
La pelea por dos vacantes en el máximo tribunal expone un PJ dividido en el Senado. Gobernadores y senadores hablan de presiones internas y amenazas de ruptura.

La próxima gran pulseada del Senado no pasa solo por una ley, sino por las dos vacantes en la Corte Suprema y el reparto de poder que se juega alrededor. En ese tablero, el peronismo llega con una interna que se profundiza y que ya no logra taparse detrás de votaciones homogéneas. La discusión que viene amenaza con mostrar, en vivo, cuánto se debilitó la capacidad de mando del kirchnerismo dentro de su propio espacio.
En el oficialismo tomaron nota de un dato que reordena la negociación: el kirchnerismo quedó en 21 legisladores “puros” y perdió el control del tercio de 24 bancas que antes le garantizaba poder de bloqueo y una silla obligada en cualquier acuerdo. La Casa Rosada sabe que igual necesita votos peronistas para alcanzar los dos tercios que exige la Constitución, pero ya no asume que esa charla deba pasar sí o sí por Cristina Kirchner. Ese corrimiento, más político que reglamentario, aparece como un golpe a la centralidad que sostuvo durante años.


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Mientras tanto, el interbloque rebautizado “Popular” funciona como una olla a presión. La nota describe que el peronismo en el Senado se dividió en tres bloques, que el kirchnerismo tocó su nivel más bajo de bancas desde que se volvió hegemónico, y que hasta el nombre elegido por la conducción generó ruido interno. En ese clima, lo que desde afuera pareció “unidad” en la votación de la reforma laboral, adentro se leyó como disciplina forzada.
La tensión subió antes de esa sesión cuando el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, decidió decirlo en público y con nombres propios. Denunció “presiones” para imponer un rechazo cerrado y habló de amenazas de intervención partidaria según el sentido del voto. “Hay gobernadores, senadores y diputados que han sido hasta amenazados, diciéndoles que les iban a intervenir el Partido Justicialista en sus distritos -como ya lo han intervenido en Salta, en Misiones, en Jujuy- de acuerdo a cómo votaban ese día los legisladores, sabiendo que el PJ es la única herramienta electoral que tienen en sus provincias”, afirmó.
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Puertas adentro del Senado, según el texto, hubo quienes avalaron esa descripción y la llevaron todavía más lejos, con una comparación explosiva que muestra el nivel de enojo. “Como ven que está perdiendo poder el kirchnerismo está haciendo estalinismo puro y duro, expulsando a todo aquel que disiente con ellos”, planteó un legislador que, siempre según la crónica, viene amenazando con abandonar el sector kirchnerista. La frase no solo acusa métodos internos: también revela que la discusión ya no es táctica, sino de identidad y pertenencia.
En el recinto, el conflicto también encontró voz propia en Carolina Moisés, senadora de Jujuy, que se quejó por una campaña interna y por presiones vinculadas a su disputa provincial. “Llevo más de un mes aguantando una campaña tremenda, con aprietes espantosos, de parte de algunos que se dicen compañeros, atacándome y tratando de doblar mi voluntad, poniendo en duda por qué voto lo que voto”, denunció. El planteo expuso que las diferencias no quedan en pasillos: se trasladan a sesiones y se vuelven parte del debate público.
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Moisés, además, acusó al kirchnerismo de haberla expulsado del PJ jujeño por decisiones tomadas en el ejercicio del cargo y buscó marcar un límite político personal. “La verdad es que no les tengo miedo; mi voluntad está conducida no por una persona ni un partido, sino por la voluntad de los jujeños que me pusieron en esta banca”, afirmó. En ese gesto, la senadora intentó correr la discusión del verticalismo y llevarla a la representación territorial, un argumento que aparece cada vez más entre quienes cuestionan a la conducción nacional.
El mapa interno del peronismo en el Senado, según la nota, ya no se ordena en un solo bloque dominante. Por un lado está la mayoría kirchnerista del Bloque Justicialista, conducida por José Mayans, Juliana Di Tullio y Anabel Fernández Sagasti, con llegada directa a “San José 1111”. Por otro, el escenario se completa con el bloque del Frente Cívico de Santiago del Estero, que lidera Gerardo Zamora, y con Convicción Federal, un grupo crítico que asoma como foco de disidencia organizada.
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Convicción Federal aparece como un dato clave porque, además de las declaraciones, empezó a moverse con decisiones concretas que desafían la estrategia del interbloque. Está integrado por Carolina Moisés, Fernando Rejal, Fernando Salino, Sandra Mendoza y Guillermo Andrada, todos cuestionando la “praxis” y el modelo de conducción kirchnerista. El texto remarca que el grupo aceptó integrar comisiones como Acuerdos y Relaciones Exteriores, a contramano de la conducción que se niega a designar representantes como forma de protesta.
En ese entramado, nadie quiere “dar el primer paso” hacia una ruptura formal, pero la nota sostiene que los gestos se acumulan y la tensión no afloja. El tema de la Corte aparece como posible detonante porque obliga a negociar, exhibe números reales y pone a prueba el mando interno. Si el kirchnerismo ya no puede imponer una estrategia única y, al mismo tiempo, el Gobierno detecta que puede hablar con peronistas sin pasar por una sola ventanilla, el ruido de fractura deja de ser rumor y empieza a parecer un escenario probable.
Fuente: LA NACION.

















