
Estancia La Antonieta invita a disfrutar de los elefantes marinos en un ambiente totalmente libre
Turismo21/05/2026
REDACCIÓNGuido Moretti explicó cómo la estancia combina conservación, visitas guiadas, investigación científica y educación para cuidar al elefante marino del sur.

Los elefantes marinos descansan sobre la costa de Estancia La Antonieta sin corrales, sin encierro y sin escenas preparadas para el visitante. La experiencia turística se organiza alrededor de una premisa simple: observarlos en su ambiente natural sin alterar sus ciclos. La distancia no la decide la persona que llega con una cámara, sino el propio animal que marca hasta dónde permite acercarse.
La reserva, ubicada en la zona de Dos Pozos, forma parte de un paisaje chubutense donde la fauna marina convive con el turismo rural y la investigación científica. En una entrevista realizada en #LA17, Guido Moretti explicó que el trabajo de conservación busca mostrar al elefante marino del sur como una especie valiosa, muchas veces menos nombrada que la ballena o el pingüino. Según remarcó, para quienes viven en la región puede parecer un animal habitual, pero para visitantes de otros lugares representa un encuentro imposible de tener en sus propios países.


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Moretti eligió una comparación simple para dimensionar la diferencia entre especies costeras. Dijo que los lobos marinos pueden pensarse como camionetas doble cabina, sin desmerecerlos, mientras los elefantes marinos son “camiones” por su tamaño y presencia. Con esa imagen buscó explicar que se trata de animales enormes, propios del hemisferio sur, que encuentran en la costa chubutense un espacio central para su ciclo de vida.
La Antonieta también fue parte de una experiencia científica relevante para conocer mejor a la especie. En 2019, un equipo del Conicet encabezado por la doctora Mirta Lewis realizó allí una primera experiencia continental vinculada al estudio del elefante marino. Moretti recordó que la tarea fue posible gracias a un camino costero habilitado para evacuación y limpieza, que permitió bajar equipos hasta la playa para pesar un ejemplar.
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El dato muestra la escala del animal que se protege en la estancia. Según relató Moretti, una hembra pesó 648 kilos y medía más de tres metros de largo, porque sobresalía de la red utilizada durante el trabajo. Esa medición permitió acercar la investigación científica a un territorio donde la conservación no queda separada del manejo cotidiano de la reserva.
Las visitas se realizan con acompañamiento y con reglas claras para evitar molestias sobre la fauna. Moretti explicó que la estancia accede a la costa con un fin recreativo, pero siempre desde el respeto por el comportamiento de los animales. En ese sentido, sostuvo que existe una especie de burbuja de distancia y que “la distancia siempre la pone el animal, no la pone el humano”.
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Esa regla adquiere más importancia durante la temporada reproductiva. Moretti señaló que en agosto llegan los machos alfa y que, si son molestados, pueden abandonar el lugar antes de que se formen los harenes. Si eso ocurre, no llegan las hembras, no nacen crías y la colonia de reproducción pierde continuidad, por eso insistió en que no se debe pescar, hacer fuego, acercarse demasiado o buscar una selfie al lado de un elefante.
La educación aparece como una parte central del proyecto. Moretti contó que trabajan para que puedan llegar estudiantes de escuelas a través de la fundación, aunque ese tipo de salidas requiere una logística más compleja. La intención es que los chicos aprendan qué se puede hacer y qué no frente a la fauna, porque después serán quienes transmitan ese cuidado a familiares, visitantes y personas de otros lugares.
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La estancia también difunde historias que ayudan a pensar el valor de ver animales libres. Moretti mencionó el caso de Ronald, un elefante marino que vivió en cautiverio en la Alemania nazi y cuya historia fue compartida en redes sociales. Como homenaje, adelantó que en octubre, durante la temporada de reproducción, bautizarán a un ejemplar con ese nombre para recordar una vida muy distinta a la de los elefantes que hoy pueden observarse libres en Chubut.
El turismo en La Antonieta funciona con mayor fuerza durante la temporada de pingüinos, porque la estancia es vecina de Punta Tombo y muchos visitantes combinan ambos recorridos. En temporada baja, Moretti realiza avistajes de manera particular y con cupos reducidos, ya que los costos dificultan mantener la operación abierta todo el año. Aun así, destacó que cada vez más familias de Puerto Madryn, Trelew, Rawson y Comodoro Rivadavia se acercan para pasar el día y conocer la costa.
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El acceso asfaltado es uno de los puntos que facilita la llegada hasta la estancia. Moretti subrayó que se trata de una de las pocas opciones de elefantería con ese tipo de acceso, lo que permite recibir incluso visitantes en moto. Además, sumaron un paseo en carro rural desde el casco hasta la costa, un recorrido de unos diez kilómetros donde se pueden observar guanacos, caballos, fauna terrestre y animales de campo antes de llegar al sector marino.
La experiencia deja una idea concreta sobre el turismo de naturaleza en Chubut. No alcanza con ver animales cerca, porque el valor está en observarlos sin forzar su conducta ni convertirlos en un fondo para fotografías. El límite pendiente será sostener ese aprendizaje en cada visita, para que la conservación del elefante marino del sur dependa tanto de la información científica como del comportamiento responsable de quienes llegan a la costa.

















