a esa franja etaria, pero sí marca con claridad dónde está la mayor carga del problema.


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Uno de los cambios que más conviene mirar tiene que ver con los hábitos intestinales. El NHS señala como signo de atención que las heces se vuelvan más blandas, que aparezcan diarrea o constipación fuera de lo habitual, o que la persona necesite evacuar con una frecuencia distinta a la de siempre durante varias semanas. Esa alteración sostenida no confirma por sí sola un cáncer, pero sí merece consulta médica, sobre todo cuando se vuelve persistente.

Otra señal de peso es el sangrado rectal o la presencia de sangre en las heces. Puede verse roja, más oscura o incluso pasar desapercibida a simple vista y manifestarse después como anemia o agotamiento. En las guías oficiales aparece como uno de los motivos más claros para no esperar, porque requiere evaluación profesional aunque después la causa termine siendo otra.


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También conviene prestar atención a esa sensación rara de ir al baño y quedarse con la idea de que el intestino no terminó de vaciarse. El NHS incluye esa percepción entre los síntomas posibles, junto con la necesidad frecuente de evacuar aunque recién se haya ido al baño. Cuando ese cuadro se repite y se vuelve parte del día a día, deja de ser un malestar pasajero y pasa a ser algo que necesita revisión clínica.

El dolor abdominal, los cólicos, los gases repetidos, la hinchazón o incluso la aparición de un bulto en la panza también forman parte del repertorio que describen los servicios de salud. El punto no está en tomar cada dolor como un diagnóstico, sino en mirar el conjunto: si el abdomen molesta seguido, si los episodios se sostienen o si se combinan con cambios al evacuar, el cuadro merece ser estudiado. En varios materiales oficiales, el dolor aparece entre los síntomas que suelen acompañar los casos que se detectan fuera de los controles de rutina.


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Hay dos señales más que suelen desordenar la lectura porque muchas personas no las asocian de entrada con un problema intestinal: la pérdida de peso sin buscarla y la fatiga persistente. La baja inexplicable de peso puede aparecer cuando el cuerpo ya viene arrastrando un problema digestivo que altera el estado general, mientras que el cansancio puede estar vinculado con una pérdida lenta de sangre y con anemia por deficiencia de hierro. Por eso, cuando el agotamiento no cierra con el ritmo habitual de vida o aparece junto con otros síntomas digestivos, deja de ser un detalle menor.

Un dato importante para no caer en simplificaciones es que muchas otras afecciones pueden provocar síntomas parecidos. Hemorroides, trastornos digestivos funcionales, infecciones, inflamaciones u otras enfermedades intestinales pueden dar sangrado, dolor o cambios en las deposiciones. Justamente por eso, la recomendación no es asustarse ni sacar conclusiones por cuenta propia, sino consultar para que un profesional evalúe el cuadro y defina qué estudio hace falta.


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La otra gran herramienta que aparece una y otra vez en las guías es el rastreo en personas sin síntomas. El NCI y el NHS remarcan que los programas de screening ayudan a encontrar el cáncer en etapas iniciales y que algunos estudios también detectan pólipos que pueden retirarse antes de que se vuelvan malignos. En el Reino Unido, por ejemplo, el test casero de materia fecal se ofrece a personas de 50 a 74 años, mientras que en Estados Unidos varios grupos recomiendan iniciar el rastreo regular desde los 45 años en población de riesgo promedio.

La colonoscopia ocupa un lugar central dentro de esa estrategia porque no solo permite ver el colon y el recto, sino también actuar sobre lesiones precancerosas en el mismo procedimiento. Esa posibilidad de encontrar y extirpar pólipos explica por qué la detección temprana cambia tanto el pronóstico y por qué los sistemas de salud insisten en sostener programas de control antes de que aparezcan síntomas. Cuando el cáncer colorrectal se descubre temprano, la discusión ya no gira solo alrededor del tratamiento, sino de cuánto pudo adelantarse el diagnóstico.


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La enseñanza de fondo no pasa por vivir en estado de vigilancia permanente, sino por no banalizar señales que el cuerpo sostiene en el tiempo. Un cambio persistente al evacuar, sangre en las heces, dolor abdominal repetido, debilidad o una baja de peso sin explicación no deberían quedar archivados como si nada. En salud, muchas veces la diferencia no la marca un síntoma aislado, sino la decisión de consultarlo antes de que sea tarde.

Fuente: LA NACION, NHS, Instituto Nacional del Cáncer.

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