El fantasma de Jeffrey Epstein vuelve al Palacio británico y complica al rey Carlos

Actualidad14/02/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Un historiador británico sostiene que el caso del príncipe Andrés todavía tiene margen para escalar. Habla de encubrimientos, presión política y un eventual “exilio dorado”.

Rey Carlos III. Foto © Hugo Burnand/Royal Household 2023/HOLA
Rey Carlos III. Foto © Hugo Burnand/Royal Household 2023/HOLA

El caso Epstein volvió a instalarse en la agenda británica, esta vez por el impacto que todavía puede tener dentro de la propia familia real. El historiador Andrew Lownie, miembro de la Royal Historical Society, publicó una investigación sobre el príncipe Andrés Mountbatten-Windsor y sostiene que el escándalo no quedó encapsulado en la figura del duque: en su lectura, la crisis puede rozar al rey Carlos III y acelerar una salida anticipada del trono.

En una entrevista, Lownie planteó una hipótesis de máxima tensión institucional al señalar que “Yo creo que el rey Carlos podría verse obligado a abdicar por el escándalo de su hermano Andrés”. Su enfoque no se limita a las denuncias sexuales vinculadas al financista Jeffrey Epstein, sino que combina ese frente con sospechas de maniobras financieras, vínculos comerciales y una presunta red de protección que, afirma, se activó desde la cúpula de Buckingham.


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La investigación, reunida en el libro Entitled: The Rise and Fall of the House of York, describe a Andrés y Sarah Ferguson como una sociedad que trascendió el matrimonio y funcionó como engranaje de negocios y favores. Lownie incluso utiliza una definición provocadora para retratar esa dinámica, al calificarlos como “royal Bonnie and Clyde”, y sostiene que detrás del caso aparece una historia más amplia sobre el costo público de los privilegios y los circuitos de encubrimiento.

El historiador se presenta como “pro-monárquico”, pero asegura que la institución necesita un recambio de estrategia para no quedar atrapada en el desgaste permanente. En ese marco, deslizó que la Casa Real podría apelar a “los problemas de salud” del monarca como argumento para una transición más temprana hacia el príncipe Guillermo, a quien describió como “que es más astuto, y está más en sintonía con el mundo moderno”.


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El capítulo judicial es, para Lownie, el núcleo del riesgo: entiende que un proceso en Londres aparece en el horizonte aunque hoy no exista una causa abierta en el Reino Unido. Sobre esa posibilidad, afirmó que el procesamiento “que tarde o temprano se va a realizar” puede multiplicar el daño reputacional y empujar a Andrés a evitar el frente legal con una decisión drástica, orientada a limitar la exposición pública y política de la monarquía.

En esa línea, Lownie especuló con una salida territorial concreta para el duque, lejos de la jurisdicción británica. Sostuvo que el expríncipe podría elegir un destino con vínculos personales y sin tratado de extradición, y lo formuló así: “Podría ser Bahrein o Abu Dhabi, como hizo el rey emérito de España, Juan Carlos”. En su relato, esa alternativa funcionaría como “exilio dorado” para atravesar el avance de las causas desde un lugar seguro.


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La entrevista también recoge pasajes que buscan explicar el perfil personal de Andrés y su trayectoria previa al escándalo actual. Lownie menciona que, de adolescente, acumuló una fama que circulaba en su entorno y que alimentó un apodo: “Randy Andy”. También plantea que episodios tempranos de su vida ayudan, según su mirada, a comprender por qué su figura queda asociada a un personaje como Epstein, aunque ese vínculo siga en disputa judicial y mediática.

Otro foco del intercambio gira en torno a la entrevista televisiva de 2019 que marcó un quiebre en la defensa pública del duque. Lownie fue terminante al evaluarla y aseguró: “Andrés es un mentiroso compulsivo”. Con esa frase, cuestionó la credibilidad de los argumentos que el expríncipe usó entonces para negar su encuentro con Virginia Giuffre, en un tramo que, para el autor, dejó más preguntas que respuestas.


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El planteo final de Lownie es que el caso pone a prueba la relación entre tradición y rendición de cuentas. Sostiene que la monarquía puede conservar legitimidad si ajusta su estándar de transparencia, porque el impacto no se mide solo en tribunales, sino en confianza social. Y advierte que, si la institución no contiene el daño, el problema deja de ser el pasado de un miembro y pasa a ser el futuro de toda la Corona.

Fuente: LA NACION.

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