

Polémica por la compra de campos de empresario qatarí en la Patagonia
Actualidad31/03/2025

El nombre de Abdulhadi Mana Al-Hajri volvió a sonar con fuerza en Río Negro. El empresario, cuñado del emir de Qatar, compró un terreno gigantesco en la meseta Baguales. Ahí levantará hidroeléctricas y una residencia privada en plena cordillera.
La compra se realizó en 2017, pero el proyecto estalló recién ahora. La transacción se hizo a través de Baguales Acquisitions S.A., una firma que Al-Hajri comparte con Gastón Gaudio. El terreno fue adquirido al grupo belga Burco.
La propiedad se ubica a 50 kilómetros de Bariloche. Son 10.000 hectáreas de alto valor ambiental. El proyecto incluye tres represas pequeñas sobre el arroyo Baguales y una mansión de lujo con vista a los Andes.
Las hidroeléctricas se llaman ChiBa I, II y III. Su potencia total es de 920 kilovatios. La energía generada abastecerá al complejo turístico Baguales Mountain Reserve. También cubrirá las necesidades de la residencia exclusiva.
El gobierno de Río Negro otorgó una concesión por 30 años. La autorización se firmó en 2019. Habilita el uso de agua pública durante tres meses al año. Pero no exige estudios de impacto ambiental completos.
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El complejo se ubica a más de 1.700 metros sobre el nivel del mar. Ofrece esquí, lodges exclusivos y tarifas de hasta 1.500 dólares la noche. Se promociona como un refugio de élite. De acceso muy restringido.
La residencia será usada por el propio Al-Hajri. O por el emir de Qatar, según rumores. La obra combina materiales importados y arquitectura de alta gama. No hay planos públicos. Tampoco existe consulta comunitaria previa.
La organización Consenso Patagonia alertó sobre posibles daños ambientales. Denuncian impactos sobre la cuenca del río Villegas. Advierten sobre la afectación de bosques nativos. También temen por la biodiversidad local.
Magdalena Odarda, exsenadora y actual legisladora, presentó una denuncia. Lo hizo ante la Fiscalía de Investigaciones Administrativas. “Esto viola normas provinciales y pone en riesgo nuestra soberanía hídrica”, declaró públicamente.
El proyecto no fue sometido a consulta popular. Tampoco se hizo un informe ambiental independiente. Las comunidades locales no recibieron información oficial. Las decisiones se tomaron de forma cerrada. Con hermetismo total.
Las críticas apuntan al uso intensivo del agua. Aunque se limita a tres meses, el arroyo Baguales tiene caudales variables. La presión sobre el recurso podría alterar ecosistemas. Y afectar a pobladores aguas abajo.
El gobierno anterior, bajo Weretilneck, respaldó la inversión. Acordó cobrar un 16% de regalías sobre la energía generada. No se difundieron detalles sobre el impacto económico real. Tampoco se sabe qué parte queda en la región.
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La figura de Al-Hajri genera controversias a nivel global. En 2020, compró el Ritz de Londres por 800 millones de libras. En 2015, adquirió una mansión en Estambul por 100 millones de euros. Siempre con operaciones complejas.
También posee caballos de carrera y propiedades en varios países. Se lo vincula con el ex primer ministro de Pakistán, Imran Khan. Además, fue acusado por nueve refugiados sirios en Londres. Negó todo. Afirmó que fue una maniobra política.
La Patagonia se volvió un destino codiciado por millonarios. Las tierras compradas se encuentran dentro de zonas sensibles. Los proyectos avanzan sin regulación efectiva. La compra directa supera a veces las decisiones locales.
Las comunidades temen perder acceso a sus territorios. También temen por los efectos en el clima, el agua y la fauna. Las autoridades no consultaron a productores ni pobladores. Las decisiones llegaron desde las oficinas porteñas.
El socio argentino de Al-Hajri es Gastón Gaudio. El extenista ya había impulsado negocios turísticos. Ahora aparece como rostro local del emprendimiento. No dio declaraciones. Tampoco respondió a medios.
La inversión sigue generando dudas. No se conoce el monto exacto. No se publicó contrato alguno. No hay informes sobre empleo local ni beneficios regionales. Todo ocurre en silencio y a puertas cerradas.
La oposición política pidió informes. Algunos legisladores exigen transparencia. Preguntan por las condiciones del uso del agua. También por el acceso a zonas restringidas. Hasta ahora no recibieron respuestas del Ejecutivo.
Las ONGs reclaman una evaluación integral. Quieren que se revise la concesión. Piden un freno inmediato. Advierten que la instalación de represas viola principios ecológicos. También alertan sobre la apropiación privada del paisaje.
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El complejo Baguales ya opera con exclusividad extrema. Filtra visitas. No permite el ingreso libre. Solo acceden invitados o huéspedes. “La Patagonia no puede quedar en manos de millonarios”, afirmó un ambientalista local.
Las represas se presentan como autosuficientes. Pero dependen de recursos públicos. El agua es un bien común. Su uso para fines privados choca con principios legales. El debate crece. La tensión también.
El acceso al agua ya se volvió tema estratégico. Más aún en zonas altas, con glaciares cercanos. La privatización de cuencas genera conflictos. Y amenaza con repetir experiencias negativas de otros países.
No hay antecedentes de inversiones tan grandes en esa zona. El hermetismo complica el control. Las denuncias siguen sin respuesta. El riesgo ambiental crece. Y el impacto en la comunidad se multiplica.
La provincia de Río Negro deberá dar explicaciones. La Legislatura podría convocar a funcionarios. También podría revisar permisos. El conflicto se nacionaliza. El interés público aumenta. Los medios ya lo reflejan.
Los vecinos exigen información concreta. Preguntan por caminos, agua, fauna y servicios. No tienen respuestas. Solo ven movimientos y seguridad privada. Se sienten ajenos a decisiones que afectan sus vidas.
El caso Al-Hajri abre un debate más amplio. ¿Qué límites deben tener las inversiones extranjeras? ¿Qué reglas rigen sobre bienes estratégicos? ¿Quién controla el agua, el bosque y la montaña?
El modelo extractivo avanza también con lujo. No necesita minería ni petróleo. Solo tierras, agua y permisos. La Patagonia mira con desconfianza. El silencio oficial profundiza el malestar. La disputa apenas empieza.
Las represas aún no se construyeron. Pero ya generan tensión. El poder, el dinero y el paisaje se cruzan en Baguales. Y detrás de cada piedra, late una pregunta: ¿para quién es la Patagonia?




