
Crece la preocupación por la presencia de jabalíes en Santa Cruz desde Neuquén, Río Negro y Chubut
Enfoques29/03/2026
REDACCIÓNLa presencia de esta especie exótica en la meseta del lago Buenos Aires encendió una alarma científica por el daño sobre humedales, fauna y suelos frágiles.

Un jabalí apareció en la meseta del lago Buenos Aires y ese registro cambió la escala de la preocupación en Santa Cruz. El problema ya no pasa solo por la expansión de una especie exótica en el territorio, sino por su llegada a lagunas donde durante el verano nidifican los macáes tobianos, una de las aves más sensibles del ecosistema patagónico. Para la Fundación Macá Tobiano, ese acercamiento a zonas de reproducción volvió el tema mucho más delicado.
La advertencia salió de Laura Fasola, doctora en Biología y secretaria de la fundación, que remarcó que el registro reciente no puede leerse como una excepción. “No es un hecho aislado, los jabalíes se vienen registrando en la zona noroeste de Santa Cruz desde el 2022-2023”, señaló al explicar que los avistamientos se sostienen desde hace varios años. La diferencia, remarcó, es que ahora esos animales ya aparecieron arriba de la meseta, en cercanía con ambientes que el macá tobiano usa para nidificar.


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Ese dato se vuelve todavía más inquietante por otra razón: hoy no existe, según la propia investigadora, un monitoreo sistemático sobre la especie en la provincia. “Que sepamos, en la provincia no hay ningún tipo de monitoreo que se esté haciendo por alguna organización gubernamental o no gubernamental”, sostuvo Fasola. Frente a esa ausencia, la fundación decidió avanzar por cuenta propia con un seguimiento en la zona aledaña a la meseta del lago Buenos Aires para intentar medir la magnitud real del problema.
La expansión del jabalí tampoco apareció de golpe en el mapa santacruceño. Fasola explicó que se trata de un frente de invasión que viene bajando de norte a sur desde hace décadas, después de que la especie fuera llevada inicialmente a La Pampa con fines cinegéticos y luego trasladada a Neuquén. Desde allí siguió su avance por Neuquén, Río Negro y Chubut hasta alcanzar Santa Cruz, aunque todavía no está claro si los individuos que hoy se detectan ingresan de manera directa desde Chubut o si también lo hacen desde Chile.
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El daño que puede dejar ese avance no se limita a un avistamiento llamativo ni a una postal extraña en la estepa. La especialista explicó que el jabalí es omnívoro y, al buscar alimento, no solo consume frutos sino también raíces, con un comportamiento que remueve las capas superficiales del suelo. “Hace remociones como si pasara un arado por grandes áreas”, dijo, y agregó que esa degradación aumenta la desecación del suelo, destruye la cobertura vegetal y reduce la capacidad de regeneración en un contexto de sequía.
A ese impacto ambiental se suma el efecto directo sobre la fauna silvestre y sobre la producción. Fasola advirtió que el jabalí “preda sobre animales silvestres” y que en zonas con cría ovina incluso puede atacar corderos. Esa combinación entre presión sobre la biodiversidad y riesgo para la actividad ganadera agranda el problema mucho más allá del área puntual donde fue filmado uno de estos ejemplares.
La preocupación también alcanza a la sanidad animal y humana. La investigadora recordó que el jabalí puede cruzarse con el cerdo doméstico, una situación que deriva en una degeneración de la cría por tratarse de la misma especie en estado domesticado y silvestre. A la vez, remarcó que actúa como vector de enfermedades “de importancia agropecuaria, pero también zoonótica”, es decir, con implicancias también para la salud humana.
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El cuadro no termina ahí, porque la circulación de estos animales también mete presión sobre rutas e infraestructura rural. Fasola señaló que pueden llegar a pesar 100 kilos, lo que vuelve riesgosa su presencia cerca de caminos transitados, y agregó que además destruyen alambrados. En esa suma de efectos, la invasión deja de ser un tema acotado a la conservación y empieza a tocar producción, seguridad vial y manejo del territorio.
La zona que la fundación quiere observar con más detalle no fue elegida al azar. Se trata de ambientes húmedos dentro de la estepa patagónica, con lagunas, juncales y mallines donde no solo se mueve el macá tobiano, sino también la gallineta chica y otra avifauna monitoreada desde hace años. “Estamos decididos a iniciar un monitoreo de la especie y tratar de encontrar una estrategia para mitigar el impacto del jabalí”, adelantó Fasola al explicar que estos animales buscan justamente agua y sectores de mayor humedad.
La salida inmediata que plantea la fundación pasa por reunir información antes de que el avance gane todavía más terreno. “Es importante denunciar la presencia de jabalíes para tener un conocimiento ajustado de la distribución y de los lugares donde está la especie”, sostuvo la bióloga, al pedir que cualquier avistamiento sea reportado al Consejo Agrario Provincial o a la propia organización. Lo que hoy preocupa en la meseta del lago Buenos Aires, en definitiva, ya dejó de ser una rareza aislada y empezó a perfilarse como un problema de manejo ambiental para toda la provincia.
Fuente: La Opinión Austral















