
El descarte del langostino suma valor y una planta piloto se gestiona en Madryn
Enfoques21/02/2026
REDACCIÓNEn Puerto Madryn se generan unas 30 mil toneladas anuales de cabezas de langostino. Un proyecto del CESIMAR–CONICET busca convertirlas en pellet seco para alimento animal.

En las plantas pesqueras, el langostino suele entrar con un destino claro: la cola, que es el producto comercial que domina el negocio. Lo que queda afuera de esa lógica termina en un circuito menos visible, pero gigantesco en volumen, porque la cabeza se descarta aun cuando concentra una parte decisiva del animal. Ese punto, que durante años se resolvió como residuo, empezó a abrir una discusión productiva concreta en Puerto Madryn.
El dato que empuja el cambio no es menor: la cabeza representa cerca del 50 por ciento del peso total del langostino. Además de volumen, contiene proteínas de alta calidad, minerales esenciales y compuestos bioactivos con potencial nutricional, según describe el proyecto científico. En una ciudad donde la industria mueve toneladas por temporada, esa combinación convierte el descarte en un recurso con valor latente.


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La magnitud local termina de ponerle escala al problema y a la oportunidad. En Puerto Madryn se generan aproximadamente 30 mil toneladas anuales de este subproducto, una cifra que obliga a pensar qué se hace con ese material y cuánto se pierde cuando se lo trata como basura. En ese marco aparece la idea de transformar el residuo en insumo para otra cadena, sin depender de soluciones de enterramiento o manejo de residuos que no agregan valor.
Desde el CESIMAR–CONICET, el investigador y director del centro, Augusto Crespi, impulsa la creación de una empresa de base tecnológica llamada Shrimp Solutions. El objetivo apunta a convertir las cabezas de langostino en un pellet seco de alto valor nutricional destinado a la producción animal, con un proceso biotecnológico pensado para preservar cualidades y facilitar el almacenamiento. La apuesta se enfoca en un producto estable, que pueda moverse y guardarse sin complejidades logísticas.
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El enfoque incluye un punto clave para una industria que trabaja con tiempos ajustados y materia prima sensible: estabilizar rápido el material para evitar degradación. Crespi lo explicó con una crítica al método más extendido para manejar el descarte: “Actualmente existen centros que entierran estos desechos mediante landfarming. Si bien es una solución posible, el volumen generado cada temporada brinda la oportunidad de desarrollar alternativas con mayor valor agregado”. En esa frase aparece el núcleo del proyecto: dejar de pensar en “resolver” el residuo y empezar a convertirlo en un producto.
La propuesta técnica se apoya en un proceso que busca conservar el valor nutricional original y eliminar una barrera típica del uso de subproductos marinos. El pellet seco, según se detalla, permite conservación sin necesidad de cadena de frío, un punto que cambia costos y amplía posibilidades de uso, sobre todo en un territorio donde la logística y las distancias siempre pesan. En otras palabras, el proyecto no solo propone un nuevo destino, también apunta a que sea viable a escala productiva.
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El investigador profundizó el sentido del procedimiento y el objetivo industrial con otra definición directa: “Nos propusimos aplicar ciencia y tecnología para estabilizar rápidamente la materia prima y evitar su degradación, logrando un producto seco, de bajo volumen y fácil almacenamiento”. La frase resume la lógica de transformar un material perecedero y voluminoso en un insumo manejable, con valor de mercado y destino claro. Ahí es donde la innovación deja de ser un concepto abstracto y se vuelve diseño de proceso.
El salto de la idea al equipamiento aparece con el financiamiento. La iniciativa fue seleccionada por el Gobierno del Chubut y recibirá fondos a través de los Proyectos Federales de Innovación (PFI) del COFECYT, con el objetivo de adquirir equipamiento a escala industrial. Ese respaldo permitirá montar una planta piloto, un paso que suele definir si un desarrollo científico puede o no convertirse en producción sostenida.
En el marco conceptual, Crespi ubicó a Shrimp Solutions dentro de una mirada que busca revalorizar recursos marinos y subproductos industriales. Lo expresó al señalar: “Shrimp Solutions se enmarca en el concepto de Economía Azul, ya que promueve el desarrollo de productos biotecnológicos a partir de recursos marinos y revaloriza subproductos de la industria pesquera”. La idea conecta el descarte con una estrategia de aprovechamiento integral, donde la ciencia se convierte en herramienta de negocio y de planificación territorial.
El cierre del planteo también marca un horizonte local, con impacto más allá del laboratorio. Crespi remarcó: “Queremos demostrar que es posible aplicar innovación científica para desarrollar soluciones productivas de alto valor nutricional, generando empleo y fortaleciendo el desarrollo sostenible de Puerto Madryn y la Patagonia”. En esa proyección se juega la parte más ambiciosa: que la tonelada descartada se convierta en trabajo, industria y una nueva línea de productos vinculada al mar.
















