
Bárbara Rocío Granado Schonholz era médica, se había formado en la UBA y en el Ramos Mejía, y su muerte dejó un dolor profundo en su familia, colegas y pacientes.

El nombre de la mujer que murió aplastada por un colectivo de la línea 134 en Villa Devoto ya tiene detrás una historia personal y profesional que empezó a emerger con fuerza entre despedidas, posteos y mensajes de afecto. Se trata de Bárbara Rocío Granado Schonholz, médica neuróloga de 31 años, cuya identidad fue confirmada por fuentes policiales luego del hecho ocurrido en el cruce de Chivilcoy y Nazarre. La reconstrucción de estas horas ya no se detiene solo en el accidente, sino que empieza a mostrar quién era la joven cuya muerte sacudió de lleno a su entorno más cercano.
La primera despedida pública llegó desde la voz del padre, Carlos Granado, que eligió sus redes sociales para comunicar una pérdida devastadora. “Hola, quiero notificar a todos mis conocidos y mis parientes que la de la foto es mi hija Bárbara. Doctora, neuróloga, ayer un accidente de colectivo en Devoto me la arrebató y está en la morgue judicial”, escribió. Ese mensaje, además de confirmar la identidad, condensó el tono íntimo y brutal con el que la noticia empezó a circular entre allegados, colegas y conocidos de la médica.


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La madre de Bárbara, Alicia Schonholz, también la despidió con un mensaje cargado de dolor y memoria. “Hace dos días, en un accidente de tránsito, partió mi amada hija. No hay palabras para describir tanto dolor!!! Vuela alto mi niña y gracias por estar conmigo 31 años!!!”, publicó junto a una imagen de su hija con diploma y uniforme médico. Esa escena familiar quedó en el centro de una jornada donde el caso sumó repercusión pública, pero donde al mismo tiempo tomó cuerpo el perfil humano de una profesional querida por distintas personas de su círculo.
Bárbara era médica especialista en neurología de adultos, graduada en la Universidad de Buenos Aires. Había hecho su residencia en el Hospital General de Agudos Ramos Mejía y además trabajaba en una clínica privada, mientras que su mamá también forma parte del ámbito sanitario como médica del Hospital Posadas. Ese recorrido la ubicaba dentro de una familia atravesada por la medicina y por una formación profesional que, según distintas expresiones recogidas en la fuente, era valorada tanto por su preparación como por su trato con los pacientes.
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Desde el Servicio de Neurología del Hospital Ramos Mejía llegó una de las despedidas más sentidas en el plano profesional. “Barby, tuvimos la suerte de conocerte en nuestro hospital y compartir 4 años de residencia llenos de trabajo, aprendizaje y también muchas risas. Estuvimos en las buenas y en las malas, supimos escucharnos y acompañarnos, y en ese camino nos fuimos conociendo. Vas a quedar siempre en nuestro recuerdo. QEPD”, publicaron en Instagram. El mensaje refuerza la dimensión de una trayectoria joven, todavía en expansión, que había dejado vínculos estrechos dentro del hospital donde se formó.
Su presencia profesional también aparecía en redes con otra marca: la divulgación de su especialidad y el interés por instalar la relevancia de la neurología en la vida cotidiana. La fuente señala que en agosto del año pasado había compartido que había terminado su residencia en el Ramos Mejía y que además publicaba contenidos destinados a visibilizar la importancia de esa rama médica en el abordaje de patologías del sistema nervioso. Ese dato suma una capa distinta al perfil de Bárbara, porque la muestra no solo como médica en ejercicio sino también como una profesional activa en la difusión de su campo.
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Los testimonios que empezaron a circular después de su muerte fueron armando una imagen muy definida sobre su manera de trabajar y de vincularse con los demás. La fuente recoge que pacientes y colegas le dedicaron palabras de reconocimiento y cariño, y que algunas compañeras de la Unidad Docente Hospitalaria del Hospital Posadas la describían como alguien brillante, inteligente y siempre dispuesta a ponerse al servicio de quienes atendía. En ese mismo sentido, un amigo del padre la resumió con una frase directa: “Era una mujer muy buena como toda su familia, recibida de doctora, magnífica estudiante y querida, buena profesional como sus hermanos y padres. Siempre será recordada”.
También volvió a circular un posteo de diciembre de 2019, cuando Bárbara se recibió de médica, y ese recuerdo terminó de mostrar cuánto pesaba para su familia ese recorrido de estudio y esfuerzo. En aquel mensaje, su padre había escrito: “Con su capacidad e inteligencia, su esfuerzo y perseverancia logró su sueño”, en una dedicatoria extensa donde además hablaba del orgullo que sentía por sus hijos y del acompañamiento de la madre. Recuperar hoy esas palabras le da otra dimensión a la noticia, porque enlaza el desenlace trágico con años de formación y con una historia familiar atravesada por el sacrificio y la vocación.
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En paralelo con esas nuevas precisiones sobre su vida, la causa sigue su curso con algunos datos ya definidos sobre el conductor y la investigación judicial. El chofer de la línea 134, Víctor Salerno, de 40 años, fue retenido inicialmente para realizarle el test de alcoholemia, cuyo resultado dio negativo, y luego recuperó la libertad el sábado. La fuente agrega que llevaba apenas cuatro meses trabajando en la empresa, aunque tenía experiencia previa en otras compañías, y que el expediente quedó en manos del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 29, a cargo de la jueza Carina Nancy Rodríguez, bajo la carátula de “averiguación de homicidio”.

















