
La guerra en Medio Oriente le abrió a YPF una ventana inesperada para el GNL argentino
Actualidad25/03/2026
REDACCIÓNHoracio Marín dijo en Houston que el conflicto en Medio Oriente empuja decisiones globales sobre abastecimiento seguro y puede apurar la expansión del plan de gas natural licuado.

La guerra en Medio Oriente volvió a sacudir el mapa energético global y, en esa alteración, YPF cree ver una oportunidad que hasta hace poco no estaba en el centro de sus proyecciones. Desde Houston, donde participa de la principal conferencia internacional del sector, el presidente y CEO de la petrolera, Horacio Marín, sostuvo que el conflicto puede acelerar de manera fuerte la expansión del proyecto de GNL en la Argentina. La definición no se limitó a una lectura coyuntural sobre precios o geopolítica, sino que apuntó al lugar que el país podría ocupar en un mercado que volvió a priorizar el abastecimiento seguro.
El planteo de Marín apareció en un momento de fuerte tensión sobre los precios internacionales del crudo y sobre las cadenas globales de suministro. Con el Brent en torno de los US$100 y una suba acumulada cercana al 16% en lo que va del año, la guerra volvió a meter presión sobre todas las decisiones vinculadas a energía. Sin embargo, el titular de YPF puso el foco menos en el shock inmediato y más en la forma en que ese nuevo escenario puede reordenar las inversiones y acelerar definiciones sobre proyectos de largo plazo.


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En esa línea, dejó una frase que resume la lectura estratégica de la compañía. “Lo que pasó con el impacto de la guerra, que es algo no deseable, con lo que mucha gente sufre, es que acelera el LNG de Argentina de una forma que ustedes no se imaginan”, afirmó. Y fue todavía más allá al remarcar que “lo que va a hacer la guerra es acelerar fuertemente la expansión del proyecto”, en referencia al esquema que YPF imagina sobre una base de 12 millones de toneladas más una expansión adicional de 6 millones.
Ese movimiento no implica, al menos por ahora, una redefinición societaria del consorcio que lleva adelante la iniciativa. Marín descartó que exista una decisión tomada para sumar un cuarto jugador y aclaró que el proyecto puede avanzar con los tres socios actuales: YPF, Eni y XRG, la subsidiaria de Adnoc. Sí reconoció que hubo conversaciones con una empresa adicional, pero insistió en que no existe una comunicación oficial ni una búsqueda abierta para ampliar el núcleo fundador del emprendimiento.
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La explicación que ofreció en Houston se apoya en un cambio más amplio de lógica en el negocio energético mundial. Según describió, las guerras de los últimos años empujaron a los compradores a diversificar fuentes, a reducir la dependencia de zonas inestables y a construir portafolios de suministro más seguros. “La Argentina está en un lugar cerca de dos océanos, siempre lejos de los conflictos complejos internacionales, lo que la pone en una posición de proveedor seguro”, señaló, antes de agregar que esa ventaja geográfica y geopolítica puede empujar no solo el desarrollo del proyecto base, sino también su expansión.
Dentro de ese escenario, YPF mantiene la mira puesta en el cierre financiero del plan. Marín dijo que la intención de todos los socios es terminar esa instancia antes de fin de año, aunque evitó fijar una fecha definitiva y habló de una ventana que podría ubicarse entre octubre y diciembre. También precisó que el objetivo inmediato es llegar a fines de abril con avances en el project finance y en la licitación de las obras, mientras que para octubre deberían estar licitados todos los contratos, aunque admitió que los plazos podrían correrse unas semanas por la complejidad documental.
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La magnitud económica del proyecto ayuda a entender por qué YPF lo presenta como una apuesta transformadora. Marín habló de dos tramos de financiamiento: uno de US$20.000 millones para la parte de infraestructura y barcos, y otro de US$10.000 millones ligado al desarrollo aguas arriba. En ese punto remarcó que se trata del financiamiento estructurado más grande de la historia de América Latina, según le transmitieron bancos y JP Morgan, y describió la iniciativa como el proyecto más complejo de su carrera y de muchos cuadros técnicos de la empresa.
La guerra también dejó otra discusión abierta, mucho más sensible para la vida cotidiana argentina: el precio de los combustibles. Sobre ese punto, Marín eligió moverse con mucha cautela y evitó anticipar anuncios inmediatos. “Nosotros lo vamos monitoreando, cuando pensemos que es más permanente veremos cómo continuaremos”, dijo, y enseguida aclaró que la empresa está “mirando mucho al consumidor y tratando de no provocar un efecto grande”, una postura que busca evitar traslados bruscos al surtidor mientras el conflicto siga mostrando alta volatilidad.
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Esa prudencia quedó todavía más clara cuando explicó por qué YPF evita reaccionar de manera automática ante un salto internacional del barril. Marín sostuvo que, frente a un shock bélico, una suba instantánea y fuerte en naftas y gasoil puede resultar tan dañina como injustificable si el mercado vuelve a corregirse poco después. “En lo transitorio yo no especulo. Lo permanente es otra cosa”, señaló, dejando en claro que la petrolera prefiere esperar señales más firmes antes de tomar una decisión que golpee directamente el bolsillo de los consumidores.
La lectura final que deja su paso por Houston combina dos planos que hoy corren en paralelo. Por un lado, YPF se enfrenta a un contexto internacional más inestable, con precios tensionados, riesgo de abastecimiento y decisiones empresarias atravesadas por la guerra. Por otro, la compañía cree que ese mismo escenario puede convertir al proyecto de GNL argentino en una opción más atractiva y más urgente para un mundo que volvió a valorar, por encima de muchas otras variables, la seguridad energética y la previsibilidad del suministro.
Fuente: LA NACION.















