
Las intoxicaciones por monóxido subieron a 130 y Buenos Aires empuja el aumento nacional
Actualidad08/04/2026
REDACCIÓNEl nuevo Boletín Epidemiológico marcó un repunte temprano de casos de monóxido de carbono. El salto se concentra en PBA y CABA justo antes del tramo más frío.

Hasta la semana epidemiológica 10 de 2026 se notificaron 130 intoxicaciones por monóxido de carbono en la Argentina, una cifra que mostró un incremento respecto del mismo período de años anteriores y que volvió a poner bajo tensión un riesgo sanitario que suele crecer cuando bajan las temperaturas. El dato apareció en la última actualización del Boletín Epidemiológico Nacional, que incorporó un informe específico sobre este tipo de intoxicaciones. El recorte no describe todavía un pico invernal, pero sí un movimiento ascendente antes de que empiece la etapa más crítica del año.
La suba no se distribuye de manera pareja entre las jurisdicciones y tiene un motor muy claro. La provincia de Buenos Aires acumula 59 casos en lo que va de 2026, cuando entre 2022 y 2025 su promedio para el mismo tramo del año era de 14. La Ciudad de Buenos Aires también quedó por encima de su patrón reciente, con 21 casos frente a un promedio previo de 3, de modo que el crecimiento nacional encuentra su explicación principal en el área metropolitana.


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El mapa actual también mostró un contraste fuerte con una región que venía cargando buena parte del problema en temporadas anteriores. En la región Sur, que había concentrado la mayor cantidad de notificaciones en años previos, se confirmaron apenas 13 casos en lo que va de 2026. Esa cifra equivale a cuatro veces menos que en 2025 para el mismo recorte temporal, lo que alteró la geografía habitual del evento y desplazó el peso hacia Buenos Aires.
A escala país, la serie oficial describe una trayectoria que no puede leerse como un episodio aislado de este año. El BEN indicó que la tasa nacional viene en aumento desde 2022, cuando se registraban 2,77 casos cada 100.000 habitantes, y que en 2025 ese valor trepó a 4,2. Sobre esa tendencia de fondo se monta, además, una regularidad estacional bien conocida por Salud: las intoxicaciones por monóxido mantienen notificación todo el año, pero suben de manera sostenida entre abril y septiembre.
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Ese comportamiento estacional quedó expuesto con particular crudeza durante el invierno pasado. En la semana epidemiológica 27 de 2025, comprendida entre el 29 de junio y el 5 de julio, se notificaron 487 casos confirmados, el valor más alto de la serie reciente. La comparación con 2024 reforzó el tamaño del salto, porque ese pico resultó 1,8 veces superior al máximo de la semana 28 de 2024, cuando se habían reportado 266 eventos.
La concentración territorial de ese pico también mostró hasta qué punto el fenómeno puede acelerarse cuando se combinan frío extremo y fallas domésticas de calefacción o cocción. El 70 % de los casos de aquella semana de 2025 quedó reunido en apenas cinco jurisdicciones: Buenos Aires con 140, Tucumán con 51, Neuquén con 50, Salta con 49 y Mendoza con 45. Esa distribución dejó en claro que la amenaza no se restringe a un solo clima ni a una sola región, sino que aparece con fuerza allí donde coinciden temperaturas severas y exposición en los hogares.
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El informe oficial vinculó de manera directa ese brote del invierno pasado con un descenso térmico abrupto. Durante esa semana se registraron las temperaturas mínimas más bajas de toda la serie analizada en varias de las provincias más afectadas: Neuquén llegó a -11 °C, Mendoza a -6,7 °C, Salta a -5,3 °C y La Plata a -5,2 °C, con desvíos marcados respecto de los promedios habituales. La lectura sanitaria es lineal: cuando el frío aprieta de manera excepcional, sube el uso intensivo de artefactos para calefaccionar y con eso también aumenta el riesgo de intoxicación.
El propio boletín volvió a insistir en que la mayoría de las intoxicaciones por monóxido en el país se vincula con uso inadecuado, falta de mantenimiento o desperfectos en artefactos de calefacción o cocción. Allí entran equipos que funcionan con gas natural, kerosene, carbón, madera o combustibles líquidos, es decir, dispositivos presentes de manera cotidiana en miles de viviendas. El problema del monóxido, además, conserva una gravedad particular porque se trata de un gas inodoro, incoloro, insípido y no irritante, lo que facilita exposiciones inadvertidas con alto riesgo sanitario.
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El arranque de 2026, entonces, dejó una señal de advertencia antes del invierno pleno y no después. Los 130 casos notificados hasta la semana 10 todavía están lejos de los picos extremos del año pasado, pero llegan en el momento exacto en que empieza la ventana estacional de mayor riesgo. Lo que queda planteado para las próximas semanas no es una alarma abstracta, sino un límite operativo muy concreto: si el frío vuelve a intensificarse y no mejora la prevención en los hogares, la curva puede entrar otra vez en la zona donde el sistema de vigilancia ya vio sus máximos recientes.
Fuente: NA.
















