Chubut subió 20 mil coihues en helicóptero para replantar bosque quemado

Chubut03/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Los mismos medios aéreos que hace poco se usaron contra el fuego volvieron a despegar en la cordillera, pero esta vez para llevar vida nueva a una zona arrasada.

Chubut llevó coihues en helicóptero a un bosque quemado
Chubut llevó coihues en helicóptero a un bosque quemado

Los helicópteros que hace poco volaron sobre la comarca para pelear contra los incendios regresaron ahora con otra carga: más de 20.000 plantines de coihue. El operativo se hizo hacia el Parque y Reserva Provincial Río Turbio, con destino en el puesto institucional de Arroyo Jara, y convirtió una herramienta de emergencia en una pieza central de la restauración. El dato no es solo logístico, porque marca un cambio de etapa en una zona donde primero hubo que contener el daño y ahora empezó la tarea más lenta de recomponer el bosque.

La escena tuvo además un peso operativo poco habitual para Chubut. Dos helicópteros que prestan servicio para la Agencia Federal de Emergencias y que venían de intervenir en el combate de incendios fueron utilizados para una maniobra de transporte masivo de plantines, algo presentado como un hecho inédito en la región. Esa combinación entre medios aéreos, personal técnico y coordinación institucional le dio a la jornada una escala que excede la plantación puntual y la ubica como una señal concreta de cómo empieza una restauración grande cuando el terreno ya quedó marcado por el fuego.


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El foco de esta intervención está puesto en áreas degradadas por incendios forestales dentro del bosque andino patagónico. La Secretaría de Bosques encuadró la acción dentro de un proyecto de restauración que no nació ahora, sino que viene consolidándose desde hace más de una década y que ya tenía antecedentes técnicos en documentos estratégicos para recomponer superficies dañadas por grandes fuegos. Por eso, más que un episodio aislado, el traslado aéreo aparece como una consecuencia visible de un trabajo previo de planificación, recolección de semillas y producción de material vegetal adaptado al territorio.

En esa cadena, el lugar del Vivero Forestal Lemu resulta decisivo. El establecimiento fue puesto en funcionamiento en El Maitén como el primer vivero provincial orientado específicamente a la producción de especies nativas, y desde su apertura quedó planteado como una herramienta para abastecer campañas de reforestación en áreas castigadas por el fuego. Los plantines usados en esta etapa salieron de allí, lo que convierte al vivero en algo más que una obra inaugurada: lo pone en función concreta dentro de una política de restauración.


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También hay un criterio técnico que explica por qué estos coihues no fueron producidos de cualquier manera ni con cualquier origen. Según la información difundida, las plantas se generaron a partir de semillas recolectadas en la misma zona donde ahora serán implantadas, con el objetivo de mejorar la adaptación ecológica del material al sitio definitivo. Ese detalle puede parecer menor frente al impacto visual del operativo aéreo, pero es el que ayuda a que la restauración no se limite a cubrir superficie, sino a reconstruir un bosque con mayores posibilidades reales de prendimiento y continuidad.

La capacidad instalada de Lemu también ayuda a entender que el operativo no agota la escala del proyecto. Al momento de su inauguración, la Secretaría de Bosques informó una capacidad aproximada de 70.000 plantines de especies nativas para abastecer de manera sostenida planes de reforestación y fortalecer además la red de viveros públicos y privados de la cordillera. Eso significa que el envío de 20.000 coihues a Arroyo Jara representa una primera expresión fuerte de un esquema más amplio, pensado para sostener campañas sucesivas y no una única salida.


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El operativo, además, dejó a la vista una forma de trabajo que combina distintas escalas del Estado. Participaron la Agencia Federal de Emergencias, el Servicio Nacional de Manejo del Fuego y la Secretaría de Bosques de Chubut, en una articulación que aprovecha recursos ya desplegados en la región y los redirige hacia la recomposición ambiental. Ese punto importa porque la restauración de territorios quemados suele quedar opacada por el momento dramático del incendio, cuando en realidad exige también coordinación, inversión y capacidad técnica una vez que las llamas se apagan.

Otro aspecto que ordena la lectura de esta tarea es el lugar específico de Arroyo Jara dentro de la campaña. Coberturas locales ya habían anticipado que ese paraje sería uno de los puntos de trabajo de una primera etapa de restauración, con participación de personal especializado y apoyo comunitario. La llegada aérea de miles de plantines convierte ese anticipo en una fase operativa concreta y deja ver que la recomposición del bosque no empieza cuando se planta el primer ejemplar, sino bastante antes, con traslado, acopio y definición de zonas de implantación en sitios de difícil acceso.


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La intervención también desplaza el foco desde la emergencia hacia la persistencia. Combatir un incendio demanda velocidad; reconstruir un bosque exige años, seguimiento y decisiones sostenidas sobre qué especies plantar, dónde hacerlo y con qué logística llegar hasta los sectores más castigados. En ese sentido, el movimiento de los helicópteros cargados de coihues deja una imagen distinta de la política forestal: ya no la del fuego avanzando, sino la de un Estado que intenta reponer estructura y funcionalidad en un ambiente donde la destrucción fue masiva.

Lo que se abrió con este operativo no es un cierre, sino una etapa que recién empieza a medirse en terreno. Los plantines ya llegaron, el vivero provincial empezó a cumplir la función para la que fue creado y el esquema interinstitucional mostró que puede mover recursos a gran escala en la montaña. El límite ahora no está en el traslado, sino en lo que venga después: que esos coihues arraiguen, crezcan y logren devolverle densidad a un bosque que el fuego dejó roto.

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