Con el frío reaparece un riesgo letal dentro de casa: el monóxido de carbono

Chubut03/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Salud recordó que el gas no tiene olor ni color, puede confundirse con una gripe y exige ventilar, revisar artefactos y llamar al 107. 

Monóxido de carbono
Monóxido de carbono

Una casa cerrada, una llama que deja de ser azul y un dolor de cabeza que parece menor pueden terminar en una urgencia seria. Ese es el riesgo que la Secretaría de Salud del Chubut volvió a poner sobre la mesa ante la llegada del otoño y la cercanía de los días fríos, cuando empiezan a cerrarse más los ambientes y a usarse con mayor frecuencia los artefactos de calefacción. La advertencia apunta a un enemigo doméstico difícil de detectar porque se trata de un gas silencioso y de alta toxicidad.

El eje del mensaje oficial no estuvo puesto solo en una recomendación general, sino en una escena cotidiana que puede repetirse en cualquier vivienda. La cartera sanitaria recordó que para evitar intoxicaciones hay que mantener una correcta ventilación, controlar que la llama del gas sea siempre azul, no colocar el calefón en el baño y no usar ni las hornallas ni el horno para calefaccionar. También insistió en no tapar ni obstruir las rejillas de ventilación, porque ese detalle aparentemente menor puede cambiar por completo la seguridad de un ambiente cerrado.


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La gravedad del problema está en que muchas veces el cuadro arranca con señales que se parecen a otras molestias más comunes. Desde Salud detallaron que una intoxicación por monóxido de carbono puede confundirse con una gripe o con una indigestión, ya que aparecen agitación al respirar, dolor de cabeza, náuseas, palpitaciones, somnolencia y vómitos. Esa similitud vuelve más delicado el primer momento, porque una persona puede subestimar los síntomas justo cuando necesita salir del ambiente y pedir ayuda.

El cuadro puede endurecerse todavía más y dejar de parecer un malestar pasajero. La información oficial agrega que en estos episodios también puede presentarse pérdida del conocimiento y dolor en el pecho, dos signos que obligan a actuar sin demora. Frente a esa situación, la indicación es concreta: respirar aire fresco y llamar de inmediato al 107, la línea gratuita de emergencias del sistema sanitario público.


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Hay otro punto que vuelve especialmente traicionero al monóxido de carbono y explica por qué el mensaje preventivo se repite cada vez que baja la temperatura. El Gobierno provincial lo describió como un “gas que no tiene olor, color, ni sabor”, una característica que le permite acumularse sin ofrecer señales evidentes para quien está dentro de la vivienda. Esa invisibilidad es, justamente, lo que convierte a la prevención en la barrera principal.

La explicación sanitaria sobre su efecto dentro del cuerpo también ayuda a medir el peligro con más claridad. El monóxido ingresa por los pulmones, se aloja en la sangre y ocupa el lugar del oxígeno, por lo que compromete de manera directa funciones vitales en personas y también en animales. No se trata, entonces, de un problema ligado solo al confort del hogar o al mal funcionamiento de un artefacto, sino de una intoxicación que puede volverse grave en muy poco tiempo.


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Por eso la prevención oficial no se agota en abrir una ventana cuando aparece un dolor de cabeza. La Secretaría de Salud remarcó que los artefactos deben revisarse periódicamente con gasistas matriculados y que, en ambientes cerrados, conviene utilizar estufas de tiro balanceado y con sellos de aprobación. La advertencia apunta a cortar el problema antes de que empiece y no recién cuando la vivienda ya se convirtió en un espacio riesgoso.

El momento del año vuelve todavía más sensible esa cadena de cuidados. Con el otoño aparecen las primeras bajas de temperatura, se cierran más puertas y ventanas y muchas familias vuelven a recurrir a prácticas peligrosas para templar la casa rápido, como encender hornallas u hornos. Justamente sobre ese hábito fue una de las prohibiciones más claras del recordatorio provincial, que volvió a marcar que esos recursos no deben usarse para calefaccionar.


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La advertencia sanitaria deja así una secuencia concreta para mirar puertas adentro del hogar antes de que llegue el frío más duro. Revisar artefactos, ventilar, controlar el color de la llama, evitar calefones en baños y no tapar rejillas son medidas simples, pero decisivas cuando el riesgo no se ve ni se huele. En ese punto aparece el límite más importante del problema: cuando el monóxido ya dio síntomas, la prevención llegó tarde y la prioridad pasa a ser salir al aire fresco y pedir asistencia urgente.

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