Alerta por calor extremo este sábado en Chubut: precauciones en la salud y cómo responder ante una emergencia

Chubut21/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Rige alerta amarilla para este sábado en toda la provincia. El cuerpo pierde control, sube el riesgo de deshidratación y aparecen señales que exigen actuar rápido.

Golpe de calor altas temperaturas imagen Freepik
Golpe de calor altas temperaturas imagen Freepik

El sábado 21 de febrero llega con alerta amarilla por altas temperaturas en toda la provincia del Chubut, y el dato no se limita a un número en el pronóstico. El problema aparece cuando el calor deja de ser incomodidad y empieza a empujar al cuerpo a un terreno peligroso, con cuadros que pueden pasar de leves a graves en pocas horas. En ese punto, la diferencia la marca la lectura temprana de síntomas y una respuesta rápida.

El calor extremo altera la regulación térmica y obliga a compensaciones internas que no siempre se ven a simple vista. La primera reacción suele ser la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que baja la presión y empuja al corazón a trabajar más para sostener el flujo. En personas vulnerables, ese esfuerzo extra puede aumentar el riesgo de desmayos y eventos cardiovasculares.


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Cuando la temperatura corporal sube sin control, el cuerpo empieza a fallar en su función más básica: enfriarse. Por encima de ciertos umbrales, el “termostato” interno pierde eficacia, la sudoración ya no alcanza y el calor se acumula. En ese escenario aparece el golpe de calor, una emergencia que no admite demoras.

El otro frente silencioso es la deshidratación con pérdida de sales. La sudoración intensa arrastra agua y electrolitos, y eso impacta en el funcionamiento general, desde calambres e irritabilidad hasta síntomas más severos. En casos graves, puede haber convulsiones o alteraciones de la función renal.


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Entre los cuadros más severos, el golpe de calor se reconoce por signos contundentes: fiebre muy alta, piel caliente y enrojecida, respiración rápida, pulso acelerado y síntomas neurológicos. Puede sumar dolor de cabeza, náuseas, confusión, convulsiones o pérdida de conciencia, y el riesgo no es abstracto: puede dañar cerebro, corazón, riñones y músculos. En ese punto, la asistencia médica urgente se vuelve determinante.

Antes de llegar a esa situación extrema, suele aparecer el agotamiento por calor, que se acumula en varios días de altas temperaturas con mala hidratación. Se presenta con sudoración intensa, debilidad, mareos, pulso rápido y respiración acelerada. Si no se trata, puede progresar a un golpe de calor, incluso sin que la persona perciba el salto de gravedad.


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En la vida cotidiana, también aparecen calambres e insolación, sobre todo durante el esfuerzo físico o la exposición prolongada al sol. Los espasmos dolorosos pueden afectar piernas, brazos o abdomen y combinan con mareos, dolor de cabeza y malestar general. En jornadas como la de este sábado, esas señales dejan de ser “algo común” y pasan a ser una advertencia del cuerpo.

El calor también golpea en el sistema nervioso, y ese punto suele pasar inadvertido hasta que ya se instaló. El exceso de temperatura altera proteínas y la barrera hematoencefálica, y favorece inflamación y daño de células nerviosas, con impacto en neuronas ligadas al equilibrio y la coordinación. Por eso, durante olas de calor aparecen lentitud para responder, menor atención, cansancio extremo, apatía, irritabilidad, confusión y problemas para mantenerse en pie.


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Las señales de alarma son claras: temperatura corporal muy alta, confusión, dificultad para hablar o sostenerse, convulsiones, desmayo o empeoramiento brusco de una enfermedad previa. Ante esos signos, la acción inicial apunta a enfriar a la persona de inmediato, llevarla a sombra o un lugar ventilado, aplicar paños fríos y pedir asistencia médica. El riesgo es que el cuadro progrese rápido y deje daño irreversible de órganos o incluso sea fatal.

Para el agotamiento por calor, los primeros auxilios se apoyan en tres ideas: enfriar, hidratar y vigilar. Conviene retirar a la persona del calor, aflojar la ropa, humedecer la piel y favorecer la evaporación con ventilación o un ventilador. Si está consciente y puede tragar, se recomiendan sorbos frecuentes de agua fresca o bebidas con electrolitos, sin forzar grandes cantidades de golpe, y sin alcohol ni pastillas de sal.


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También hay límites que importan: no dejar sola a una persona descompensada y no insistir con la hidratación si está somnolienta, confusa o vomita por riesgo de atragantamiento. Si los síntomas no mejoran en 30 a 60 minutos pese a estas medidas, o aparece confusión, convulsiones, pérdida de conciencia o fiebre alta, corresponde pedir ayuda médica urgente. En niños pequeños, personas mayores, embarazadas o pacientes con enfermedades cardíacas o renales, la consulta temprana resulta la decisión más segura.

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