Descubren en Córdoba un mamífero que la ciencia todavía no conocía

Actualidad18/06/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Investigadores argentinos identificaron la rata vizcacha de Guasapampa en Traslasierra, un roedor ligado a bosques nativos, rocas y bromelias.

Nueva rata vizcacha
Nueva rata vizcacha. Foto Infobae

La ciencia argentina encontró en Córdoba un mamífero que todavía no integraba los registros del conocimiento global. La nueva especie, identificada como rata vizcacha de Guasapampa, fue localizada en los bosques nativos del Parque Nacional Traslasierra, en una zona serrana donde las rocas, las laderas y la vegetación condicionan la vida de sus especies. El hallazgo no solo suma un nombre a la biodiversidad argentina, sino que confirma que todavía existen animales desconocidos incluso en territorios observados por especialistas. Ese dato vuelve más visible el valor de las áreas protegidas y del trabajo científico sostenido en el país.

El animal fue descripto científicamente como Apnoctomys conicetorum, un roedor que hasta este registro permanecía fuera de la clasificación conocida por la ciencia. Su aparición en el oeste cordobés cambia la lectura sobre la biodiversidad de Traslasierra, porque muestra que los bosques nativos todavía guardan información biológica sin documentar. El descubrimiento no surgió en un punto remoto del planeta, sino en el centro de la Argentina, dentro de un ambiente serrano con presión ambiental constante. Esa combinación entre cercanía, desconocimiento y valor natural vuelve relevante la identificación de la especie.


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La rata vizcacha de Guasapampa se distingue por una cola larga y un pelaje abundante, dos rasgos destacados por los investigadores que estudiaron su presencia en el terreno. Las observaciones de campo también permitieron describirla como un verdadero “acróbata de las rocas”, por su capacidad para moverse con velocidad entre relieves abruptos y paredones serranos. Esa habilidad no aparece como un detalle menor, porque define su relación con el ambiente donde vive. El cuerpo, el movimiento y la conducta del animal quedan directamente ligados a la geografía rocosa de Guasapampa.

El entorno donde fue hallada la especie resulta tan importante como el animal descripto. La rata vizcacha vive entre bosques nativos, sectores rocosos y bromelias, plantas que forman parte central de su alimentación. Esa dieta específica muestra una dependencia estrecha entre el roedor y las condiciones serranas del Parque Nacional Traslasierra. Cuando una especie necesita un ambiente tan determinado, cualquier alteración fuerte sobre ese territorio puede afectar su permanencia. Por eso, el hallazgo también pone en primer plano la fragilidad de los ecosistemas que todavía conservan biodiversidad poco conocida.


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El nombre científico de la especie contiene un reconocimiento directo a la ciencia pública argentina. La denominación conicetorum fue elegida como homenaje al personal del CONICET, desde investigadores y becarios hasta técnicos, administrativos y equipos de apoyo. También se destaca el rol de la Administración de Parques Nacionales, cuya presencia territorial permite conservar áreas donde estos hallazgos todavía pueden ocurrir. El nombre, entonces, no funciona solo como una etiqueta taxonómica. También deja registrado el entramado institucional que hizo posible conocer una especie nueva para la ciencia.

El descubrimiento fue resultado de un trabajo colaborativo que reunió a especialistas de distintas regiones e instituciones del país. El equipo estuvo integrado por Pablo Teta, Agustina A. Ojeda, Andrea P. Tarquino Carbonell, J. Raquel Alvarado-Larios, Pablo Cuello, Paula Cornejo, Julián Mignino, Ricardo A. Ojeda y Diego H. Verzi. Esa composición muestra que un hallazgo de este tipo no depende de una observación aislada, sino de investigación de campo, análisis comparativos y cooperación científica. La nueva especie aparece al final de un proceso que combina territorio, laboratorio, colecciones, experiencia y lectura especializada.


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Entre las instituciones vinculadas al trabajo aparecen el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, el IADIZA-CONICET, el IDACOR-CONICET, el Museo de Antropología de la UNC y la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la UNLP. Esa red institucional le da escala nacional al hallazgo cordobés. La investigación sobre una especie pequeña, ubicada en un ambiente puntual, necesitó capacidades acumuladas en distintos centros científicos. El caso muestra cómo la biodiversidad local puede requerir una estructura federal de conocimiento para ser identificada con precisión.

La aparición de este roedor también funciona como una señal sobre los límites del conocimiento disponible. Córdoba es una provincia con zonas estudiadas, actividad académica fuerte y presencia de áreas protegidas, pero aun así permitió identificar un mamífero desconocido. La biodiversidad argentina todavía conserva zonas de sombra, incluso en grupos animales que parecen más cercanos al trabajo científico cotidiano. Esa realidad refuerza la necesidad de sostener relevamientos, monitoreos y estudios de largo plazo. Sin continuidad, muchas especies pueden existir sin registro formal hasta que su ambiente ya se encuentra degradado.


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El hallazgo llega además con una advertencia ambiental concreta. Los investigadores señalaron la urgencia de proteger los bosques nativos frente al avance de la frontera agropecuaria y los incendios, dos presiones que modifican de manera profunda los ambientes serranos. En una especie asociada a rocas, bromelias y sectores conservados, la pérdida del hábitat puede tener consecuencias directas. El descubrimiento, por lo tanto, no solo amplía la lista de mamíferos conocidos. También obliga a mirar con mayor atención el estado real de los territorios que todavía resguardan especies únicas.

La identificación de la rata vizcacha de Guasapampa deja una consecuencia pendiente para la política científica y ambiental argentina. La especie recién entra al mapa del conocimiento, pero su conservación dependerá de la protección del ambiente donde vive y del financiamiento que permita seguir investigando. El caso muestra que CONICET, Parques Nacionales y universidades públicas cumplen un papel central en descubrimientos de alcance internacional. Lo que queda abierto ahora es cuánto podrá conocerse y protegerse de esa biodiversidad antes de que los incendios, la expansión productiva o la falta de recursos borren parte de lo que todavía no fue estudiado.

Fuente: NA.

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