
La “Ferrari” de las impresoras 3D ya construye casas de hormigón en Argentina
Enfoques27/05/2026
REDACCIÓNLa tecnología permite levantar estructuras de 120 metros cuadrados en 48 horas, con supervisión humana, menos desperdicio y reducción de costos.

La impresión 3D de hormigón dejó de ser una promesa lejana para convertirse en una herramienta concreta dentro del mercado argentino de la construcción. La startup Grondplek, cofundada por Mateo Salvatto junto a tres socios, trajo al país una máquina fabricada en Dinamarca por la firma Cobod. El equipo ya es presentado como una de las tecnologías más avanzadas de la región para construir estructuras de cemento de forma rápida y eficiente.
El sistema llega en un momento en el que los desarrolladores buscan reducir tiempos de obra sin resignar calidad. En el sector inmobiliario, los costos de construcción siguen siendo una de las mayores presiones para nuevos proyectos. Frente a ese escenario, acortar plazos aparece como una de las pocas variables disponibles para ganar competitividad. Ahí es donde la impresión 3D empieza a mostrar su potencial.


La máquina tiene dimensiones imponentes: mide aproximadamente 11 metros de ancho, 11 de largo y 7 de alto. Funciona con una planta mezcladora compacta que bombea hormigón hacia un cabezal impresor. Ese cabezal deposita el material capa por capa, siguiendo un diseño digital previamente cargado. El resultado es una estructura que crece con precisión y velocidad sobre el terreno.
El material utilizado combina hormigón convencional con un 2% de aditivos locales, entre plastificantes y acelerantes. Esa mezcla se ajusta según las condiciones climáticas de cada obra, lo que permite adaptar el proceso a diferentes entornos. La tecnología no elimina la intervención humana, pero sí transforma la forma en que se ejecuta la etapa estructural.
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El dato que más impacto genera es el tiempo de obra. Con este método, una vivienda de 120 metros cuadrados puede tener lista su obra gris en apenas 48 horas. Ese avance incluye estructura, paredes, escaleras y mesadas. Luego, los trabajadores continúan con terminaciones, instalaciones, detalles finales y supervisión general del proceso constructivo.
Salvatto remarcó que la tecnología no reemplaza por completo al oficio humano. “Las terminaciones, la operación y la supervisión de la máquina necesita al humano”, explicó. Esa aclaración es central para entender el modelo: la impresora acelera y optimiza una parte crítica de la obra, pero los equipos de trabajo siguen siendo necesarios para completar la vivienda.

Entre los beneficios que destaca la empresa aparece la reducción de costos. Según Grondplek, el sistema puede bajar hasta un 30% el valor de mercado de una propiedad. También reduce desperdicios, porque la máquina utiliza solo el material necesario para cada etapa. En un sector donde los sobrantes suelen generar pérdidas económicas y ambientales, ese punto se convierte en una ventaja relevante.
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Las viviendas impresas cuentan con doble pared y cámara de aire, lo que mejora el aislamiento térmico y la eficiencia energética. La empresa también sostiene que las estructuras son antisísmicas. Además, el sistema permite crear formas curvas, orgánicas y diseños que en la construcción tradicional resultarían más costosos o complejos de ejecutar.
La tecnología también puede ir más allá de las viviendas. Al funcionar como una fábrica de premoldeados portátil, la impresora puede trasladarse, nivelarse en el terreno y operar en proyectos de ingeniería civil, obras de infraestructura o campamentos mineros. Esa flexibilidad abre una posibilidad interesante para regiones donde los tiempos, la logística y la disponibilidad de mano de obra condicionan los desarrollos.
El proyecto comenzó a gestarse en 2021 y recibió un impulso fuerte en 2025, cuando Grondplek se asoció con el grupo Techint para implementar la tecnología en el país. Hasta ahora, la startup ya cuenta con más de 500 metros cuadradosde hormigón impreso, más de 1.400 piezas producidas y una reducción comprobada del 35% en los tiempos de la etapa de obra gris.
La llegada de esta impresora marca un cambio en la conversación sobre construcción, costos y productividad. La impresión 3D ya no aparece solo como una innovación para maquetas o piezas pequeñas, sino como una alternativa capaz de intervenir en obras reales. El desafío será escalar el modelo, sostener la calidad técnica y demostrar que la velocidad también puede convivir con viviendas accesibles, eficientes y duraderas.














