Un punto limpio en el puerto para frenar el plástico pesquero que termina en el mar

Chubut27/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

La iniciativa se presentó tras tres años del Proyecto Mares y apunta a que los barcos desembarquen residuos, los separen y los ingresen a circuitos de recuperación.

Playa sin Plástico
Playa sin Plástico

En el puerto de Rawson, una obra concreta empezó a ordenar una discusión que venía dispersa entre diagnósticos, quejas y voluntad suelta: la inauguración de un punto limpio orientado a la gestión de residuos plásticos de origen pesquero. La propuesta se mostró como parte de las conclusiones del Proyecto Mares, un trabajo que combinó recorridas de costa, talleres y acuerdos institucionales para atacar un problema que se repite temporada tras temporada. La expectativa inmediata pasa por algo básico y a la vez determinante: que los residuos vuelvan a tierra con un destino claro, en lugar de quedar sin circuito.

La referente del proyecto, Gabriela Revellato, explicó en una entrevista con #LA17 que el proceso fue largo y articulado, con participación de organizaciones civiles y áreas estatales. “Fueron tres años de trabajo articulado”, resumió, al describir una mesa donde confluyeron el Foro para la Conservación del Mar Patagónico y organismos de la provincia y de Nación. En esa lista mencionó al Ministerio de Conservación y Áreas Protegidas, la Secretaría de Pesca, la Secretaría de Ambiente y Control de Desarrollo Sustentable y la Administración de Parques Nacionales, además de equipos técnicos y referentes comunitarios.


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El punto limpio apareció como una respuesta operativa a un cuello de botella que, según Revellato, se repetía: sin infraestructura, la gestión de residuos quedaba librada a la buena voluntad y al azar. La entrevistada contó que el espacio se instaló con el acompañamiento de la administración del puerto de Rawson y que se complementó con cartelería surgida de instancias participativas con actores que trabajan en los muelles. “Hemos podido instalar este punto limpio junto a una exhaustiva e importante cartelería”, señaló, y vinculó esa herramienta con la necesidad de información concreta sobre impactos y prácticas.

En el centro del debate aparece una imagen conocida por quienes caminan la costa: cajones, plásticos y restos que llegan con la marea y se acumulan en sectores puntuales. Consultada por el origen de los cajones que terminan en el mar, Revellato evitó una explicación simple y planteó una suma de factores vinculados al trabajo a bordo y a la falta de dispositivos disponibles en tierra. “La realidad es que las causas son múltiples”, afirmó, y agregó que la tarea en los barcos “es compleja” y que, aunque existe preparación para evitar pérdidas, “muchas veces no se pueden evitar”.


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El diagnóstico, según la entrevista, no se armó desde un escritorio, sino desde un trabajo de campo amplio para dimensionar el mapa del problema. Revellato indicó que el proyecto incluyó recorridas de más de 1.300 kilómetros de costa para identificar sitios de acumulación y avanzar en un análisis sobre el origen de los residuos. Ese dato ayuda a entender por qué el punto limpio no se pensó como un gesto aislado, sino como parte de un esquema que intenta modificar rutinas. La lógica que se propuso es directa: si hay un lugar donde descargar, separar y revalorizar, la opción de “sacarse el problema de encima” pierde terreno.

En ese sentido, la entrevistada planteó que el cambio requiere dos cosas que se retroalimentan: infraestructura e información. “A veces el descarte es más fácil en el mar que gestionándolos, porque también faltaban infraestructura y dispositivos para que esto se pudiera evitar”, explicó, y conectó esa falencia con el objetivo del punto limpio. Con el nuevo dispositivo, describió, los barcos llegan con residuos y cuentan con un lugar para depositarlos y, además, para ingresar esos materiales a circuitos de recuperación que permitan revalorizar plásticos.

El Proyecto Mares, según Revellato, también trabajó sobre otra dimensión del impacto pesquero, en este caso vinculada a la captura incidental de aves marinas. Contó que se avanzó con empresas que facilitaron condiciones para pruebas y monitoreos electrónicos de medidas de mitigación, enfocadas en albatros y petreles. El resultado que destacó fue contundente y medible: “Logrando un 80% de reducción de la captura incidental”, dijo, al describir la magnitud del cambio que se registró con esas prácticas.


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La relación con el sector empresarial apareció en la entrevista como un componente decisivo para pasar del enunciado a la implementación. Revellato habló de predisposición para facilitar monitoreos a bordo, algo que no resulta sencillo por logística, tiempos y dinámica de trabajo en altamar. “Se han ofrecido inmediatamente hacer las pruebas necesarias y no es fácil monitorear la implementación de medidas a bordo y sin embargo se ha logrado”, sostuvo, y remarcó que sin esa colaboración el camino se volvía más lento. En la misma línea, vinculó ese gesto con un clima de “voluntad” que permite empujar mejores prácticas.

Hacia adelante, el proyecto abre una etapa distinta, más vinculada al seguimiento que al lanzamiento, con ajustes a partir del uso real del dispositivo en el puerto. Revellato anticipó una instancia de evaluación del punto limpio para revisar funcionamiento y corregir lo que haga falta, con la idea de sostener el proceso en el tiempo. “Vamos a estar en una etapa de evaluación y bueno, seguiremos trabajando en la medida en que haya que hacer ajustes”, expresó, al marcar que las conclusiones no quedan cerradas en una jornada, sino que se vuelven insumo para nuevas decisiones.


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En un plano más amplio, la entrevista dejó una idea que atraviesa tanto la basura plástica como la pesca incidental: los cambios llegan cuando el problema se vuelve visible, cuando hay herramientas para actuar y cuando distintos actores se sientan en la misma mesa. Revellato lo asoció a creatividad y compromiso para no repetir un circuito de consumo y descarte que ya muestra sus costos. En Rawson, el punto limpio suma una pieza concreta a esa transición, con un objetivo simple de medir: menos residuos flotando y más materiales gestionados en tierra, con reglas y responsabilidades claras.

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