
La pobreza en algunas provincias interrumpe cinco trimestres de reducción sostenida
Política28/06/2026
REDACCIÓNEl ciclo de mejora que venía acumulando la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde comienzos de 2025 se quebró en los primeros tres meses de 2026.

Cinco trimestres consecutivos de reducción interanual de la pobreza quedaron atrás: los datos del Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA) muestran que el retroceso se instaló con fuerza tanto en hogares como en personas. El dato no es menor si se considera que la tendencia descendente parecía consolidada.
Al cierre del período enero-marzo, la pobreza por ingresos alcanzó a 236.000 hogares, lo que equivale al 17,2% del total de hogares de la ciudad. En términos de personas, el número llega a 651.000, representando el 21,1% de la población porteña. Esas cifras marcan el punto de inflexión que los especialistas y el propio organismo registraron con preocupación. El avance fue generalizado y no se limitó a un segmento particular.


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"En relación al trimestre anterior, aumenta el número de hogares y personas en situación de pobreza, especialmente por la expansión de la pobreza no indigente", señaló la Encuesta Trimestral de Ocupación e Ingresos (ETOI) del IDECBA al presentar sus resultados. Eso significa que el grueso del crecimiento provino de hogares que cayeron por debajo de la línea de pobreza sin llegar todavía a la indigencia. Sin embargo, la indigencia también registró un salto que preocupa por su magnitud.
La indigencia trepó hasta los 93.000 hogares (6,8%) y 274.000 personas (8,9%), con un salto de 2,7 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior. Se trata de uno de los movimientos más bruscos dentro del período analizado. La velocidad de ese desplazamiento indica que un segmento significativo de la población no solo perdió capacidad de compra, sino que quedó por debajo del umbral de la alimentación básica.
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Dentro del universo de personas ya clasificadas en situación de pobreza, la proporción de indigentes creció de manera considerable: pasó del 27% al 39,6% de los hogares con carencias de ingresos. Esa recomposición interna expresa que la pobreza porteña se volvió más profunda, no apenas más extensa. Dicho de otra manera: entre quienes ya eran pobres, una parte creciente ahora tampoco puede cubrir su canasta alimentaria.
En simultáneo, la llamada clase media —la categoría de mayor magnitud en la estructura social de la ciudad— siguió perdiendo terreno. Su peso cayó 1,7 puntos porcentuales en hogares, con 698.000 unidades familiares contabilizadas en ese estrato, y 1,4 puntos en personas, con 1.458.000 porteños incluidos en esa franja. La contracción no es nueva, pero en este trimestre se combina con el crecimiento del sector vulnerable, que sumó 133.000 hogares (9,7% del total) y 320.000 personas, lo que sugiere un flujo de descenso desde los estratos medios hacia posiciones más precarias.
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El sector que los técnicos denominan clase media frágil concentró el 8,5% de los hogares y el 9,7% de las personas. Ese segmento opera como zona de transición entre la clase media consolidada y la pobreza, y su tamaño importa porque es allí donde se incuba buena parte de los movimientos futuros del índice. Cuando ese colchón se estrecha, la probabilidad de que nuevos hogares caigan bajo la línea de pobreza aumenta estructuralmente.
En el extremo opuesto de la pirámide socioeconómica, los sectores acomodados alcanzaron a 189.000 hogares (13,8%) y 358.000 personas (11,6%). Esos números no mostraron variaciones significativas en la comparación interanual. La polarización que insinúan los datos —un estrato alto relativamente estable frente a una base que se amplía y profundiza— es uno de los rasgos más nítidos que deja este primer trimestre.
Lo que muestran los números del IDECBA en su conjunto es que los efectos del deterioro del poder adquisitivo se distribuyeron de manera desigual dentro de la ciudad más rica del país. El quiebre de la tendencia positiva no fue gradual: en un solo trimestre la indigencia saltó casi tres puntos, decenas de miles de hogares cruzaron la línea de la pobreza y la clase media volvió a achicarse. Detrás de cada porcentaje hay familias concretas: las 651.000 personas en pobreza y las 274.000 en indigencia componen la dimensión humana de un retroceso que los datos estadísticos apenas alcanzan a medir.















