Langostino

Un conflicto salarial entre marineros del SOMU -que instalaron dos piquetes en inmediaciones del aeropuerto y en el acceso al puerto de esta ciudad- y las empresas pesqueras pone en riesgo la pérdida de unos «500 mil kilos de langostino» provenientes de barcos fresqueros. La carga era trasladada en camiones a los que «se les negó el ingreso» este fin de semana al sector donde se encuentran las cámaras de frío.

El conflicto laboral entre el SOMU y las cámaras y empresas pesqueras se potenció en las últimas semanas a partir de la convocatoria a un paro general y de los dos piquetes instalados en puntos clave de Puerto Madryn.

A un mes de haber empezado la temporada de pesca, las cámaras del sector salieron en conjunto a desmentir versiones del SOMU. A través de un comunicado, negaron las «afirmaciones expresadas por distintos dirigentes del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU), que solo intentan confundir a los trabajadores de la pesca y a la opinión pública en general».

A raíz del conflicto la CAPIP (Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras) emitió un comunicado, señalando que el sector viene soportando desde hace dos años, «bajas importantes de precios, y este año, producto de la pandemia, ni siquiera hay demanda para el recurso Langostino».

«Seguramente debimos haber informado a todas las autoridades y dirigentes gremiales, que no podíamos trabajar con este recurso. Y esto sin sumar los inconvenientes logísticos y de costos, producto de la pandemia en nuestro país» dice el comunicado.

«Este año debíamos tratar de mantener los puestos de trabajo y abonar lo que corresponda al personal por no trabajar. Este era el año de quedarnos en casa, cuidarnos y mantener los puestos de trabajo hasta que la situación internacional se fuera normalizando» agrega.

A pesar de la situación, señalaron que se de «buscar una manera de poder darle continuidad a la actividad productiva, forzando una situación que por lo menos nos permitiera dar trabajo, y minimizar las pérdidas. Fue por eso que propusimos que el personal embarcado cobrara lo mismo que el año pasado, y esto era entre 400.000 y 500.000 pesos mensuales de salario individual en la temporada. Se hicieron ejercicios económicos, se mostraron los datos públicos obtenidos de Secretaría de pesca de Nación, que demostró la caída de precios y la caída de las ventas, pero evidentemente el Sindicato no comprendió o no quiso comprender. Solo buscábamos mantener la actividad funcionando, a perdida, pero funcionando».

En medio del conflicto, y «con los buques congeladores parados, intentamos poder trabajar con el langostino fresco en las plantas, esperar que el mercado internacional mejorara con aumento en la demanda y mejoras en los precios, considerando el valor agregado en los productos que se manufacturan en planta».

Desde la CAPIP lamentaron que «la temporada de Langostino está perdida, y no habrá manera de reiniciar actividades ni en el mar ni en las plantas». El esfuerzo realizado fue en vano. No sirvió. No fue apreciado. No supimos explicarlo. No quisieron entenderlo».

En el mismo comunicado, se expresa que «hoy, producto de la medida coercitiva del SOMU, que impidió el acceso de los transportes con materia prima para las plantas, hay más de 500 toneladas de langostino en descomposición que habrá que disponer, tirar, en lugar de que más de 2.500 personas pudieran trabajarlo en las plantas y generar alimentos. La solidaridad sindical mal entendida, creemos, en lugar de defender a quienes pueden trabajar, manifiesta solidaridad y apoyo a quienes impiden que ellos mismos trabajen, y obtengan un mejor salario que la garantía horaria».

«Creímos que ya se habían superado las épocas de violencia, que del pasado habíamos aprendido. Que significa endurecer la medida de fuerza? Incendio de plantas? Agresiones a las personas?

«Ya pasamos por esto en el pasado, y el resultado fue la pérdida del recurso Merluza en las plantas patagónicas por su altísimo costo operativo que impide su producción en nuestras plantas con la pérdida de más de 5000 puestos de trabajo».

Ya perdimos el recurso Merluza, ¿vamos a perder también el Langostino?

Dado que éste, es un año atípico en el mundo, y «la actividad no está ajena a esta problemática, quisimos intentar trabajar en las unidades de negocio que si lo admiten, y con ello dar sustento y viabilidad al resto de la Empresa, y los acontecimientos de estos días nos demuestran que nos equivocamos, y solo conseguimos aumentar las pérdidas operativas en un ambiente de violencia innecesaria» manifestaron.

La crítica situación se enfrenta a un panorama en el que «se pone a prueba, a las autoridades Nacionales, Provinciales y Municipales, que deberían informar claramente si van a acompañar el mantenimiento de las fuentes de trabajo que pregonan permanentemente, o se van a sumar a la paralización violenta de la actividad» dice el comunicado, y agrega que, «los Gremios de la actividad, deberían profundizar el dialogo racional y la comprensión de la situación actual del recurso Langostino, vislumbrando y priorizando nuevas condiciones para mantener los barcos pescando, y las plantas trabajando, hasta que el mundo recupere parte de la normalidad que la pandemia nos arrebató».

«El compromiso de las Empresas, con su gente, y con la sociedad en general, es mantener este año las fuentes de trabajo, minimizar las pérdidas por no poder trabajar, y tratar de evitar cierres o quiebras, como están ocurriendo en otras actividades. Y siempre se estará abierto a todo ámbito legítimo de negociación, en las condiciones que garanticen la paz social, y con un único objetivo, entender la nueva realidad, y adaptarse a la misma, antes que esa realidad nos desbaste como ha hecho con otros sectores productivos».

Finalmente, el comunicado emitido por la CAPIP, expresa: «se impone la reflexión, la seriedad y la responsabilidad de todos, y nos incluimos, da pena ver como se degradan a basura 500.000 kilogramos de langostino, a apenas cuadras de donde chicos van a merenderos sociales por un plato de comida. En cuanto todos tomemos real dimensión de esta realidad, deberíamos poner en marcha una política pública y privada en donde esto no suceda nunca más, en donde el vale todo y la violencia, no sean la moneda corriente, y en donde los actores estemos a la altura de las exigencias que nos demanda una sociedad mucho más equitativa, que los intereses individuales o sectoriales que creemos irreductibles».