Tras 16 años de promesas, la comisaría de Kilómetro 8 ya tiene fecha y reordena la seguridad en zona norte

Chubut06/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La obra volvió a ponerse en marcha en Comodoro Rivadavia y el Gobierno la presenta como una pieza clave para descomprimir la Alcaidía, reforzar patrullajes y ampliar el control en varios barrios.

avanza la Comisaría del Kilómetro 8
Avanza la Comisaría del Kilómetro 8

La seguridad en la zona norte de Comodoro Rivadavia volvió a concentrarse en una obra que durante años fue más reclamo que realidad. La reactivación de la Comisaría de Kilómetro 8 cambió ese estado de espera y le puso un horizonte concreto a una demanda que llevaba más de una década y media sin resolverse. Ahora, el Gobierno provincial asegura que el edificio estará listo antes de fin de año y lo ubica dentro de una estrategia más amplia para reforzar presencia policial en la ciudad.

La importancia de esta obra no está solamente en el ladrillo. En una ciudad donde la distancia entre barrios, la circulación y los tiempos de respuesta pesan tanto como la cantidad de efectivos, una nueva dependencia policial modifica la lógica territorial de la seguridad. Por eso, el avance en Don Bosco no se presenta solo como una inauguración pendiente, sino como una intervención que busca redistribuir recursos y aliviar estructuras hoy sobrecargadas.

El gobernador Ignacio Torres recorrió el lugar junto a autoridades policiales, funcionarios provinciales, legisladores y concejales, y volvió a apoyarse en una idea que viene repitiendo en distintos frentes de gestión: la de cumplir con reclamos postergados. “Antes de fin de año, el destacamento estará en condiciones de ser inaugurado, en un barrio que realmente lo necesita”, afirmó durante la visita, al tiempo que remarcó que se trata de una deuda que la zona arrastraba desde hace 16 años.


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El proyecto no apunta a una sede menor ni a una estructura provisoria. Según lo informado, será el segundo edificio policial de mayor dimensión en Comodoro Rivadavia y contará también con módulos de detención, un dato clave para entender su función dentro del sistema de seguridad local. Esa infraestructura permitirá no solo atender la demanda operativa de la zona, sino también descomprimir la Alcaidía, uno de los puntos más tensos del circuito de alojamiento transitorio.

Ese cambio operativo puede repercutir de manera directa sobre varios barrios del sector norte. La nueva comisaría está pensada para fortalecer el trabajo policial en Don Bosco, Restinga Alí, Fontana y Standard Norte, áreas que hasta ahora dependen de un esquema de cobertura menos cercano. En una ciudad fragmentada por distancias y tiempos de traslado, la ubicación de una dependencia no es un detalle administrativo: es parte de la capacidad real de respuesta.

La obra se levanta sobre un terreno ubicado entre la avenida Alejandro Maíz y la calle Guillermo Larreguy. El edificio tendrá 600 metros cuadrados e incluirá un sector administrativo, un área de detención transitoria con acceso independiente, guardia, espacios de atención al público, oficinas operativas y dependencias específicas para el personal policial. La magnitud del proyecto refuerza la idea de que no se trata de un puesto auxiliar, sino de una estructura destinada a reordenar una parte sensible del mapa de seguridad comodorense.

Torres buscó además convertir el reinicio de la obra en una señal política hacia los vecinos. “Hace diez días nos reunimos con la asociación vecinal del barrio Don Bosco y planteamos la necesidad de reactivar una obra que fue postergada durante 16 años”, sostuvo. Después cerró esa línea con una frase que apunta directamente al contraste con las gestiones anteriores: “Nos comprometimos, y cumplimos”.


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Pero el Gobierno no quiere que esta comisaría quede leída como una intervención aislada. La incluye dentro de un plan integral de seguridad para Comodoro Rivadavia que también contempla la licitación de nuevas cámaras de videovigilancia y la integración de redes vecinales al Centro de Monitoreo. La idea es combinar presencia territorial con más capacidad de observación y prevención desde el sistema tecnológico.

En ese punto, el gobernador sumó un dato que muestra hacia dónde busca llevar esa modernización. Señaló que las nuevas cámaras contarán con reconocimiento facial, lo que según su visión permitirá optimizar el monitoreo y liberar recursos policiales para tareas en territorio. El planteo busca mostrar que el refuerzo de seguridad no dependerá exclusivamente de sumar móviles o agentes, sino también de redistribuir mejor los recursos disponibles.

La otra pata fuerte del discurso oficial estuvo puesta en el narcomenudeo, al que Torres volvió a definir como uno de los factores que más deterioran la vida barrial. En su explicación, el problema no pasa solo por los puntos de venta, sino por la frustración que genera en los vecinos ver allanamientos que no logran desactivar de forma duradera esas estructuras. Por eso vinculó la discusión con una eventual desfederalización de ese fuero.


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El mandatario sostuvo que, si ese cambio se concreta, la provincia podrá intervenir con fiscales especializados y asumir una acción más directa sobre las causas. “El narcomenudeo es un flagelo que genera violencia en los barrios”, afirmó, y agregó que el sistema federal hoy no logra responder con la velocidad que este tipo de delitos exige. Según explicó, la provincia ya trabaja con Nación para definir una partida presupuestaria y una mesa conjunta con la Justicia Federal y el Ministerio de Seguridad y Justicia.

Así, la comisaría de Kilómetro 8 empieza a funcionar como algo más que una obra pública pendiente. Es, al mismo tiempo, una respuesta barrial, una herramienta de reorganización policial y una pieza de un esquema más ambicioso sobre vigilancia, territorio y lucha contra el narcomenudeo. Después de 16 años de espera, la discusión ya no pasa por si el edificio era necesario, sino por si este nuevo impulso logrará traducirse en una mejora visible para una de las zonas que más viene reclamando presencia del Estado.

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