El ADN confirmó que la mano hallada en Caleta Olivia era de un hombre desaparecido hace tres meses

Policiales28/03/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La pericia genética cerró una etapa de la búsqueda del vecino desaparecido en diciembre, pero la familia exige que el caso avance como un crimen.

Mario García. Foto La Opinión Austral
Mario García. Foto La Opinión Austral

La investigación por la desaparición de Mario “Pato” García dio un giro decisivo en Caleta Olivia después de que una pericia genética confirmara que la mano hallada en un descampado pertenecía al hombre buscado desde el 8 de diciembre de 2025. El resultado terminó con una incertidumbre central del caso y convirtió una búsqueda de más de tres meses en una causa atravesada por la certeza de la muerte. Aun así, lejos de traer alivio, la novedad abrió una discusión más áspera entre la familia y la Justicia sobre el rumbo que debe tomar el expediente.

La identificación llegó después de un estudio de ADN que comparó el material recuperado con el perfil genético de José García, hermano de la víctima. Según la información publicada, el laboratorio determinó una compatibilidad total, algo que reforzó además resultados previos obtenidos por huellas dactilares. La conclusión forense dejó fuera de duda el origen de la mano, aunque no resolvió todavía si los demás restos encontrados en la zona corresponden a la misma persona.


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La reacción de la familia apuntó enseguida a ese punto inconcluso, pero también al sentido general de la causa. “El ADN al que sometieron a mi hermano es 100% compatible con la mano que encontraron”, sostuvo Gisella Cruz, una de las hermanas de Mario, al remarcar el peso de la pericia. Desde esa confirmación, el reclamo dejó de girar sólo alrededor de la búsqueda y pasó a concentrarse en la necesidad de que el expediente se investigue como un homicidio.

Esa exigencia convivió, sin embargo, con un límite técnico que hoy condiciona el avance del caso. Según relató la propia hermana, las autoridades les comunicaron que por ahora “no se puede investigar como un homicidio” porque no cuentan con el laboratorio necesario para cotejar todas las partes recuperadas y establecer si pertenecen a la misma persona. Esa carencia obligará a trasladar los restos óseos desde Río Gallegos hacia Buenos Aires, donde se realizará un examen integral de compatibilidad genética cuyos plazos todavía no fueron definidos.


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La demora en esa instancia alimenta la tensión de la familia con el proceso judicial. “A él me lo llevaron, no se fue. Él no quiso irse, habló de más y alguien lo tocó. A alguien le molestó, por eso se lo llevaron, por eso me lo mataron”, denunció públicamente Gisella, al insistir en que la hipótesis criminal no debería quedar sujeta a una discusión técnica. Más adelante reforzó esa postura con otra frase igual de contundente: “por más que me digan que no es un homicidio, es un homicidio”.

El hallazgo que cambió la investigación no ocurrió ahora, sino el 21 de enero de este año, cuando un vecino encontró restos humanos en una zona descampada mientras hacía ejercicio físico. A partir de esa denuncia, las autoridades activaron tareas periciales para identificar cada una de las partes halladas y ordenaron nuevos rastrillajes en el sector. El caso empezó entonces a moverse entre la búsqueda del desaparecido y la necesidad de reconstruir el origen de esos restos en un terreno todavía marcado por el desconcierto.


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La causa, además, sigue bajo secreto de sumario, de modo que varios datos centrales permanecen resguardados. Pese a eso, ya se sabe que hay un hombre y una mujer mayores de edad detenidos desde comienzos de marzo por su presunta vinculación con la desaparición. Las aprehensiones se realizaron en el barrio 2 de Abril, el mismo sector donde García fue visto por última vez, aunque hasta el momento no trascendieron identidades ni cargos precisos.

Ese último registro sobre el paradero de Mario también conserva un peso decisivo en el expediente. Según consta en la investigación, el hombre subió de forma voluntaria a la parte trasera de una camioneta blanca cerca de las 14 horas del 8 de diciembre en el barrio 2 de Abril. Desde ese momento se perdió todo contacto con él y no volvió a haber noticias ciertas sobre su ubicación hasta que apareció la mano en enero.


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La gravedad que fue tomando la desaparición ya había llevado incluso al Ministerio de Seguridad Nacional a ofrecer una recompensa de 5 millones de pesos para quien aportara información certera sobre su localización, siempre que esa persona no tuviera implicancia en el hecho. Ese recurso mostró que, aun antes de la confirmación genética, las autoridades ya consideraban el caso como una desaparición de alto impacto. Hoy, con la pericia de ADN ya incorporada, la investigación entró en otra etapa, marcada por una certeza parcial, restos todavía por identificar y una familia que reclama que la muerte de Mario García no quede encuadrada como una incógnita técnica, sino como un crimen que debe esclarecerse.

Fuente: Infobae.

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