
El nuevo mapa que destapa montañas y valles ocultos bajo la Antártida
Actualidad24/02/2026
Sergio BustosDurante décadas, la Antártida fue un territorio estudiado al detalle en su superficie, pero enigmático en su interior. Bajo una capa de hielo que en algunos sectores supera los cuatro kilómetros de espesor, el continente escondía montañas, valles y cuencas que apenas podían imaginarse. Ahora, un nuevo mapa logró revelar ese paisaje oculto con una precisión sin precedentes.

El avance no consiste en haber perforado más hielo ni en haber desplegado más radares sobre el terreno. La novedad radica en el enfoque: los científicos aprendieron a interpretar las señales que deja el relieve enterrado en la propia superficie helada. El hielo, lejos de comportarse de manera uniforme, fluye condicionado por lo que tiene debajo.
Cuando una masa glaciar avanza sobre una montaña o atraviesa un valle profundo, su superficie registra ondulaciones mínimas y cambios en la velocidad de desplazamiento. Gracias a mediciones satelitales extremadamente precisas, esas variaciones hoy pueden detectarse a escala continental. Aplicando las leyes físicas que describen cómo se deforma el hielo, los investigadores lograron reconstruir el lecho rocoso a partir de esas pistas.


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El resultado es un mapa continuo del continente subglacial, calibrado con datos de radar ya existentes para mantener coherencia con mediciones directas. A diferencia de los modelos anteriores —que interpolaban grandes áreas entre líneas de radar separadas por decenas o cientos de kilómetros—, esta nueva representación reduce las zonas “suavizadas” y expone detalles antes invisibles.
Lo que aparece bajo el hielo está lejos de ser un terreno plano. El mapa revela decenas de miles de colinas y crestas que no figuraban en los modelos previos, además de extensos sistemas de valles y canales que se prolongan por cientos de kilómetros. Algunos presentan paredes abruptas y varios kilómetros de ancho, lo que sugiere una acción prolongada del agua en épocas remotas.
También emergen paisajes que recuerdan a regiones alpinas actuales, con valles en forma de U y redes de drenaje complejas. En otras zonas, se distinguen grandes cuencas profundas rellenas de sedimentos. Los límites entre macizos rocosos y llanuras enterradas ahora aparecen definidos con una nitidez que modifica la comprensión del continente.
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El hallazgo no es solo una curiosidad geológica. La rugosidad del terreno controla la fricción entre el hielo y el sustrato, un factor determinante en la velocidad con que los glaciares avanzan hacia el océano. Un glaciar que se desplaza sobre un fondo liso puede acelerar con mayor facilidad que otro que enfrenta un relieve abrupto.
Esa diferencia resulta clave para proyectar el aumento del nivel del mar. La Antártida contiene suficiente hielo como para elevarlo en decenas de metros si se derritiera por completo. Aunque ese escenario no es inmediato, incluso cambios moderados en la dinámica de los glaciares pueden tener efectos significativos en escalas de tiempo humanas.
Con este nuevo mapa, los modelos climáticos y glaciológicos podrán identificar con mayor precisión qué regiones son potencialmente más inestables y cuáles podrían actuar como frenos naturales al flujo del hielo. Se reduce así una de las grandes incertidumbres en las proyecciones futuras.
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El paisaje enterrado también ofrece pistas sobre la historia profunda del continente. Las formas ahora visibles remiten a antiguas glaciaciones alpinas, a períodos en que el agua líquida esculpió canales bajo el hielo y a etapas de acumulación de sedimentos en cuencas interiores. Es una cápsula del tiempo que conserva millones de años de cambios climáticos y tectónicos.
Los propios investigadores advierten que no se trata del mapa definitivo. Las irregularidades más pequeñas, inferiores al grosor del hielo, no dejan señales detectables en la superficie y requerirán nuevas campañas de radar. Sin embargo, el cambio de enfoque marca un antes y un después: por primera vez, el continente oculto bajo la Antártida deja de ser una superficie imaginada y comienza a mostrarse con contornos propios.















