Retenciones pesqueras en revisión y con una condición que genera expectativa

Política19/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La promesa oficial apareció en el debate Mercosur-UE y dejó una condición que tensiona al sector: cuándo llega la “holgura fiscal” para mejorar competitividad.

Crisis pesquera imagen ilustrativa generada por LA17 AI
Crisis pesquera imagen ilustrativa generada por LA17 AI

En el Senado, una frase breve alcanzó para encender expectativa en un sector que exporta y discute costos con cada mercado que se abre. En plena discusión del acuerdo Mercosur–Unión Europea, el Gobierno nacional planteó que los derechos de exportación de la pesca pueden bajar fuerte o desaparecer, pero con una condición que todavía no tiene fecha. El planteo llegó en comisión, con la mirada puesta en el impacto que el tratado puede tener sobre productos y empleo.

La definición salió de boca del secretario de Coordinación de Producción del Ministerio de Economía, Pablo Lavigne, ante una consulta puntual del senador bonaerense Maximiliano Abad. El funcionario no habló de una decisión inmediata ni de un esquema ya cerrado, sino de un escenario supeditado a la macro y al resultado fiscal de los próximos meses. En ese marco, el mensaje oficial se corrió de las consignas generales y quedó atado a una variable concreta: la disponibilidad de recursos.


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Lavigne vinculó la posibilidad de cambios en retenciones con el momento en que el Estado cuente con margen financiero. “Ni bien haya holgura fiscal se van a terminar de eliminar o reducir considerablemente”, dijo. Luego amplió el criterio temporal sin prometer un calendario: “Dependemos de tener holgura fiscal, un par de meses más y ver cómo viene el año”.

El contexto institucional también pesa en la lectura del sector. La exposición ocurrió mientras se trataba en comisión el acuerdo Mercosur–Unión Europea, un expediente que ya cuenta con media sanción en Diputados y que ahora sumó dictamen en el Senado. Ese paso empuja el tema hacia el plenario, donde se espera el debate para su aprobación definitiva.


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Abad aprovechó el intercambio para encuadrar el tratado como una oportunidad comercial, pero también como un desafío interno. Enumeró sectores que pueden beneficiarse por la reducción de aranceles y ubicó a la pesca dentro de esa lista, con un argumento que apunta directo a la competitividad. En su intervención, buscó que el debate no quede sólo en la apertura hacia afuera, sino en los costos que se sostienen puertas adentro.

En esa línea, el senador puso como ejemplo el desempeño del puerto de Mar del Plata y el efecto que podrían tener mejores condiciones para productos como langostinos, calamares y merluza. Su planteo incluyó una advertencia sobre las retenciones como factor que complica la comparación con otros países de la región. “El acuerdo prevé muy buenas condiciones para productos como langostinos, calamares y merluza”, señaló, y luego marcó el nudo de la discusión: “Debemos revisar las distorsiones internas, como las retenciones, que erosionan competitividad frente a nuestros socios regionales”.

El discurso de Abad dejó otra idea que atraviesa la agenda económica desde hace años y que reapareció con fuerza en el debate. “La integración externa exige coherencia interna”, afirmó. Y completó con una síntesis que funciona como reclamo político: “No se puede promover apertura y competitividad hacia afuera y mantener trabas hacia adentro”.


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La discusión, sin embargo, no cerró en el alivio fiscal como única llave. Abad planteó que la posibilidad de aprovechar un acuerdo internacional también depende de condiciones de base, que exceden la pesca y tocan a toda la economía real. “No es sólo aprobar un acuerdo”, sostuvo, y definió qué entiende por competitividad sistémica: “Instituciones sólidas, infraestructura moderna, educación de calidad, innovación y estabilidad normativa”.

En el plano productivo, la promesa del Gobierno quedó formulada como un compromiso condicionado, y por eso mismo abre dos lecturas simultáneas. Por un lado, instala una expectativa concreta para un sector exportador que mira costos y mercados con lupa. Por otro, coloca el debate en un terreno incierto, porque la “holgura fiscal” no funciona como fecha sino como requisito, y deja el resultado atado al año económico y a la decisión política cuando llegue ese margen.

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