Una cámara bajó 500 metros y encontró al tiburón asombroso y desconocido por el cambio climático

Otros Temas21/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

En enero, investigadores filmaron un ejemplar de 3 a 4 metros a 490 metros de profundidad y con el agua a 1,27 °C. El registro reabre preguntas en la ciencia.

Descubren tiburón debajo del mar
Descubren tiburón debajo del mar

La Antártida tenía una “regla” repetida en voz baja y aceptada casi como certeza: ahí no había tiburones. Esa idea, sostenida por años en la conversación científica y divulgativa, quedó golpeada por un video tomado en condiciones extremas. Lo que aparece en pantalla no es un animal pequeño ni una presencia dudosa, sino un cuerpo grande, lento y contundente moviéndose en un océano que roza el congelamiento.

El registro se produjo durante enero en aguas profundas del océano Antártico, donde la temperatura se mantiene apenas por encima del punto de congelación. La escena quedó captada por una cámara de investigación instalada cerca de las islas Shetland del Sur. El hallazgo lo reportó el Minderoo-UWA Deep-Sea Research Centre de la Universidad de Australia Occidental.


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La sorpresa no pasó por una rareza pasajera, sino por la escala del ejemplar filmado. Los investigadores estimaron que el tiburón medía entre 3 y 4 metros y que se desplazaba con movimientos lentos. El equipo terminó apodándolo el “tiburón dormilón del Pacífico”, un nombre que refleja tanto su comportamiento como el impacto del descubrimiento.

El director del centro, Alan Jamieson, explicó que el operativo no apuntaba a encontrar algo así. En diálogo con Associated Press, dejó una frase que retrata el desconcierto del momento: "Bajamos allí sin esperar ver tiburones porque existe una regla general de que no hay tiburones en la Antártida. Y ni siquiera es uno pequeño. Es un tiburón enorme. Estas cosas son como tanques". Para el equipo, el tamaño del animal volvió imposible encuadrarlo como una anécdota menor.


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El dato técnico que acompaña el video también suma peso, porque marca el extremo de las condiciones donde apareció. Según lo informado, el tiburón se detectó a 490 metros de profundidad, en agua a 1,27 grados Celsius. En esas mismas imágenes también se observó una raya, un hallazgo que no sorprendió porque ya se sabía que habitaba esas zonas. Lo inédito fue el tiburón y el hecho de que, según el reporte, “no hay registro de otro tiburón hallado en el océano Antártico”.

A partir de esa filmación, los científicos abrieron una discusión que mezcla biología, distribución de especies y cambios ambientales. Una de las hipótesis en debate vincula el hallazgo con el cambio climático y con la posibilidad de que el calentamiento de los océanos empuje a algunas especies a migrar hacia aguas más frías. La idea circula, pero el propio campo científico admite que faltan certezas para convertirla en explicación. En ese punto, el video aparece más como evidencia inicial que como conclusión.


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El biólogo Peter Kyne, de la Universidad Charles Darwin, aportó una advertencia que baja el tono de cualquier lectura automática. Señaló que existen muy pocos datos sobre cambios de distribución cerca de la Antártida, una limitación que obliga a ser prudentes. En esa línea, también sostuvo que los tiburones dormilones podrían haber estado allí desde hace mucho tiempo sin que se los hubiera documentado.

Kyne, de hecho, celebró la oportunidad técnica del registro, más allá de las interpretaciones. Lo resumió con entusiasmo, pero sin vender certezas: "Esto es genial. El tiburón estaba en el lugar correcto, la cámara estaba en el lugar correcto y obtuvieron estas imágenes estupendas. Es bastante significativo". La frase apunta a un punto central: muchas veces no cambia el océano, cambia la capacidad humana de mirar lo que antes quedaba invisible.

Jamieson, por su parte, aportó un dato ambiental que ayuda a entender por qué el animal se mantenía a esa profundidad. Según explicó, esa capa resultaba la más cálida dentro de varias capas de agua apiladas hasta la superficie, una condición que puede influir en la elección del “nivel” donde se mueve el tiburón. Esa explicación, sin embargo, no cierra el mapa completo: describe el escenario, pero no responde desde cuándo ni cuántos ejemplares podrían transitar la región.


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Lo que queda, por ahora, es un video que incomoda viejas certezas y que empuja a mejorar el monitoreo en una zona donde obtener datos cuesta caro y lleva tiempo. El hallazgo no prueba por sí solo una migración masiva ni confirma un cambio de distribución, pero obliga a revisar supuestos. En el océano Antártico, a veces alcanza con una cámara en el lugar justo para que la ciencia tenga que reescribir una línea entera.

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