
Preocupan los ataques de palometas en Entre Ríos: 46 personas mordidas y una amputación parcial
Actualidad04/02/2026
REDACCIÓN
En Playa Victoria ya atendieron a 46 personas por mordeduras y un caso terminó con amputación parcial. Bandera roja, carteles y una malla en evaluación para frenar ataques.


En un verano que suele asociarse a descanso, una playa entrerriana quedó marcada por un escenario que pocos imaginan al llegar con la reposera. Las palometas empezaron a morder con una intensidad que sorprendió incluso a quienes trabajan todos los días en la costa, y el saldo ya supera las cuarenta personas heridas en pocos días. La situación generó preocupación entre bañistas y autoridades, con medidas urgentes para evitar que la gente entre al agua.
El punto caliente es Playa Victoria, donde se registró un ataque masivo y persistente de palometas (Parona signata). En ese contexto, una de las víctimas sufrió la amputación parcial de un dedo por la gravedad de la lesión. El episodio modificó de inmediato la dinámica del lugar: lo que era un espacio recreativo pasó a ser una zona de riesgo.
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El guardavidas Alejandro Martín contó que ya asistió a 46 personas con heridas, un número que expone la magnitud de lo que ocurre. En diálogo con un medio local, describió la situación con crudeza y dejó una frase que explica el nivel de alerta: “Todos los casos fueron graves”. Para el personal de guardavidas, no se trata de incidentes aislados sino de una seguidilla.
Entre los episodios más severos, Martín relató que una palometa “le arrancó la parte superior de un dedo” a una de las víctimas. Además, indicó que este lunes se sumaron al menos cinco heridos más por nuevos ataques. Varios de los afectados recibieron derivación al hospital Fermín Salaberry como medida de precaución.
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Desde ese hospital también hubo un mensaje público luego de atender el domingo a siete personas, entre niños y adultos, que resultaron mordidos en el riacho Victoria. En un comunicado oficial, el centro médico recordó una advertencia que apunta a prevenir accidentes en plena temporada. “Recordamos a la comunidad que existen carteles en las distintas playas donde está prohibido bañarse, los cuales tienen como objetivo cuidar la salud y prevenir accidentes”, remarcaron las autoridades.
La preocupación no se limita al número de heridos, sino a la persistencia del fenómeno y al comportamiento de los visitantes. Con bandera roja izada, el ingreso al agua quedó restringido, pero no siempre alcanza para frenar la imprudencia. Según el guardavidas, muchos bañistas “no ven los carteles y se meten igual”, lo que vuelve más difícil contener la situación cuando el calor empuja a buscar alivio en el río.
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Mientras tanto, en la zona ya se analizan alternativas para reducir el riesgo sin depender solo de la señalización. Entre las medidas bajo evaluación figura colocar una malla sujeta al lecho del río, a lo largo de la costa, para impedir que las palometas se acerquen a las áreas de baño. La idea apunta a crear una barrera física, aunque su implementación requiere logística y definición técnica.
El antecedente cercano suma presión, porque el guardavidas recordó que el año pasado se contabilizaron más de 320 ataques. Ese dato instala la idea de un problema estacional que no se resuelve con advertencias aisladas. Cuando el fenómeno se repite, los controles y la prevención empiezan a pesar tanto como la reacción inmediata ante cada herida.
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Los especialistas asocian este tipo de episodios con condiciones ambientales concretas. En particular, indican que las altas temperaturas favorecen la presencia de palometas, peces carnívoros emparentados con las pirañas, con dientes afilados y comportamiento agresivo. Suelen atacar en grupo y, en pocos segundos, pueden provocar heridas profundas que se vuelven peligrosas si aparece sangrado.
En la práctica, esa descripción técnica se traduce en escenas rápidas y violentas en la orilla. Una mordida basta para cambiar un día de playa por una urgencia médica, y la respuesta llega con la carrera del guardavidas, el traslado y la consulta hospitalaria. En un contexto de visitantes que rotan, la información circula a destiempo y la prevención se vuelve cuesta arriba.
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Por eso, el foco ahora se concentra en reducir al mínimo la exposición, reforzar la señalización y sostener la vigilancia. Playa Victoria sigue bajo atención por la cantidad de casos, la gravedad de las lesiones y la posibilidad de que los ataques continúen. Mientras el calor se mantiene, el río suma una amenaza inesperada para quienes buscan refrescarse.
Fuente: LA NACION.

















