Chile puso en marcha la etapa más dura del plan migratorio de Kast con 40 expulsados

Actualidad17/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El primer vuelo oficial partió hacia Bolivia, Ecuador y Colombia y convirtió una promesa de campaña en un dispositivo de expulsión continua.

José Antonio Kast
José Antonio Kast

Cuarenta extranjeros dejaron Chile este jueves en un vuelo que salió como primer operativo de expulsión de la nueva administración. La aeronave contempló escalas en Santa Cruz de la Sierra, Quito y Bogotá, donde los pasajeros serían entregados a las autoridades migratorias de sus países. La escena tuvo algo más que volumen numérico: mostró en el aire una decisión política que hasta ahora había circulado como consigna de campaña.

El dato central del episodio no pasa sólo por la salida del avión, sino por el momento en que ocurrió. José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile el 11 de marzo de 2026, y este operativo apareció apenas en el primer tramo de su mandato, como una señal de ejecución rápida sobre uno de los temas que más explotó electoralmente. El Gobierno eligió así convertir el control migratorio en uno de sus primeros gestos materiales de poder.


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La administración chilena presentó el vuelo como el comienzo de un “sistema continuo de expulsiones”. En el comunicado oficial, además, sostuvo que la medida “marca el inicio de una política permanente de control migratorio”, con despliegues aéreos y terrestres sin pausa. Ese lenguaje no describe un operativo aislado, sino el lanzamiento de una mecánica estatal que busca repetirse y sostenerse en el tiempo.

Dentro del grupo expulsado hubo personas alcanzadas por medidas administrativas por ingreso irregular y otras con órdenes judiciales vinculadas a delitos como robo o tráfico de drogas. Reuters informó que entre los 40 expulsados había 25 casos administrativos y 15 judiciales, una composición que muestra que el Gobierno mezcló en un mismo vuelo dos universos distintos de la política migratoria: la irregularidad documental y la persecución penal. Esa combinación le dio al operativo un peso simbólico mayor que el de una simple devolución fronteriza.


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La ruta elegida también habla del mensaje que quiso construir La Moneda. El avión no salió hacia un único destino, sino que encadenó Bolivia, Ecuador y Colombia, tres escalas que mostraron una lógica regional para materializar expulsiones en una sola operación. El traslado, además, permitió exhibir capacidad de coordinación estatal en un tema que Kast colocó desde el inicio como una frontera entre su gobierno y el ciclo anterior.

Esa decisión no apareció sola. Un mes antes, el presidente había visitado las primeras obras de una zanja en la frontera norte con Perú dentro del Plan Escudo Fronterizo, una medida pensada para frenar el ingreso irregular y endurecer el control territorial. El vuelo de este jueves se conecta con ese mismo libreto: menos discurso abstracto sobre migración y más imágenes concretas de control, expulsión y frontera.


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El Gobierno acompañó este movimiento con otro argumento: la caída de las denuncias por ingreso clandestino durante su primer mes. Medios chilenos reportaron que el oficialismo viene mostrando esa baja como prueba de que su presión política ya está produciendo efectos, incluso antes de que exista una secuencia larga de expulsiones consumadas. En ese marco, el vuelo funcionó como una vidriera para transformar estadísticas favorables en una postal visible de autoridad.

También hay un costado menos resuelto que el Ejecutivo evitó despejar por completo. Reuters señaló que el Gobierno chileno no informó con qué frecuencia repetirá estos vuelos, pese a presentarlos como parte de una política continua. Ahí aparece el punto más delicado del anuncio: el primer avión ya salió, pero la prueba verdadera será sostener regularidad, recursos y coordinación diplomática sin que el esquema se agote en un golpe de efecto inicial.


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La medida ya quedó instalada como la expresión más concreta del giro migratorio de Kast desde que llegó a La Moneda. El vuelo cerró la etapa de la promesa y abrió la de la ejecución, con un mensaje pensado tanto para la frontera como para la política interna chilena. Lo que sigue ahora no depende de la espectacularidad del despegue, sino de la capacidad oficial para convertir ese primer operativo en una rutina real y sostenida.

Fuente: NA, Reuters, Gobierno de Chile, El País.

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