
Comodoro tuvo tres allanamientos por cocaína, armas y un movimiento barrial bajo sospecha
Policiales31/03/2026
REDACCIÓNLa pesquisa apuntó a domicilios de Laprida y Máximo Abásolo donde la venta se repetía de tarde y noche; cuatro hombres quedaron imputados.

La investigación duró dos meses, pero el dato más inquietante no estuvo sólo en el despliegue final de la Policía del Chubut, sino en la rutina previa que lograron reconstruir los agentes. Según el parte oficial, en distintos domicilios de Comodoro Rivadavia se había instalado una dinámica constante de ingreso y salida de personas que llegaban, compraban cocaína y se retiraban rápido. Esa secuencia, repetida sobre todo durante la tarde y la noche, fue uno de los indicios que terminó empujando los allanamientos.
Los procedimientos se hicieron en los barrios Laprida y Máximo Abásolo, con intervención de la División Drogas y Leyes Especiales con asiento en la ciudad. La causa quedó bajo la órbita de la Unidad Fiscal dependiente del Ministerio Público Fiscal de la Nación, que ordenó tres allanamientos, registros domiciliarios y requisas vehiculares en horario nocturno. La escena final fue el cierre de una pesquisa que, según la versión oficial, permitió “desarticular puntos de comercialización de estupefacientes”.


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La reconstrucción policial sostuvo que en esos lugares se comprobó la “venta de cocaína bajo la modalidad de narcomenudeo”, una práctica que el comunicado vinculó de manera directa con la seguridad cotidiana de los vecinos. No se trató, en esa lógica, de una circulación esporádica de droga, sino de puntos de expendio sostenidos con una mecánica breve y repetitiva. El movimiento observado por los investigadores fue, justamente, el que les permitió sostener que había comercialización minorista y no sólo tenencia.

El operativo dejó además un secuestro que endurece la lectura del caso. En los domicilios allanados se encontraron dosis de cocaína listas para su distribución, algunas de ellas ya fraccionadas y “selladas al vacío”, junto con elementos asociados al fraccionamiento y la venta. Esa combinación, según el parte, mostró que la actividad no se agotaba en el consumo, sino que estaba organizada para la salida de la sustancia.
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Entre los objetos incautados aparecieron cinco balanzas digitales y una máquina de envasado al vacío, dos piezas que empujan la causa hacia un esquema de preparación y comercialización más aceitado. La policía también detalló que el material secuestrado incluía herramientas habituales en este tipo de investigaciones, es decir, instrumentos destinados a pesar, dividir y acondicionar la droga antes de su entrega. En un expediente de narcomenudeo, esos elementos suelen pesar tanto como la propia sustancia.
Pero el punto más áspero del procedimiento no quedó sólo en la cocaína. Durante los allanamientos también se secuestraron una escopeta doble caño calibre 16, un revólver calibre 22 con municiones en su tambor y más de 70 proyectiles de diversos calibres. El propio comunicado oficial subrayó que esa presencia de armas y municiones muestra la “peligrosidad de este tipo de delitos y su vinculación con situaciones de violencia”.
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La causa cerró esta etapa inicial con cuatro hombres imputados, aunque ninguno quedó detenido. La Justicia dispuso que continúen en libertad bajo las medidas correspondientes, de modo que el avance judicial quedó, por ahora, en el terreno de la imputación formal y el seguimiento procesal. Esa decisión deja abierta una segunda fase, menos visible que el allanamiento, pero igual de determinante: la que definirá responsabilidades y alcance penal.

Para ejecutar las diligencias, la Policía del Chubut sumó al Grupo Especial de Operaciones Policiales (GEOP), la Guardia de Infantería y personal de comisarías dependientes de la Unidad Regional. Esa participación conjunta no fue un detalle accesorio, sino una señal del nivel de resguardo que se decidió montar alrededor de los procedimientos. Cuando en una causa por narcomenudeo aparecen armas de fuego, la logística del operativo también cambia de escala.
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Lo que dejó el caso en Comodoro Rivadavia no fue sólo una foto de droga secuestrada y armamento incautado. Dejó, sobre todo, la confirmación de que en determinados sectores de la ciudad la venta se había vuelto un movimiento barrial reconocible, sostenido y lo bastante aceitado como para exigir dos meses de pesquisa antes del golpe policial. El resultado de esta etapa ya está sobre la mesa; lo que sigue ahora es determinar si detrás de esos puntos había apenas venta al menudeo o una trama más amplia todavía no expuesta del todo.





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