La coqueluche volvió a crecer con más bebés expuestos por esquemas incompletos

Actualidad07/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Los casos confirmados siguen por encima de los años previos, con mayor peso en menores de un año y coberturas flojas en refuerzos y embarazo.

Tos convulsa
Tos convulsa

Las primeras 11 semanas epidemiológicas de 2026 ya dejaron 252 casos confirmados de coqueluche en la Argentina, y el grupo que concentra la mayor carga sigue siendo el de 0 a 5 años, con un predominio marcado de los menores de un año. Ese dato corre la discusión del terreno estadístico al sanitario más inmediato, porque el segmento más afectado coincide con el que más complicaciones puede sufrir frente a una infección respiratoria de alta transmisibilidad. El rebrote, además, ya se ubica por encima de los registros observados para el mismo período desde 2019.

Ese arranque de 2026 no aparece como un episodio aislado ni como un pico excepcional sin antecedentes. Durante 2025 se notificaron 6.830 casos sospechosos, se confirmaron 1.206 y se registraron 11 fallecimientos, todos en menores de 2 años, en lo que fue el año con mayor incidencia desde 2020 según la reconstrucción citada por Noticias Argentinas y la actualización epidemiológica regional de la OPS, que ubica a la Argentina con 1.210 confirmados en el cierre del año. La curva, lejos de replegarse, siguió activa al comenzar 2026.


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La gravedad del cuadro no se explica sólo por la cantidad de contagios, sino por el tipo de enfermedad y por dónde pega con más fuerza. La doctora Natalia Chillo recordó que “La coqueluche es una enfermedad respiratoria aguda prevenible por vacunación que puede afectar a personas de todas las edades, aunque presenta mayor morbilidad y mortalidad en lactantes y niños pequeños”, y agregó que su transmisibilidad en hogares y ámbitos educativos vuelve central el diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno. En la práctica, eso significa que una tos que en adolescentes o adultos puede pasar inadvertida, en bebés puede escalar a cuadros mucho más severos.

El calendario nacional ya tiene definida desde hace años la arquitectura de protección frente a esta bacteria. La vacuna figura en el esquema de infancia con dosis a los 2, 4 y 6 meses, un refuerzo entre los 15 y 18 meses, otra aplicación a los 5 años, otra a los 11, y una dosis en cada embarazo después de la semana 20 para proteger a los recién nacidos en sus primeros meses de vida. También están contemplados el personal de salud que atiende a menores de 12 meses y convivientes de prematuros de muy bajo peso.


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El problema no está en la inexistencia de un calendario, sino en la pérdida de cobertura a medida que los esquemas avanzan. La nota de NA consigna que en 2024 las primeras dosis quedaron por debajo del 85%, el refuerzo de 15 a 18 meses bajó a 68,4%, el de 5 años cayó a 46,4%, el de 11 años quedó en 54,1% y la vacunación en embarazadas alcanzó 72,4%; a la vez, el Ministerio de Salud viene advirtiendo desde fines de 2025 que hay jurisdicciones con valores críticos, sobre todo en los refuerzos de 5 y 11 años. Ese deterioro es el que acumula personas susceptibles y ensancha la circulación de la bacteria.

La pediatra infectóloga Ximena Juárez, del Hospital Pedro Elizalde y miembro de la SADIP, lo llevó del boletín a la guardia. “En el Hospital Elizalde registramos un aumento significativo de casos, algunos con necesidad de internación y es de destacar que una gran proporción de estos niños no contaba con el esquema completo de vacunación para coqueluche”, señaló. La observación no sólo confirma la suba, sino que conecta de manera directa la internación con los huecos en la inmunización.


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El fenómeno tampoco quedó encerrado en la Argentina. La OPS describió un repunte regional después del piso de 3.284 casos alcanzado en 2022: la región pasó a 11.202 en 2023 y a 66.184 en 2024, y luego mantuvo una circulación elevada durante 2025, con varios países reportando incrementos. En esa actualización epidemiológica aparecen Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, México, Panamá, Paraguay y Perú entre los países con subas notificadas.

La lectura sanitaria que dejan esos números es bastante concreta. Cuando la cobertura baja en lactantes, embarazadas y refuerzos escolares, el sistema pierde parte de la barrera que protege a quienes todavía no completaron su esquema o dependen de la inmunidad del entorno para atravesar los primeros meses de vida. Por eso Chillo insistió en que “su elevada transmisibilidad” vuelve indispensable cortar a tiempo la cadena de contagios y no esperar a que el cuadro se vuelva evidente en los grupos de mayor riesgo.


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Lo que queda por delante no es una discusión abstracta sobre prevención, sino una tarea concreta de recuperación de esquemas atrasados, diagnóstico temprano y notificación sostenida. La bacteria ya mostró durante 2025 y en el arranque de 2026 que sigue encontrando espacio para circular, y los chicos más pequeños siguen apareciendo en el centro del impacto. Ahí está hoy el límite más delicado: la vacuna está disponible en el calendario oficial, pero la protección real se resiente cuando las dosis no llegan a tiempo.

Fuente: NA.

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