Más horas, menos empresas y el salto al trabajo en negro que explican los números del empleo

Actualidad17/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Mientras se discute la Modernización Laboral, el mercado mostró 193.590 empleos privados registrados menos y 357.000 puestos informales más, con una semana promedio de 45,2 horas.

Economía y empleo. Imagen creada con IA generativa por #LA17
Economía y empleo. Imagen creada con IA generativa por #LA17

El debate por la Ley de Modernización Laboral aparece como una discusión sobre reglas futuras, pero los datos recientes ya describen un mercado que se reacomoda con crudeza. De un lado, hay 11 millones de trabajadores registrados —públicos y privados— que esperan cambios en su vida cotidiana cuando se sancionen nuevas normas. Del otro, quedan unos 6 millones de trabajadores en negro, fuera de toda cobertura, y en un terreno donde la ley llega tarde o directamente no llega.

En lo que va del gobierno de Javier Milei, el movimiento del empleo dejó una señal que tensiona cualquier promesa de “blanqueo” rápido. En el tercer trimestre del año pasado crecieron 357.000 los puestos informales, mientras en el mismo período se destruyeron 193.590 empleos privados registrados, según un relevamiento de la Agencia Noticias Argentinas. En esa relación, la caída del trabajo formal no solo reduce aportes y estabilidad: empuja a más gente a buscar ingresos donde se pueda.


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Esa proporción marca una dinámica que se repite en momentos de ajuste: por cada puesto formal que se pierde, el mercado no muestra una recuperación equivalente en el mismo carril, sino una migración hacia la precariedad. El propio relevamiento resumió el movimiento con una lectura directa: “prácticamente por cada uno que quedó sin empleo, casi dos pasaron a integrar la legión de los marginales”. El debate legislativo, en ese marco, se da con el tablero ya inclinado.

La caída del empleo formal también se conecta con el entramado empresarial. En el lapso de dos años cerraron cerca de 22.000 empresas en Argentina, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). Quedaron en pie 490 mil y permanecen en actividad 9.566.571 trabajadores, un número que refleja la contracción del tejido productivo más allá de un rubro puntual.


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En ese escenario, la expectativa de que un cambio normativo amplíe contrataciones en el corto plazo aparece, como mínimo, limitada. El texto advierte que el endurecimiento de las condiciones de trabajo y el menor costo de despedir personal, asociados a la ley en cuestión, no abren demasiadas chances de expansión inmediata. Aun en el mejor caso, la mejora podría traducirse en decisiones de inversión postergadas por la marcha de la macroeconomía y por otras regulaciones pendientes, con menciones a iniciativas como la minería, “lejos” de mover el amperímetro del empleo.

El impacto se siente con fuerza en sectores que suelen absorber mano de obra. La industria manufacturera, en especial las Pymes, y la construcción —dos grandes generadoras de ocupación— quedan, según la fuente, entre reconvertirse o cerrar. Esa tensión no se mide solo en fábricas que bajan persianas, sino en suspensiones, despidos y reducción de equipos que luego se traducen en más informalidad.


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Un dato que a primera vista podría parecer positivo también tiene su contracara. La tasa de actividad alcanzó 48,6%, el nivel más alto para un tercer trimestre desde 2016, pero el texto sostiene que ese salto respondió principalmente al ingreso forzado de jubilados al mercado laboral. Según el Indec, creció 11% interanual el número de personas de 66 años o más que volvió a trabajar por la pérdida de poder adquisitivo de los haberes, mientras la participación de los jóvenes retrocedió 1,6%.

A la vez, el mercado no solo mostró más personas buscando ingresos: también mostró más carga sobre quienes quedaron adentro. El Instituto Argentina Grande (IAG) registró un pico de horas trabajadas y precisó que la semana laboral promedio subió tres horas, a 45,2, en el tercer trimestre de 2025, lo que implica un incremento del 9% frente a 2024. En términos prácticos, hubo planteles formales que sobrevivieron a cierres y recortes, pero trabajando más.


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La “foto” del empleo formal perdido también tiene geografía. Desde la asunción de Milei, los 193.590 puestos privados registrados que cayeron tuvieron a la provincia de Buenos Aires como la más afectada, con 68.570 empleos menos. Esa concentración muestra que la crisis no se reparte de manera uniforme y que las provincias con mayor peso industrial y de servicios sienten el golpe de forma más visible.

En el fondo, el dato que sintetiza el cambio es el peso que ya tiene la informalidad. El trabajo sin aportes, sin estabilidad, sin capital propio para emprender y sin calificación representa 44,2% de los 20 millones de trabajadores ocupados, de acuerdo con el IAG, basado en microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. Con ese nivel, la discusión sobre modernización laboral convive con una realidad previa: casi la mitad del empleo circula fuera del sistema.

Fuente: NA.

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