La industria arrancó el año con fábricas semivacías y el peor uso de su capacidad instalada desde 2002

Actualidad18/04/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

El uso de capacidad cayó a 54,1% en el primer bimestre y expuso un cuadro fabril donde la demanda floja sigue mandando, pero crece otra presión.

Capacidad instalada. Foto Freepik
Capacidad instalada. Foto Freepik

Poco más de la mitad de la capacidad industrial estuvo en funcionamiento durante el arranque de 2026 y ese dato dejó una imagen muy concreta de la economía real: líneas de producción a media máquina, plantas con margen ocioso y un sector que no logra despegar aun cuando algunas ramas muestran rebotes puntuales. El 54,6% de uso registrado en febrero y el promedio de 54,1% para el primer bimestre marcaron el nivel más bajo para ese tramo del año desde 2002, cuando el país todavía atravesaba la salida del colapso de la convertibilidad.

La importancia del dato no está sólo en la comparación interanual, aunque también golpea por ahí. En febrero del año pasado la industria había utilizado 58,6% de su capacidad y el primer bimestre de 2025 había promediado 56,8%, de modo que el retroceso actual no puede leerse como una oscilación menor ni como un simple acomodo estacional. El nuevo piso aparece, además, después de varios meses donde la actividad fabril mostró movimientos desparejos, sin lograr todavía una recuperación pareja y sostenida.


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El rasgo más duro del informe está en lo que muestra adentro de las plantas. La metalmecánica, excluidos automotores, funcionó en febrero al 33,9% de su potencial, contra 44% un año antes, y fue el bloque con mayor incidencia negativa sobre el resultado general. El golpe se explica sobre todo por la menor producción de maquinaria agropecuaria y de aparatos de uso doméstico, dos segmentos muy sensibles al enfriamiento de la demanda y a la competencia externa.

La industria automotriz también quedó entre las más castigadas. Su utilización cayó a 38,9% en febrero, muy por debajo del 54,6% del mismo mes de 2025, mientras que las industrias metálicas básicas bajaron a 59,7% desde 67,3%, en un contexto donde la producción de acero crudo mostró una merma interanual de 14%. Ese cuadro ayuda a entender que la debilidad no se concentra en una sola rama, sino que recorre buena parte del entramado industrial pesado.


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Del otro lado, los sectores que quedaron por encima del promedio general no alcanzaron para torcer el diagnóstico. Refinación del petróleo trabajó al 88,9%, papel y cartón al 65,9%, químicos al 64,4%, metálicas básicas al 59,7% y alimentos y bebidas al 58,6%. Esos números muestran que todavía existen núcleos con mejor desempeño relativo, pero también remarcan algo más incómodo: aun los bloques que sostienen el promedio conviven con una industria general muy lejos de su potencial.

La explicación principal sigue viniendo del mercado interno. La última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC indicó que el 51,9% de los empresarios manufactureros considera a la demanda interna insuficiente como el principal límite para aumentar la producción, un porcentaje que deja bien en claro dónde está hoy el cuello de botella central. Sin consumo firme, la fábrica encuentra muy rápido su techo, aun cuando disponga de equipos, personal y capacidad ociosa para producir más.


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Pero el informe también deja ver un segundo problema que viene creciendo y que ya no aparece como ruido de fondo. La competencia de productos importados fue señalada por el 11,8% de los industriales como el factor más importante que limita la producción, y el propio INDEC muestra que esa preocupación aumentó frente al trimestre anterior. El dato no desplaza a la demanda del centro del escenario, pero sí marca que la apertura comercial ya empezó a instalar una presión adicional sobre ramas fabriles que llegan debilitadas a esta nueva etapa.

Leído en conjunto, el cuadro abre una tensión bastante más profunda que la de un mal mes. La industria argentina no sólo trabaja con demasiada capacidad ociosa, sino que además enfrenta un doble desgaste: vende menos puertas adentro y siente cada vez más competencia sobre segmentos que hasta hace poco retenía con producción local. Esa combinación vuelve más difícil cualquier recuperación sólida, porque obliga a sostener estructuras productivas costosas con menos volumen y con un mercado más disputado.


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La foto del primer bimestre deja así una advertencia clara para los próximos meses. Mientras la demanda siga apagada y los importados ganen lugar en la preocupación empresaria, la capacidad instalada puede seguir funcionando como un termómetro brutal de la debilidad fabril. La industria todavía tiene máquinas, plantas y margen para producir mucho más; lo que hoy no tiene, al menos en escala suficiente, es un mercado que justifique encenderlas.

Fuente: Ámbito, INDEC.

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