Houssay murió hace 55 años, pero su forma de entender la ciencia sigue vigente

Enfoques21/09/2026REDACCIÓNREDACCIÓN

Bernardo Houssay murió el 21 de septiembre de 1971, a los 84 años, después de una vida dedicada a investigar y formar científicos en Argentina. Su legado excedió el Nobel y dejó una marca en la ciencia nacional.

Bernardo Houssay
Bernardo Houssay

Bernardo Houssay murió hace 55 años, pero algunas de sus ideas todavía permiten mirar el lugar que ocupa la ciencia en el desarrollo de un país. El investigador argentino falleció el 21 de septiembre de 1971, a los 84 años, y hasta poco antes de su muerte mantuvo una rutina vinculada al laboratorio y la investigación. Su trayectoria quedó asociada al Premio Nobel, pero también a una decisión que sostuvo durante décadas: hacer ciencia en Argentina.


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El reconocimiento internacional llegó en 1947, cuando recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus investigaciones sobre el papel de la hipófisis en el metabolismo de los hidratos de carbono. Sus estudios permitieron profundizar el conocimiento sobre los mecanismos relacionados con la diabetes. Houssay compartió aquella distinción con Gerty y Carl Cori.

Su camino científico había comenzado mucho antes. Nacido en Buenos Aires el 10 de abril de 1887, terminó el bachillerato a los 14 años y se graduó en Farmacia y Bioquímica a los 17. Poco después ingresó a Medicina y obtuvo el título de médico a los 23 años. Mientras estudiaba ya participaba de la enseñanza universitaria y, a los 21 años, comenzó a desempeñarse como profesor de Fisiología.


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En 1919 creó el Instituto de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires, desde donde desarrolló buena parte de las investigaciones que años después lo llevarían al Nobel. Su trabajo se concentró en la fisiología, la endocrinología y los mecanismos que intervienen en distintas enfermedades. La diabetes ocupó un lugar importante en esa búsqueda científica.

Houssay investigó la relación entre la hipófisis y la regulación de los niveles de azúcar en sangre. Sus experimentos permitieron demostrar el papel del lóbulo anterior de esa glándula sobre el metabolismo de los hidratos de carbono y aportaron conocimientos fundamentales para comprender la enfermedad. Antes de esos trabajos, la investigación sobre diabetes estaba fuertemente concentrada en la insulina, cuyo aislamiento había ocurrido pocos años antes.


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La carrera de Houssay también atravesó momentos políticos que modificaron su actividad académica. En 1943 fue apartado de la dirección del Instituto de Fisiología de la UBA y al año siguiente creó el Instituto de Biología y Medicina Experimental, donde reunió investigadores y desarrolló trabajos sobre endocrinología, nutrición, farmacología, hipertensión, diabetes y otras áreas.

A pesar de las dificultades, rechazó distintas posibilidades para continuar su carrera fuera del país. Su postura quedó sintetizada en una frase que repetía al defender la investigación científica argentina: “La ciencia no tiene patria, pero el hombre de ciencia la tiene”. También sostuvo: “No pienso dejar mi país, porque aspiro a luchar para contribuir a que llegue alguna vez a ser una potencia científica de primera clase”.


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Su defensa de la investigación no se limitaba a los laboratorios. Houssay consideraba que el conocimiento científico debía formar parte del crecimiento de una sociedad y cuestionaba la idea de reducir la investigación a aquello que tuviera una utilidad inmediata. “La ciencia no es cara; cara es la ignorancia”, decía frente a quienes objetaban la inversión estatal en ciencia.

En 1958 participó en la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), institución que se convirtió en uno de los principales organismos científicos de Argentina. También presidió distintas entidades vinculadas con la medicina y la investigación y dedicó una parte importante de su carrera a formar nuevos especialistas.


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Entre sus discípulos estuvo Luis Federico Leloir, quien trabajó junto a Houssay en el Instituto de Fisiología. Houssay dirigió su tesis doctoral sobre las glándulas suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de carbono. En 1970, Leloir recibió el Premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre los nucleótidos de azúcar y su participación en la producción de hidratos de carbono.

Quienes trabajaron con Houssay durante sus últimos años también recuerdan su particular rutina de trabajo. Alejandro De Nicola, uno de sus colaboradores, contó que el científico llegaba al instituto en colectivo, pasaba largas horas entre libros y experimentos y recibía a los investigadores para analizar resultados y definir nuevos trabajos. Según su relato, después de una pausa para el café solía regresar a su despacho con una indicación sencilla: “a trabajar, Bernardo”.


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Houssay siguió trabajando hasta el final de su vida. Murió el 21 de septiembre de 1971, mientras todavía mantenía una actividad cotidiana ligada a la investigación. Su historia quedó asociada al Nobel y a sus aportes para comprender la diabetes, pero también a una concepción de la ciencia como una tarea sostenida en el tiempo, ligada a la formación de nuevas generaciones y al desarrollo del país.

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