El concejal que impulsó locales “pet friendly” ahora dice que debe reescribir todo por una palabra

Chubut24/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El proyecto habilita comercios que quieran adherir al ingreso con animales, pero una indicación sobre lenguaje lo obligaría a cambiar el texto antes del debate en el Concejo.

Hernán Pereira
Hernán Pereira

En el Concejo Deliberante de Puerto Madryn, un proyecto pensado para ordenar una situación cotidiana —el ingreso con animales a determinados comercios— quedó momentáneamente atado a una discusión inesperada: el lenguaje que debe usar el texto. El concejal Hernán Pereira explicó en una entrevista en #LA17 que redactó una ordenanza para que “las personas puedan ingresar con sus animales, con sus mascotas, a los comercios” que decidan sumarse. Pero, según relató, recibió un aviso que lo obliga a corregir el articulado antes de que llegue al debate: “he recibido una información de un comunicado que no se puede usar más la palabra mascotas”.

El planteo, tal como lo contó al aire, no modifica el espíritu del proyecto, pero sí complica su tramitación. Pereira sostuvo que el texto habilita a los locales que quieran adherir, y que la adhesión se hará visible con señalética en la puerta. “Yo redacté la ordenanza donde dice que las mascotas pueden ingresar, se puede poner un cartel, una calcomanía, los comercios que adhieren a esto”, explicó, y agregó cómo se identifican: “donde dice permitido para mascotas”. En su relato, el punto de fricción aparece cuando intenta sostener esa misma lógica en un marco terminológico distinto.


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Según el concejal, la indicación que le transmitieron apunta a reemplazar la palabra “mascotas” por otra denominación. “Se dice: seres sintientes”, afirmó en la entrevista, y precisó: “seres sintientes no humanos”. El cambio, que en apariencia es solo semántico, tiene una consecuencia inmediata sobre el procedimiento legislativo: obliga a volver a editar el proyecto para adecuarlo, aunque no cambie lo central del permiso. “No es chiste esto, ¿eh?”, remarcó Pereira, dejando claro que su problema no es el debate conceptual sino el efecto práctico sobre la ordenanza ya escrita.

El contenido de la iniciativa, de todos modos, sigue siendo concreto y acotado: el ingreso con animales a comercios que lo autoricen de forma voluntaria, sin imposición a quienes no quieran sumarse. Pereira lo explicó con una idea simple, que se repite en su exposición: hay locales que van a adherir y otros que no. “Yo hice una ordenanza diciendo que se permitía el ingreso a los comercios que se querían adherir, a los que no, no”, sostuvo, y también ubicó el proyecto dentro de antecedentes que ya funcionan en otras jurisdicciones: “unas ordenanzas que en otras ciudades están vigentes, como en Buenos Aires, Bahía Blanca”.


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En ese punto, el concejal señaló que tomó como referencia algunas experiencias previas y adaptó el esquema a Madryn, dando a entender que el proyecto no inventa un formato de cero, sino que replica herramientas ya conocidas para evitar zonas grises. La herramienta más visible es la señalización, pensada para que el vecino sepa desde la vereda si el comercio permite o no el ingreso con animales. Ese detalle, que parece menor, es justamente el que se ve atravesado por el cambio de términos: si cambia el lenguaje normativo, también cambia el lenguaje del cartel.

La entrevista también dejó una diferencia entre el ritmo de la radio y el ritmo del recinto. Pereira mencionó que el tema se trataba “mañana”, pero aclaró que, en las condiciones actuales, el debate no llega con el texto tal como está al jueves. En otras palabras, la discusión terminológica no solo cambia palabras: cambia fechas, orden del día y tiempos legislativos.


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El concejal insistió en que el ajuste no se limita a un título o a una frase suelta, sino que obliga a reemplazar un término en todo el documento. “Ahora tengo que cambiar la ordenanza donde dice mascotas por seres sintientes no humanos”, señaló, dando a entender que el proyecto queda “en revisión” hasta cumplir ese requisito. En la práctica, eso implica reescribir artículos, definiciones y, si existieran, anexos o instrumentos de señalética asociados a la norma, para que el texto no choque con la terminología que le indicaron.

En el tramo final de la entrevista, Pereira vinculó este episodio con una preocupación más amplia sobre la acumulación de normas y el costo que tiene administrar conceptos que cambian. Aunque lo planteó con tono crítico, lo que aparece como dato legislativo es la dificultad concreta de sostener claridad normativa cuando los términos se vuelven inestables. “Uno ve la cantidad de leyes ordenanzas que no tienen ningún sentido y es muy difícil hacer cosas porque habría que depurar tantas leyes y ordenanzas”, expresó. Y en esa misma línea volvió al punto que disparó la corrección: “una mascota no se le puede decir mascota, sino ser sintiente no humano”.


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Pereira dejó algo claro: el proyecto no se cae, pero cambia de forma para poder llegar al recinto. Lo que parecía una ordenanza lista para discutirse pasó a ser, por unas palabras, una iniciativa que vuelve al borrador antes de someterse a votación.

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